(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
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domingo, 10 de mayo de 2009

Tesalónica, 1964

Es interesante ver cómo escribir (bah, esto) se me ha dado solamente cuando estoy emocionalmente... complicada. Quizás sea por eso que hace ya unos días que quería hacer un post, para contrarrestar. No es que esté complicada... o no complicada. Ultimamente paso por todos los estados en unas pocas horas, pero supongo que estoy en uno de esos momentos en los que intento ser fuerte o estar bien por aquellos que no lo están... creo que eso explica muchas cosas en cuanto a mí... como por qué me enojo tanto cuando alguien tiene un problema y no viene conmigo o cuando alguien no le pone pilas ni siquiera por el resto (léase "mí").

En fin, hace días que vengo rara... hace días raros, en realidad. Vengo pensando mucho en una película genial, "Bang Bang You're Dead", y la obra teatral del mismo nombre. Hay toda una parte en la que varios de los personajes (que están muertos) empiezan a enumerar la forma en que ha cambiado su realidad... "I'll never see all I wanted to see... I'll never be all I wanted to be... I'll never know all I wanted to know..." y pensándolo ahora no es de extrañar que la primera vez que leí 1964, de Borges ("Ya no seré feliz. Tal vez no importa") me haya pegado de la forma en que lo hizo.

Hace algún tiempo me tropecé con Tesalónica, y supongo que en el momento tampoco entendí por qué ese sentimiento de "aaaaah... eeeeeso!" que me agarra generalmente cuando leo a Borges o Sábato o Wilde, pero indudablemente tiene que ver con todo:
He sido en función de lastimarme. Es tan triste ver a mi sombra retirarse por las
escaleras y por los mapas. Y los lugares que nunca veré. Y los tiempos que no viviré. El
exotismo saturado de la misma ciudad la misma gente la misma lluvia aplastándote los
sentidos.
Extraño la multiplicidad de personalidades que me caracterizó siempre.
Cavándome a mi misma hasta los huesos y no encontrándolos. Acciones cotidianas: El
escrutinio hasta el inconsciente para la seguridad del sistema, negar la existencia de uno
mismo tres veces al día, sumando la paleontología actual.
Extraño los libros que nunca leeré y mi presencia cuando hago hipótesis sobre mi misma.
Extraño todo lo que no veré nunca. Sobre todo Tesalónica.
Extraño los puentes edificios catedrales puertas ventanas remeras triciclos peines gritos
perros ranas ornitorrincos bebidas,
Extraño las velas encriptadas y las arcadas góticas.
Extraño extrañar, también.

Soy en función de lastimarme. Extraño mi depresión cuando no está.
Que venga --- la espero con la luz apagada.

Correspondencia de Julio de 2008 llena de declaraciones sobre cómo ya nunca seremos quiénes alguna vez fuimos. ¿Lo fuimos? No hace mucho me pregunté si realmente yo había cambiado algo, y supongo que sola me respondí el viernes, en circunstancias en las que antes hubiera escrito cinco hojas sólo diciendo nada, todo.
Ya no extraño. O me extraño, pero ni siquiera. Me persiguen fantasmas propios y ajenos de suposiciones e hipótesis varias. Y creo que me perdí en el medio, desgarrándome entre las distintas variaciones del verbo estar.
Quizás hubieramos preferido que no. Pero nadie dice que lo que viene no pueda ser infinitamente mejor.