(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
.
Mostrando entradas con la etiqueta it's where the heart is.... Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta it's where the heart is.... Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de enero de 2014

Pet (Redux)

Marina siempre fue un regalo. 

Lo fue a los 8, 9 años, en el colectivo donde nos vimos (y hablamos, qué sorpresa) por primera vez camino a no-sé-qué evento deportivo interescolar. Lo fue unos meses (¿años?) después, en la puerta del conservatorio donde yo estudiaba piano y guitarra -a dos cuadras de la casa de su madre- cuando me reconoció y frenó su bicicleta para saludarme.

(Años, yo tenía 11 años y estaba a punto de cambiarme a su escuela para empezar la secundaria).

Lo fue a los 12, en un colegio donde no conocía a nadie y todos hablaban un idioma que aun no entendía (literalmente; ella fue, informalmente, mi primera y más eficaz maestra de inglés).

Lo fue a los 15, cuando decidí cambiarme de secundaria un poco por capricho y otro poco por ser consciente de que mis padres ya no podían pagar la media beca que el colegio requería. Sé que eso le costó muchas lágrimas que no pudieron cambiar mi parecer, pero valieron el conocimiento de no ser completamente irrelevante en esta tierra.

(También fue, a esa edad, la primera persona fuera de mis padres que me dijo que me amaba -de un modo muy platónico, pero no por ello menos real-).

Lo fue a los 19, internadas un mes preparando Derecho Constitucional y Ciencias Políticas, la única materia que pude estudiar como si realmente quisiera hacerlo, tomando tés de sabores y orígenes extraños y usando resaltadores de colores brillantes en fotocopias prestadas.

Lo fue a los 25, cuando nació este blog. Lo fue a los 28, en una conversación con 10000 km de distancia, tratando de digerir demasiada información de una sola vez («es todo complicado, porque es una mina, y es más chica, y está re loca -no, no agarré la costumbre de salir con minas sin avisarte, cosas que pasan nomás-», «vos te das cuenta toda la info que hay en esa oraciòn, no???? nada que no pueda  manejar, pero bueno»).

Y lo es ahora, a la distancia, pero a diario.

M tiene muchas ganas de conocerla, y dice que es por cómo hablo de ella. Supongo que sí, hablo de un modo especial, porque mi relación con Marina es especial.

«... tengo un defecto y es que me creo demasiado que soy especial y que la gente conmigo tiene relaciones especiales... cuando era más chica me pasaba más... defecto o no, siempre tomé las relaciones de las personas conmigo como distintas a las que podían tener con el resto, entonces, lo que hiciste o dijiste conmigo, por más que no entrara en el estereotipo de amistad convencional, yo lo tomé como algo especial, como un reconocimiento hacia nuestra amistad ... después, me di cuenta que quizás para vos no era especial, sino la única forma de abrirte (que no lo hace menos especial, sino que es especial de otra forma)... vos tenías tu mundo, tu forma de ver todo, tu crianza, para mi super rara y que en muchos puntos, no compartíamos, pero me dejaste entrar (recuerdo con mucho cariño cada momento que pasé en tu casa, siempre me trataron como a uno más y posta, me marcó mucho), me lo mostraste sin la menor vergüenza (que no deberías tenerla, pero en cierto punto, en ese momento, creo que te debe haber resultado difícil siendo yo tan distinta) y eso es lo que importa...»

Es la única persona (bueno, una de las muy, muy pocas) que, siento, sabe exactamente lo que estoy pensando todo el tiempo y tiene siempre la palabra justa, lo cual contrasta espectacularmente con mi incapacidad de saber qué piensa la mayoría del tiempo. También es una de esas personas que puede poner en palabras claras pensamientos y sentimientos muy complejos que a menudo también son míos.

A decir verdad, no tengo idea de qué es lo que ella «obtiene» de nuestra relación, pero tampoco me interesa demasiado averiguarlo. Solamente sé que es. Es un regalo. Y quizás sea eso, al fin y al cabo, de lo que se trata la amistad.
That two men may be real friends, they must have opposite opinions, similar principles and different loves and hatreds.

François Rene de Chateubriand -

viernes, 13 de septiembre de 2013

Pieces of You

Hay canciones que no necesariamente me parecen las obras maestras más grandes de la humanidad, pero que al final del día (por muchas razones diferentes) tienen demasiado sabor a mi vida como para no amarlas.


Aunque no te haya hecho bien...

lunes, 18 de febrero de 2013

Fantine

Es, por definición, miedosa. El que avisa no traiciona, y ella no me lo dijo ni bien nos conocimos, pero sí en una de las primeras conversaciones (cagona, dijo exactamente). «No te preocupes, siempre me tocan las miedosas», le dije entre risas, con esa confianza que me caracteriza al principio, cuando sé que gano (el problema viene después el problema conmigo siempre viene después, cuando ya se me acabaron las historias y las ocurrencias y las buenas ideas para buenos regalos -cuando quedo yo, solamente-). Lo pensé y lo dije sin ninguna preocupación porque, a pesar de que me niego a hacer comparaciones, algunas cosas son tan diferentes que esta vez respiro libre. 

La noche del jueves fue la primera vez que se quedó a dormir un día de semana. No fue planeado; yo me iba de viaje el fin de semana y aunque nos habíamos visto un rato a la tarde me llamó para que fuera a la trasnoche del cine donde trabaja. Ya había logrado que Melissa me escribiera para ir (acá tengo una casi tocaya que quiere que vengas, yo estoy con mi prima y la novia, traeme pañuelos que por como sale la gente de la sala los voy a necesitar) -y que increíble que la persona mas reservada y mala onda que conozco haya reaccionado así a conocerla (recuerdo haberle dicho a Sol que no podía imaginar que ella pudiera caerle mal a alguien; sigue siendo cierto)-, pero ella quería subir la apuesta. «Vení y me quedo a dormir en tu casa», dijo, y me pregunto si sabría que yo ya estaba convencida desde antes.

Vi la mitad de la película que me faltaba ver, lagrimeé un poquito (me emociona ver gente que le canta a la revolución, che) y después nos quedamos un rato hablando con Meli, la prima y su novia. Como si todas fuéramos amigas de años; así de rara la escena. A las tres, salimos caminando para la plaza, mientras ella fumaba y yo llamaba el remis. Y a casa, como si fuera lo mas natural del mundo, a sacar la ropa que había quedado en el lavarropas y centrifugarla y colgarla en una silla mientras me miraba desde la cama como si yo no supiera la hora que era.

Crisis se acercó a dormir con ella -ni se percató de que yo también estaba en la cama, el pequeño traidor-, y cuando no escuché el despertador fue ella quien me llamó, con una caricia, para que llegara a tiempo al trabajo. Y al despedirme, la besé y la miré sin comparar escenas pasadas porque no había punto de comparación: no había angustia, ni sensación de finalidad. Y no pensé en sus incertidumbres, ni en las mías,  ni en el discurso de bajar un cambio para que ninguna de las dos se asuste.

Y cuando llegué a casa, ya entrada la tarde, encontré sobre la mesada una macetita con una hermosa planta de flor de azúcar (mi abuela me dijo que se llama así).

Pensé en comprarte flores, pero una plantita va a durar más.

Va a durar más. 

Yo no sé si esta chica se da cuenta de lo que [me] hace.

El cuerpo de Benito

miércoles, 2 de enero de 2013

Anew

Este año empecé sin crédito en el celular, sin que eso importara porque el servicio de Movistar estaba caído e igualmente la única persona con quien querría comunicarme dormía al lado. Empezó en casa ajena, con familia ajena y un yeti de 2 metros que me declaró parte de los suyos. Empezó con música y banderas en mi corazón, y dos estrofas de Wish You Were Here que ahora son bastante mentirosas (aunque siempre queda gente que uno desearía tener más cerca, como Cami o Marina -gente que en realidad siempre está cerca igual-). Empezó con esa lluvia que amo tanto. Empezó con un poco de la inconsciencia que de a poco me vuelve a caracterizar; en este caso, la inconsciencia de olvidar si el año que pasó tuvo momentos malos (sí que los tuvo, y malos de verdad, pero no puedo -ni quiero, lo cual es quizás más importante- evocar el sentimiento). La inconsciencia de animarse a pensar que este año será mucho mejor.

Hola, 2013. 


Wouldn't wanna waste a thing

jueves, 13 de diciembre de 2012

Inconsciencia

Les digo: ser feliz puede dar miedo. 

Mucho.

Lo bueno es que últimamente estoy tan ocupada siendo feliz que no tengo tiempo para preocuparme por ese tipo de pavadas.

(Todavía tengo a Crisis escondido en el placard, helado en el freezer, un ejemplar nuevito nuevito de Rayuela esperando que llegue a casa, la voz del viejo Pablo cantando Blackbird tatuada en la piel con alguna caricia de madrugada y una doncella que es lo suficientemente dulce como para soportar a mis amigos y su locura unas tres o cuatro horas con una sonrisa en los labios)

(No sé, por ahí el mundo se termina en serio)

lunes, 1 de octubre de 2012

Expertise

Siempre dije que Lu fue la primera mujer que me atrajo, la primera con quien estuve, etc., y es la verdad. Sin embargo, podría hacerse una pequeña salvedad: técnicamente, mi primer beso fue con una chica. Yo era apenas una nena; fue jugando con mi vecina de toda la vida, cinco años más grande que yo, y significó tan nada que nunca lo volvimos a mencionar. Seguimos nuestra vida y nuestra amistad como si nada. Ella se casó con un hombre genial y tuvo dos hijos que adoro. Yo me enamoré de una mujer (cosa que nunca supo mi ex vecina); las cosas no me salieron demasiado bien, y en medio de la introspección obligada, en algún momento momento me acordé de ese episodio.
Totalmente anecdótico.

Ayer fue el festejo de un añito de su nena. Me avisaron con anticipación, por lo que decidí viajar y al menos hacer acto de presencia. Comida, globos, feliz cumpleaños. Llega la hora de cantar. Traen el bizcochuelo, comprado, que elogian con cierta desconfianza.

"Es que para hacer tortas, no hay como Laura", sentencia su suegra.

Casi muero atragantada con una papa frita.

martes, 28 de agosto de 2012

Pause

Hace poco releí algo que le escribí a mi papá. Él me enseñó que las cosas deben decirse en el momento indicado, en el lugar indicado, del modo indicado y a la persona indicada. 
Tengo demasiadas cosas para decir, demasiadas cosas atragantadas, anudadas en el estómago y en la garganta. Había preparado un post con muchas de ellas, hasta que me di cuenta que no era la forma. 
El último año se llevó demasiado de mí, tratemos de que quede algo. Aunque sea lo básico.

(Hoy extraño a mi hermana, y desearía que viviéramos en la misma ciudad. Eso jamás había pasado)

lunes, 30 de julio de 2012

London

Mamá me recibe emocionadísima por la apertura de Londres 2012 mientras TN muestra un resumen de los mejores momentos. Madre de cuatro bilingües, negada para siempre con el inglés, me cuenta cómo Daniel Craig participó de la entrada de la Reina y hasta se anima a mezclar algún ladies and gentlemen y Your Majesty con el resto de la narración.
La abrazo (como abrazo a mi abuela, que me pregunta «cómo están mis amistades» con sonrisa cómplice y me hace dudar de la poca sutileza que me queda), porque es lo más tierno y hermoso que he visto en la última semana; porque se pasa el resto del fin de semana intentando sacarme la contractura, curarme la gripe, sanarme el corazón. Porque sigo convencida de que conocerla hace mejor la vida de cualquiera.
¿Cómo no amar los Juegos Olímpicos?

lunes, 2 de julio de 2012

Resignación

Poesía es que mi lugar favorito en todo el mundo se encuentre sobre la calle Amado Nervo, y que me haya dado cuenta una tarde fría y gris mientras caminaba con ella. 
Quedé como en éxtasis... Con febril premura,
«¡Síguela!», gritaron cuerpo y alma al par.

...Pero tuve miedo de amar con locura,
de abrir mis heridas, que suelen sangrar,
¡y no obstante toda mi sed de ternura,
cerrando los ojos, la deje pasar!

sábado, 30 de junio de 2012

The Lamplighter


No solo me diste la vida, sino también la esperanza; me enseñaste que nadie tiene por qué conformarse con su propia mediocridad o miseria, que sin importar cuán grande la debilidad siempre se puede cambiar. Que yo elijo quién soy. Me enseñaste a valerme por mí misma y a no cometer los mismos errores que vos. De verte aprendí que la inteligencia y la cultura no tienen que ver con la instrucción formal. Aprendí la cultura del trabajo honrado, la responsabilidad, el honor y la misericordia. Aprendí a abrir la puerta de mi casa a quien lo necesite, para lo que lo necesite. Aprendí que siempre hay comida para uno más y una cama extra, empezando por la propia. Aprendí que soy una persona valiosa en mi individualidad, pero que también soy una en cinco y cinco en una, y los hermanos sean unidos. Que la honestidad es siempre la mejor política, pero que las cosas deben decirse a quien corresponde, en el momento que corresponde, en el lugar que corresponde. Y también aprendí, por tus ojos y tu ejemplo, cómo amar a una mujer de la forma más pura y generosa; cómo dejar que ese amor te salve y te redima.
Así que a pesar de todas las peleas, aunque todavía no te puedas dormir cada vez que salgo con el auto (por el auto, no por mí) y jamás puedas leer esto sin un sabor amargo (por lo cual nunca vas a leerlo): gracias, papi. Feliz cumpleaños. 

martes, 26 de junio de 2012

Complete

(I'm getting tired and I need) somewhere to begin
Mi paraíso es un lugar bien terrenal, y lo visité todas las tardes durante un año.
Ahora solo voy para llevar a la gente que amo; eso completa un poco el círculo.

So, if you have a minute, why don't we go talk about it somewhere only we know?


lunes, 11 de junio de 2012

Lacroze

«Por ahí no te vas a sorprender, pero me gustan los chicos», me dijo.

Y no, no me sorprendí, pero pensé, no lo entiendo, aprovechá, ¿no viste lo lindas que son las mujeres? ¿cómo no las preferís? y también, menos mal que no viajé el 25 de mayo

Y recordé haber dicho alguna vez, si yo fuera hombre, sería vos, y era una sentencia, no una expresión de deseo.

Y me dio miedo, por los dos.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Tomo II

Vos estás para estar con alguien bien

A veces las cosas vienen de quien menos las esperamos. A veces las palabras más lindas, más dulces, más claras, vienen de alguien a quien recién conocés, que es un poco vos, pero no. A veces vienen de la persona que te acaba de preguntar –medio en broma, medio en serio- si te vas a llevar eso que le es más preciado que cualquier otra cosa. A veces quien se supone que debería resentirte te regala un poco de paz en una tarde de otoño. 

Entonces, me río un poquito más. Me creo que vivo en un terrón de azúcar de un café de la calle Medrano, o que me quedé en el volumen perdido de mi Whitman, que algún día conseguirá el dueño de ese puesto en la feria de libros usados de plaza Italia; tirito un poquito en una esquina de Neuquén o bostezo en un futón siete pisos arriba de la avenida Moreno. Y la luz es tan fuerte que no hay lugar para sombras, y sale el sol en plena noche porteña. 

Come, September.

 
So come, pick me up: I’ve landed.

domingo, 22 de abril de 2012

Flux

La escuché listar todo lo que sabía de mí y fue entonces que me di cuenta que para ella no soy más que una caricatura bastante grotesca.

(Todos mis finales son tristes, aun hasta los de las historias que todavía no terminan. Aun hasta los de las que todavía no empiezan)

lunes, 16 de abril de 2012

Cupcake, pt. I

Sentarme a escribir siempre fue una actividad catártica, nunca hubo un destinatario puntual. Aun en aquellos días de cartas interminables intentando desenmarañar lo que pasaba y me pasaba, siempre fue más un acto de introspección que de comunicación. Nunca se me ocurrió que pudiera ser diferente; nunca se me ocurrieron demasiadas cosas.

Sin embargo. L me habla de sus cosas; charlamos de su vida, de lo que escribe, y cuando le digo que tiene que ponerse las pilas con eso, me contesta que solo escribe sobre cosas que valen la pena ser contadas. Y yo, que hace mucho tiempo me prometí ver la vida con ojos frescos y nunca perder la capacidad de asombro (y, además, no tengo término medio), pienso que todo vale la pena ser contado, si se mira desde el ángulo adecuado. Pero hay cosas que no solo valen la pena, sino que deben ser contadas, porque al fin y al cabo proceso por la palabra, y eso termina siendo parte clave y esencial de este exorcismo.

Así que esta es la única historia que considero imperativa contar, porque aunque todas las demás me toquen y me marquen, esta me define de una u otra forma y me pinta de cuerpo entero, supongo.

Lu y yo nos conocimos por mi trabajo. Me acuerdo clarito verla pasar por adelante mío, con rodete (bien de yegua, diría Marina casi un año después) y camisa a cuadros con vivos rojos (bien de torta, diría L). Se me acercó, al finalizar su primer día, con un elogio que nunca registré y una pregunta capciosa relacionada con mis tareas que ponía en tela de juicio mi honestidad. En su defensa, yo fui quien propuso la pregunta; sin embargo, ella nunca entendió que siempre digo la verdad.
Ese primer día ni siquiera le pregunté el nombre.

Faltó a nuestro segundo encuentro, y para cuando llegó al tercero -tarde-, yo ya pensaba que me había librado de la chica mala onda del rodete. Entró última y se sentó directamente enfrente mío. La noté inquieta y le pregunté el nombre; hice un par de chistes idiotas, como siempre, hasta que me di cuenta que quizás yo estaba contribuyendo a su incomodidad. Fue ahí que decidí hacer un esfuerzo extra por que ella se sintiera bien al estar cerca mío. No recuerdo haber hecho nada demasiado memorable, quizás la haya saludado por su nombre o sonreído alguna vez, pero claramente dio resultado pues a la semana me esperó, por primera vez, luego de que todos se hubieran marchado, y me pidió prestado The Importance of Being Ernest, de Wilde. Al día siguiente comenzamos a escribirnos por mail, lo cual hicimos toda la tarde. No pude traicionar mi naturaleza y la busqué en Facebook: perfil abierto, link a su blog. Me interesan: hombres y mujeres.

Ese día -viernes- me dio miedo, y dejé de escribirle. Para el lunes ya me había convencido de que era una tonta, que no pasaba nada, que estaba imaginando cosas. Nos escribimos ese día, y el siguiente, y para el miércoles o jueves comenzamos a chatear. Esa noche, creo, me sentí culpable de que se quedara esperándome (porque era obvio que eso era lo que hacía) y la acompañé caminando hasta la casa de su abuela, a pesar de yo vivir a dos cuadras del trabajo. Hablamos mucho, y cuando llegamos nos quedamos hablando incluso más. Me invitó a sentarme con ella en los escalones del edificio, pero la miré y supe que si me tenía cerca iba a intentar besarme. Algunos meses después, me lo confirmó. Al día siguiente le revelé que sabía de su sexualidad, y me preguntó si eso no me provocaba rechazo.

¿Por qué lo haría?

Quizás porque toda mi vida fui una buena chica religiosa, respetuosa de los preceptos que le habían sido inculcados, pero también con una profunda convicción propia. Y quizás esa sea una de las puntas de la madeja. No voy a mentir, las mujeres siempre me llamaron la atención; pero cuando uno no lo cuenta como opción y no está expuesta a determinadas experiencias, no es difícil dejar ciertas cosas de lado. Nunca antes se me había acercado una mujer, nunca nadie me había mirado como me miraba ella.

Si lo hubiera percibido como un peligro real, no sé si hubiera actuado diferente.

El lunes me pasó a buscar por primera vez. Fuimos a casa y ni siquiera recuerdo haberle cebado mate. Tomó mi peluche, le quitó la bufanda y le tapó los ojos; así permaneció hasta septiembre. Esa fue la primera vez que mencionó a Camila, la musa inspiradora de todos sus posts y también su ex novia -si es que así podía llamársele a la otra mitad de una relación abierta bastante patológica-. Me contó que vivía en Buenos Aires y la vería en Semana Santa. La escuché con bastante desaprobación, pero intenté no emitir juicio y, sobre todo, que mi actitud no fuera evidente: no quería que ella se confundiera. De uno u otro modo, se quedó toda la tarde.

Los siguientes días, meses, son una sucesión de hechos confusos y ambiguos. Hablé con Ale, quien luego de preguntarme si ella era linda me advirtió en cuanto a la situación. Intenté cortar el contacto con Lu, y su reacción no fue demasiado alegre. Pocas veces me he sentido tan miserable como aquella tarde. Duró poco más de un día, y volvió a hablarme como si nada. Me sentí tan feliz, que nunca volví a mencionar esa discusión anterior. Poco a poco comenzamos a pasar más tiempo juntas. Conocí a su abuela y fui a su casa. Un mediodía mencionó que tenía ganas de comer pollo al horno, y pasé todo el día limpiando mi casa y cocinando para que estuviera todo bien cuando viniera a cenar. Miramos una película, su favorita, y le aclaré que a pesar de todo, yo iba a tratarla como a un amigo varón: nunca iba a quedarse a dormir en casa, no me interesaba de esa manera. No importó, ella estaba feliz. Recuerdo que mi nombre empezó a aparecer cada vez más y más en sus notas de Facebook, como si fuera alguien importante, a pesar de que ni siquiera tenía mi teléfono. Traté de que nuestra amistad no fuera un secreto para nadie, pero ella se irritaba con la sola mención de los compañeros, y luego de un tiempo dejé de intentarlo.

Pasó Semana Santa, yo viajé y su ex volvió a la ciudad. No lo pensé mucho, pero en viernes santo se hizo el tiempo para charlar conmigo y me alegró la tarde. Prometí guardarle un huevo de pascua, y se lo di la semana siguiente: un jueves que se cortó la luz en toda la ciudad y subió 9 pisos para tomar mate conmigo un rato y escucharme tocar Blackbird torpemente, a la luz de una vela que alumbraba demasiado. Esa fue la primera vez que consideré que quizás fuera a pasar algo alguna vez, la primera vez que yo misma me di miedo. De todos los recuerdos, su sonrisa iluminada por el fuego es uno de los que más me duelen y más quisiera repetir.

viernes, 30 de marzo de 2012

Raw, pt. II

Si en este momento tuviera que señalar la característica que mejor me define, diría que es el no tener filtro. Y no me refiero a decir las cosas haciendo gala de una honestidad brutal que horrorizaría al más alienado paciente diagnosticado con Asperger, sino a los sentimientos.

No filtro. Desconfío hasta de mi sombra, pero no me gusta jugar al ajedrez con mi vida (ni con la de los demás) y en cuanto puedo, me relajo. No me cuido. No puedo, no sé cómo, y no filtro.

Me encanta. Así son los líos en que me meto, también, pero creo que lo prefiero. Prefiero ser visceral y que eso no deje que el miedo, la pereza o la indiferencia me paralicen.

Prefiero sentir.

Morí sin morir, y me abracé al dolor.

martes, 27 de marzo de 2012

Finality

And what can I tell you, my [lover], my killer,
what can I possibly say?
I guess that I miss you, I guess I forgive you,
I'm glad that you stood in my way.


- Famous Blue Raincoat, de Leonard Cohen.

Hurt



Tenés que comprender que no puse tus miedos donde están guardados
y que no podré quitártelos si al hacerlo me desgarras

viernes, 23 de marzo de 2012

Validation

Ayer, por cuestiones que no vienen al caso, pasé una horita trabajando sobre una entrevista en la que se hablaba de la búsqueda de la felicidad. El tema me complicó la concentración y finalmente se quedó conmigo toda la noche. L ya me lo había mencionado el viernes, pero yo tenía un día dialéctico y seguimos charlando de nuestra necesidad de tener estructuras flexibles que nos ayuden a ordenarnos.

El martes a la madrugada se me dijo unas 30 veces que tengo que empezar a pensar más en mí misma, ser más egoísta, y cada vez me sonreí y negué con la cabeza, sin decir mucho más. ¿Cómo explicárselo a la persona más contradictoria del mundo? Buscar la felicidad con un sesgo individualista nunca puede NO redundar en la tristeza y la miseria propias. Es imposible ser feliz mediante el egoísmo, porque trunca nuestras relaciones sociales y nos hace sentir peor en cuanto a nosotros mismos; porque nos centra en nosotros y nos termina haciendo sucumbir ante las infelicidades de nuestro carácter, las imperfecciones de nuestra persona. Por eso es que no se puede ayudar a nadie sin que, al mismo tiempo, no nos ayudemos a nosotros mismos (y es algo simultáneo, no lineal). Por eso es que nuestro bienestar es el bienestar de los demás. Por eso es que jugarse por el otro, aunque no haya agua en la pileta, va siempre a lastimar infinitamente menos que ponerse en posición huevito para enfrentar las adversidades del mundo, y cerrarse. Por eso es que el miedo es algo tan terrible, y el egoísmo lo hace insalvable. That's why you can't really love yourself until you love everybody else, because they're just the pieces of yourself that you said no to*.

Por eso es que cada vez que alguien me dice eso, sé que soy infinitamente más feliz que mi interlocutor. Y, si puedo, intento que nivelemos para arriba.