(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
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sábado, 2 de agosto de 2008

El punto es...

Tengo una relación conflictiva (o conflictuada) con muchas cosas. La música no es una excepción. Paso unas 10 horitas en el trabajo (en realidad son nueve y media, pero contando el tiempo que paso disfrutando de las bondades del transporte serían cerca de once... parto la diferencia y hago precio), en una oficina grande y vacía en el lugar más apartado del establecimiento, que es mi mejor aliada y mi mayor debilidad.

Básicamente, tengo toda la tranquilidad del mundo en un lugar que es caótico por naturaleza (por la naturaleza de los que lo ocupan!!!) y eso es muy bueno; cuatro años trabajando en un lugar donde no vuela una mosca arruinaron mi capacidad de concentración bajo presión cuando hay ruido y desorden. Pero para alguien que vive sola y sin TV por cable (:P), y sigue sin tener más vida social que un par de mates el día que Gui está un poco más libre (o cuando Maga me adopta como refugiada y me infunde un poco de vida), también es un asco. A menudo me escapo a la oficina de al lado y tomo unos mates con los chicos de mi sector (mis jefes); hasta me he convertido en experta en preparar el mate! Sin embargo uno no se puede pasar 9,5 horas tomando mate, y cuando tengo que ponerme a trabajar en serio me quedo sola con mi única compañía: la música.

La música y yo, repito, tenemos una relación peculiar. De más chica por ahí me enorgullecía ser selectiva. Me gustaba todo tipo de música (bueno, casi todo), pero la consigna era "toda buena". Con el tiempo supongo que descubrí que en cierta forma la música es (al menos para mí) un medio para algo más, y la consigna cambió a algo así como "toda buena y/o toda significativa".

Y creo que esta dicotomía se refleja en el hecho de que aún no he encontrado a alguien con quien no tenga música en común. Esta bien, eso no es ningún logro; contrario al pensamiento general es difícil no tener nada en común con alguien. Pero bueno, estoy hablando de poder disfrutar de la 1812 con Otero Madre, ir a ver a Dios Los Cría con Martín y después coparnos escuchando la 100, saltar un buen punchi con Manu, que Ro me copie un par de albums de Los Redondos en la compu, Isla Fischer con Florcita, estudiar con Alanis en lo de Marina (en otra vida, que todavía es mía), ver el DVD de Zeppelin en lo de Pía mientras me cuenta sobre los Brit Awards (esas fuimos nosotras, no?), inventarle letras al pop con Sil y después mandar una samba con ella y Guada; bailar reggaeton con Jor y acordarme de ella cuando lo escucho en lo de Gui o en el trabajo, Willie Nelson y hasta Counting Crows en lo de Romi, ver a Sarah McLachlan con mami y Al, pero gritar hasta desmayarme con Juani y los Dolls o 3EB, tenerle más (algo) de respeto a mi tío por haber sido quien me dió a Fito y a Charly, amar (más, si se puede) a los viejos por Phil Collins, Crosby Stills Nash & Young y Creedence... no poder sacarme el tango de la cabeza cada vez que voy a Buenos Aires y sentir que parte de la música se fue con Pavarotti (o mejor, parte de Pavarotti se fue con la música y se quedará ahí para siempre), pero llorar de emoción cruda y visceral con alguien como Jesse Lacey...

Qué se yo, no soy tan ecléctica como me creo pero me creo más diversificada que algunos. Todo esto venía a que paso mucho de mi día escuchando música que me llega ("and the four right chords can make me cry" escribió alguien como Stephan Jenkins, y más de una vez lagrimeo entre barcos, tripulantes y más y más números) y de una u otra forma siempre me encuentro lamentándome (por mí y) por aquellos con quienes no puedo compartirla.

Este blog tiene muchos y ningún propósito. Dar a cada quien el reconocimiento musical que se merece, devolver algo de lo que he recibido, es uno de ellos. Puede parecer una pavada; puede parecer una muestra de inmadurez. Creo que he pasado los últimos tres meses acusando una adolescencia de madurez que he descubierto no es tal. Hacerse grande, tomar responsabilidades sobre uno mismo, amar y dejarse amar, abrazar el sentimiento (aunque sea el dolor o la angustia) porque es el precio de saberse y sentirse vivo... crecer, en una palabra, y seguir siendo capaz de disfrutar de lo que antes nos hacía felices (y digo 'felices' porque no hablo de lo que solo nos hace bien momentáneamente), de asombrarse con las mismas cosas que nos asombraban de chicos (tanto con cosas que tenemos como con las que todavía no nos han tocado pero que vemos en otros), de esperar (to hope against hope, y ahí vamos de nuevo)... eso es madurar.

¿Y qué importa si el resto no entiende bien qué es lo que estamos haciendo, y por qué? ¿Qué con el mundo, si al final de mi vida son esas cosas, estas cosas que son tan mías como sentarme tres horas a escribir un mail o cantar a voz de cuello hasta que los vecinos se quejen, las que van llenando de forma permanente el vacío ineludible con que la mayoría de nosotros llegamos a la post adolescencia? Me refiero, nuevamente, no a lo que me hace sentir bien un par de horas un sábado de madrugada...

Últimamente mis días transcurren como un ciclo de estados de ánimo: amo y odio a todo y todos, me animo, me desafío y me rindo más veces de las que puedo contar. Y siempre hay una canción que me ayuda a no anestesiarme; una que me da respuestas, o me ayuda a describir lo que siento, o simplemente me hace sentir comprendida (a modo de coda, el 27/6 Matt Nathanson se convirtió en una de mis almas gemelas que andan repartidas por el mundo en cualquier lugar donde no estoy).

Hay gente a la que amo que la ha pasado y la está pasando mucho peor que yo en este momento. No se cómo ayudar; pero cada vez que escucho una de estas canciones que me hace tan bien pienso en ella y en cuánto las necesitan.

Para ellos, quizás, escribo a veces.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno mary, aka ando, escuchando Musick como siempre :D, jajaja, genial los gustos de esta mina :P, graz por inculcarme algunas bandas com counting crows, o los dolls, o 3EB o lifehouse como he estado toda esta semana :D

Weno, bechos te kiero

~Just Me~

Anónimo dijo...

Go techno! Yep, nada como un buen punchi para ponerse pilas. Gracias por el crédito! :P

Manu Manyto