Mi tío es escritor. De todo lo que ha escrito he leído muy poco, pero uno de mis poemas favoritos es de él. Lo poco que puedo decir al respecto ya lo esbocé hace tiempo, pero hoy, al escuchar «Read My Mind», de The Killers, tuve la misma sensación que me cruza cada vez que leo esa primera estrofa (ese primer verso).
Elijo pensar que el amor nos conecta de manera permanente, independientemente de cómo. «Yo me acuerdo de todos», me dijo Lu en una de esas tantas (tan pocas) noches sin dormir que pasamos hablando de todo simplemente porque no podíamos evitarlo, y en ese momento no la entendí (y lo tomé como una afrenta personal, porque tampoco podía evitarlo), pero allí estaba la clave de todo. «Es muy loco pensar, saber, que vas a amar a alguien para siempre», me dijo M. en uno de sus raros momentos de apertura emocional, y supe que me ve y me entiende probablemente mejor que nadie en el mundo. No era una promesa de amor eterno entre las dos, sino la sentencia de una inevitabilidad que ambas intuimos, sin importar lo que pase con nuestra relación.
Elijo pensar que el amor muta, pero no desaparece. ¿Cómo podría esfumarse algo que en algún momento te hizo vibrar de punta a punta? Elijo creer que sigo conectada con la gente a la que amé, aún si nunca más nos volvemos a ver. Elijo no desterrar este sentimiento, esta certeza de que si algún día en veinte años nos cruzamos caminando por Mar del Plata, Buenos Aires, Nueva York, Beirut o Pekín, no me voy a sorprender ni un poco.
Cause I don't shine if you don't shine
