(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
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lunes, 18 de abril de 2016

Blazing

Mi tío es escritor. De todo lo que ha escrito he leído muy poco, pero uno de mis poemas favoritos es de él. Lo poco que puedo decir al respecto ya lo esbocé hace tiempo, pero hoy, al escuchar «Read My Mind», de The Killers, tuve la misma sensación que me cruza cada vez que leo esa primera estrofa (ese primer verso).

Elijo pensar que el amor nos conecta de manera permanente, independientemente de cómo. «Yo me acuerdo de todos», me dijo Lu en una de esas tantas (tan pocas) noches sin dormir que pasamos hablando de todo simplemente porque no podíamos evitarlo, y en ese momento no la entendí (y lo tomé como una afrenta personal, porque tampoco podía evitarlo), pero allí estaba la clave de todo. «Es muy loco pensar, saber, que vas a amar a alguien para siempre», me dijo M. en uno de sus raros momentos de apertura emocional, y supe que me ve y me entiende probablemente mejor que nadie en el mundo. No era una promesa de amor eterno entre las dos, sino la sentencia de una inevitabilidad que ambas intuimos, sin importar lo que pase con nuestra relación.

Elijo pensar que el amor muta, pero no desaparece. ¿Cómo podría esfumarse algo que en algún momento te hizo vibrar de punta a punta? Elijo creer que sigo conectada con la gente a la que amé, aún si nunca más nos volvemos a ver. Elijo no desterrar este sentimiento, esta certeza de que si algún día en veinte años nos cruzamos caminando por Mar del Plata, Buenos Aires, Nueva York, Beirut o Pekín, no me voy a sorprender ni un poco.



Cause I don't shine if you don't shine

sábado, 16 de enero de 2016

Conversations with Dead People

La única forma de sobrevivir a noches como esta sin perder el poco de cordura que queda (y sin hacer nada que atente directamente contra la propia supervivencia) es Netflix. Después de todo, Buffy the Vampire Slayer sigue siendo una inagotable fuente de respuestas a todas las preguntas del universo.

From beneath you, it devours.

Restless Heart Syndrome

Cuando lo pienso un poco, en noches oscuras y solitarias (básicamente todas mis noches), y soy lo suficientemente honesta conmigo como para admitir que la principal responsable de todo mi sufrimiento durante 2011 y 2012 fui yo misma, agradezco con lágrimas en los ojos que, de las dos, haya sido ella quien logró ser feliz. Que mi torpeza y mi egoísmo no le hayan impedido avanzar ni le hayan arruinado la vida; que, aunque se me haga un nudo en la garganta al decirlo, haya encontrado a alguien con quien desee compartir la vida y que pueda hacerlo libremente.

Yo todavía doy vueltas, todavía me faltan cinco para el peso, todavía espero una llamada telefónica desde un número desconocido, una caricia en un momento y un lugar inesperados; una demostración de afecto aun si incómoda, la sensación de libertad que perdí entre negativas y golpes en la mano, un elogio mentiroso que igualmente sea sincero.

(Nunca fui linda, pero la belleza es subjetiva y uno siempre necesita que alguien lo vea hermoso y se lo diga).