[Después de que pasamos la noche haciendo "actos de bondad altruistas", te dejé en tu auto y dije "hoy hiciste feliz a alguien". Lo que quise decir es "hoy me hiciste feliz"]
[Si pudiera vivir de nuevo toda mi vida, sabiendo lo que ahora sé, haría todo exactamente igual... inclusive aquellas cosas que no salieron bien. Todo me llevó a VOS y vos LO VALÉS!]¿Qué es un secreto? ¿Es algo que ocultamos intencionalmente por diferentes medios, o simplemente algo que no hemos tenido oportunidad de revelar? ¿Ambos? ¿Ninguno?
No me considero una persona de secretos; no hay nada que nadie sepa, aunque tampoco hay alguien que sepa todo de mí. Sin embargo, sí hay cosas que he pensado, que creo y siento, que jamás he mencionado. Quizás no he sentido la necesidad, quizás no he tenido la oportunidad, quizás no he sentido la necesidad y tenido la oportunidad con la persona adecuada.

[Me enamoré de vos la noche en que me salvaste la vida]
Pero a veces "la persona adecuada" no es necesaria. No soy una persona demasiado sociable, y estoy segura de que más de una vez he parecido inaccesible, tajante y hasta hostil, cuando no ha sido mi intención. Rory solía decirme que heredé la mirada de hielo de mamá (quizás el problema sea que nunca me dí cuenta que mamá tenía una "mirada de hielo", y es por ello que también ignoraba que la había heredado), y en más de una ocasión he tenido que disculparme - o al menos aclarar - por alguna frase que no salió con el tono de voz más amable. Sin embargo, a pesar de todo esto, a menudo me encuentro en el papel de confidente de personas que apenas conozco.

Pero a veces "la persona adecuada" no es necesaria. No soy una persona demasiado sociable, y estoy segura de que más de una vez he parecido inaccesible, tajante y hasta hostil, cuando no ha sido mi intención. Rory solía decirme que heredé la mirada de hielo de mamá (quizás el problema sea que nunca me dí cuenta que mamá tenía una "mirada de hielo", y es por ello que también ignoraba que la había heredado), y en más de una ocasión he tenido que disculparme - o al menos aclarar - por alguna frase que no salió con el tono de voz más amable. Sin embargo, a pesar de todo esto, a menudo me encuentro en el papel de confidente de personas que apenas conozco.

[Dejé que mi mejor amigo se fuera a la guerra sin decirle que estaba enamorada de él, porque tenía demasiado miedo a que no volviera]
No me quejo; lo reconozco como un privilegio, uno que en realidad poco tiene que ver conmigo. Creo firmemente que mis habilidades sociales son sumamente deficientes, por lo que dudo que este fenómeno se deba a algún tipo de feromona tranquilizadora que exude (=P). Tampoco pienso que tenga que ver directamente con la confiabilidad, puesto que cuando uno no conoce a alguien, no puede evaluar de manera eficiente si esa persona es confiable o no (a mi entender la confianza es, en cierto punto, un acto de fe... pero ese es otro tema).

No me quejo; lo reconozco como un privilegio, uno que en realidad poco tiene que ver conmigo. Creo firmemente que mis habilidades sociales son sumamente deficientes, por lo que dudo que este fenómeno se deba a algún tipo de feromona tranquilizadora que exude (=P). Tampoco pienso que tenga que ver directamente con la confiabilidad, puesto que cuando uno no conoce a alguien, no puede evaluar de manera eficiente si esa persona es confiable o no (a mi entender la confianza es, en cierto punto, un acto de fe... pero ese es otro tema).

[Tengo 26 años. No sé andar en bicicleta y ahora me da demasiada vergüenza como para aprender]
La cuestión es más visceral, creo. A veces, simplemente, necesitamos hablar. Es como una especie de corolario por oposición a eso de que decir las cosas en voz alta las hace más reales: a veces, decir las cosas (desahogarnos, sacarnos el peso de encima) hace que éstas desaparezcan. Esto implica una ausencia de consecuencias que sólo es posible si el oyente es un completo desconocido.


[Me enamoré de dos hombres... y no estoy casada con el mejor de ellos]
Así es como yo misma he terminado estacionada en calles mal iluminadas, hablando de cosas aún más oscuras que la noche. Así es también como empiezan las historias, en baños sucios de fiestas ajenas, cuando la tristeza te baja las defensas. Quizás sea este sentimiento de soledad que invade a más de uno subido a la vorágine de la vida moderna (el exceso de depresión que a menudo nos somete, diría algún sms tan trasnochado como acertado) lo que nos dirige: la necesidad de sentir que lo que nos pasa importa, de sentirnos escuchados.


[Quiero volver y visitar su tumba. Luego quiero visitar al conductor alcoholizado, y preguntarle si al final hizo con su vida algo que valga la pena]
Los completos desconocidos nos aseguran eso, ya sea por misericordia, lástima o simple morbo. La razón es completamente irrelevante; el anonimato también garantiza inofensividad. Y en muchos casos, la conducta se torna patológica y nos convertimos en una especie de “divulgadores seriales” que van por la vida gritando sus secretos a perfectos desconocidos, hasta que ellos se nos vuelven familiares y sentimos la necesidad de correr, ocultarnos... buscar alguien más, alguien en quien no necesitemos confiar.


[Suenan campanas de boda.
La próxima persona que me pregunte cuando me caso va a recibir un puñetazo en la nariz! Sólo tengo 24 años!!!]
La próxima persona que me pregunte cuando me caso va a recibir un puñetazo en la nariz! Sólo tengo 24 años!!!]
Es cierto que no todos reaccionamos de la misma forma ante las mismas situaciones, los mismos estímulos, pero creo sinceramente que la necesidad de expresar determinadas cosas es universal. ¿Qué otra cosa es escribir una canción, sino permitirnos susurrar o gritar nuestros más profundos sentimientos? Toda forma de arte lleva parte del artista, no puede disociarse; es su expresión. Es su forma de expresarse ante completos extraños, con total impunidad.


[Cuando me quedé a cuidarte la casa, encontré tus remedios en la heladera y los busqué en internet. No sabía que eras VIH-positivo. Lloré todo el día]
¿Y qué queda para el resto de las personas, meros mortales? ¿Aquellos encerrados en nuestras pequeñas ciudades, en nuestras pequeñas vidas, con nuestro pequeño círculo social que nos parece ineludible? ¿O, sencillamente, aquellos demasiado asustados por la falta de anonimato como para hallar alguien lo suficientemente desconocido que sea su confidente?


[Pensé que el divorcio era la respuesta... Ahora que estamos divorciados, no soy más feliz]
Internet pareciera un espacio hecho a medida de todos, y Post Secrets no deja de ser una respuesta a todas estas interrogantes. Es, también, una extensión del Papá Noel que nos regala la posibilidad de ser nosotros en el completo anonimato, en tres pasos sencillos: diseñar una tarjeta postal, escribir lo que necesitamos decir, y enviarla. Podemos diseñar lo que queramos, escribir lo que se nos ocurra, enviarla por donde más nos guste. Nada nos limita.
Descubrí el concepto por accidente hace algunos años ya (no me cansaré de repetirlo: todo lo que necesito saber de la vida lo aprendí, de una u otra forma, gracias a la televisión =P), y me fascinó (luego vino el video de “Dirty Little Secret”, de The All-American Rejects). Las postales son a veces demasiado crudas o grotescas, pero nunca dejan de ser honestas. Y a veces... bueno, a pesar de todo lo dicho, a veces escuchar ayuda más que hablar. Aunque seamos perfectos desconocidos.
Descubrí el concepto por accidente hace algunos años ya (no me cansaré de repetirlo: todo lo que necesito saber de la vida lo aprendí, de una u otra forma, gracias a la televisión =P), y me fascinó (luego vino el video de “Dirty Little Secret”, de The All-American Rejects). Las postales son a veces demasiado crudas o grotescas, pero nunca dejan de ser honestas. Y a veces... bueno, a pesar de todo lo dicho, a veces escuchar ayuda más que hablar. Aunque seamos perfectos desconocidos.

[Si hubiera sabido que era el fin, ¿hubiera hecho algo de forma diferente?]

1 comentario:
Me hiciste acordar a Dolina con esas preguntas. Sentite bien porque lo amo.
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