Y un día se terminó el amor. O se transformó, si es posible justificar mediante esa transmutación la falta de... de casi todo.
Ale me plantea un juego de responsabilidades. «¿Qué papel tuviste en dejar que las cosas llegaran hasta donde llegaron?», me pregunta. Y la respuesta es una triste admisión de protagonismo envuelto en paciencia, tozudez, esperanza y hasta inocencia. ¿Lo vi venir? No. ¿Lo percibí? Seguro; desde hace años. Planteé lo que pude, como pude, y creí todas las respuestas, incluso cuando no se condecían con las actitudes.
Meli argumentó (ante mi «No puedo creer que no quieras arreglar esto») que simplemente lo habíamos intentado sin encontrarle la vuelta. Y la verdad es que no: no veo que lo hayamos intentado. No veo que ella lo haya intentado, ni desde la acción ni desde el discurso. Nunca me pidió nada. Quizás esto último se deba a que ni ella sabe qué pasó, o cuándo, o por qué. Intento no perderme en especulaciones vanas, pero me resulta imposible no ver un mapa en las mil y una formas de excluirme (intencional y decididamente) de su vida, paso a paso, poco a poco.
¿Qué papel tuve? Me hice chiquita. Me corrí. Me dejé humillar y dejé que me pusieran en una posición en la que nunca quise estar. Dejé que me devolvieran acá, sola, gastada, quemada, más maltrecha que antes y worse for wear, mil veces peor. Y si parece que me desligo por completo de la responsabilidad, es porque siento que la única responsabilidad que me cabe es la de Benedetti (La culpa es de uno cuando no enamora...); porque, por sobre todas las cosas, me siento humillada e impotente.
Hoy, por primera vez en la vida, me vi en la hoja de un cuchillo. Nunca pensé que me fuera a pasar. Pero bueno, tampoco nunca pensé que iba a volver a esta situación, o que estuviera condenada a pasar el resto de mi vida sin Meli en alguna medida. Creo que ella aún piensa que, no sé, vamos a ser amigas, pero... ¿cómo se vuelve del destrato? ¿En qué universo paralelo podría, como amiga, sentarme a compartir mesa con ese grupo de amigos al que nunca me quiso presentar? ¿Y cómo me saco la sensación de que esa renuencia, ese lugar quitado, se fundaba en vergüenza provocada por mí? ¿Cómo se construye una amistad desde esta asimetría?
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sábado, 7 de diciembre de 2019
sábado, 26 de septiembre de 2015
Sunburn
2011 y 2012 fueron años un poco de, por qué no decirlo, mierda. Sin embargo, no puedo evitar añorar recordar esta sensación de «bronceado metafísico» (sé que alguien -quizás yo misma- lo [d]escribió antes que yo), de sensibilidad ampliada; sentir (a una persona, un evento, la vida) en todo el cuerpo... de la misma manera en que uno siente en todos lados la ropa que roza la piel quemada.
Quería pasar la tarde en casa tranquila, trabajando, quizás escuchando algo de música. En cambio, YouTube me sugirió «Famous Blue Raincoat» y desde entonces lo único que hago es lagrimear un poco o desear cantar canciones de amor a voz de cuello. Todo muy bipolar, muy intenso, muy 2011.
No, no estoy en condiciones de analizar si vivir la vida de esa manera es particularmente saludable, pero no importa. Extraño un poco esa clase de pasión. Me gusta, me despierta, me motiva. Hace que todo valga la pena, o que las cosas triviales no la valgan.
Hay algunas cosas sobre las que vengo pensando, que tengo atragantadas. La más recurrente probablemente sea que quizás amar es no dejar nunca de extrañar a una persona, independientemente de cómo o en calidad de qué se la extrañe.
miércoles, 18 de junio de 2014
Morbid
No sé muy bien qué hacer con la gente que necesita siempre salirse con la suya, porque mi sentido de la libertad y la justicia (y quién sabe qué más) es demasiado fuerte.
Si querés seguir jugando a que tenés algún tipo de papel (algún tipo de importancia) en mi vida, es problema tuyo; yo seguiré deseando que llegue el final del cuatrimestre para, en el mejor de los casos, no tener que verte nunca más. Lo que sí, apreciaría que se me trate un poco menos como un animal de circo (mirá, aquella es la idiota a la que enamoré); no disfruto tenerte (a vos, a tus amigos, a tu novia, a quien sea) respirándome en la nuca (mirando desde la esquina, desde la pantalla de tu celular, desde la computadora de tu casa, desde donde sea) todo el condenado tiempo.
(Condenado; sí, esa es la palabra).
miércoles, 23 de abril de 2014
Side
Hay muchas cosas que están mal con esta canción. La... soberbia, a falta de mejor término, de querer enseñarle a alguien sobre sí mismo, la autoconcepción de superioridad moral que eso implica.
Sin embargo, estoy enamorada. Estoy enamorada de esta canción, del concepto, de Fran Healy, de Fran Healy siendo yo, y (aunque me pese, muchísimo) de la noción de tragedia, héroe romántico, amor no correspondido y accidentes ferroviarios metafísicos. Estoy enamorada de tocar, cantar, gritar, llorar esta canción. Quizás porque, a la distancia, estoy un poco enamorada del brillo etéreo de ese dolor tan profundo que no sé si alguna vez va a desaparecer por completo. Y estoy enamorada de la química, que nunca deja de maravillarme. Del saber qué va a hacer el otro, del poder hablar por horas sin aburrirme. Claro, sin aburrirME.
Hay cosas que me maravillan un poco más aun. Me maravilla que haya alguien dispuesto a depositar su corazón en mis manos (y juro que se siente exactamente así). A confiar. A amar. Alguien cuyas manos dormidas me buscan entre sueños, por lo que no necesito pasarme noches enteras despierta mirando, admirando y, sí, sufriendo. Y me maravilla no sentirme atada, impotente (helpless, hopeless), al maravillarme por estas cosas.
Entonces, mirando ojos chinos y bucles negros, entiendo un poco mejor lo que es estar enamorada.
(Entiendo, como cachetada del pasado, a qué se refería Fito con eso del amor después del amor).
(Y eso no es poco).
martes, 15 de abril de 2014
PPT
Hoy, por ser hoy (un día como tantos otros, pero de hace ya algún tiempo atrás), me lo voy a permitir. Simplemente porque hay heridas que mejoran, pero no sanan. Simplemente porque me pregunto los motivos de Prometeo, sometido a tortura eterna por entregar el fuego a los hombres, ¿por qué razón? ¿Sería su amigo? ¿Y no sería tortura eterna para los hombres, también, ver a su amigo allí en el Cáucaso, sufriendo desesperadamente?
No sé bien a qué va la analogía, si es que la hay. Pero pienso en sufrimiento y pienso en Prometeo, encadenado; en Sísifo, empujando cuesta arriba. A veces, todavía, sufro ciertas cosas. Inútilmente, las sufro. Sufro cuando las pienso, si las pienso. Por eso prefiero que no. Prefiero no pensar en qué prefiero, porque cuando lo hago (pensar, simplemente, ni siquiera preferir) me duele todo, por diversas, muchas, razones.
Y porque en realidad, solo puedo pensar en una cosa. Una frase, que me permito:
Siempre me estoy despidiendo de vos.
martes, 28 de enero de 2014
Solitude
En 2008, Marina y yo nos reencontramos en nuestro Tandil natal. Hablamos, un poco más de lo que habíamos charlado por mail, pero tampoco tanto. En ese momento ella estaba de novia (conviviendo, ninguna de las dos lo hubiera imaginado jamás) con Lucas. Interesante promedio de idas y venidas, ahí, con alguna visita mía al pequeño departamento que compartían en Parque Centenario.
Creo que allí fue donde escuché por primera vez (o quizás donde lo entendí, o lo que me hizo entenderlo algún tiempo después) el concepto de espacio propio, personal, en la pareja.
Marina lo predica, a falta de mejor término, siempre. Me lo repitió la última vez que nos vimos: «Ni se te ocurra mudarte con alguien sin tener pensado en cuál va a ser el espacio personal de cada una». Asentí, como siempre, por costumbre y convicción. Por haberlo pensado, ya.
De chica pensaba que me encantaba pasar tiempo sola. Digo pensaba porque no sé cuánto tiempo realmente sola habré pasado en un tres ambientes donde vivían siete (en algún momento, nueve) personas. No sé tampoco cuánto de esa percepción estaba teñida por esa particular situación habitacional. Sí sé que en 2008 estar sola (realmente sola) me pegó fuerte, pero creo que eso tuvo más que ver con una sensación de abandono, desamparo y desposesión que poco tiene que ver con la soledad en el sentido más básico. Lo mismo me sucedió en 2011.
Pero ahora.
Ahora puedo decir que recuerdo bien o entiendo bien las palabras de Marina. Eso es mérito de M., y digo mérito porque es algo, de hecho, bueno. Una soledad que no angustia, que no desespera. La amo por eso, aunque a veces el monoambiente se haga aun más chico de lo que es.
Y espero con ansias el día de tener un lugar con espacios propios, que sea de las dos.
viernes, 20 de diciembre de 2013
Bravery
Pauli se va a trabajar un año en Guinea Ecuatorial, África. Como traductora. En un trabajo que me ofrecieron y ni siquiera consideré.
Pauli vive con los padres y no tiene trabajo, ni está en una relación. No tiene que preocuparse por poner un noviazgo en stand-by, ni por hacer una mudanza intraprovincial en dos semanas, ni por conseguir un buen trabajo o un buen alquiler al regresar. Mejor dicho: esas preocupaciones son las mismas que tiene ahora, su situación no cambia.
Y no, esto que siento no es ni envidia ni necesidad de autoconvencimiento. Es...
Tristeza por las oportunidades que no son tales.
martes, 19 de noviembre de 2013
Adolf
Tengo la suerte de tener amigos muy buenos y muy sabios, que a menudo tienen las palabras justas que necesito escuchar.
Cuando uno no toma la decisión, la decisión lo toma a uno.
Hay situaciones para las que no hay salida fácil. Pero todas tienen salida.
Y si uno no apura para el lado hacia el que sabe que tiene que ir (y uno siempre sabe para dónde tiene que ir, aunque sea difícil), puede terminar en la menos deseable de las direcciones.
jueves, 7 de marzo de 2013
Tengo la sensación de que ya me ha sucedido antes esto, esperar la ayuda prometida y quedarme con las manos vacías.
Pero como no puedo recordar episodio concreto alguno en que me haya sucedido esto, y sí, en cambio, tengo la viva imagen de esos meses -tan cercanos- de corazón roto, ojos tristes y mirada perdida en que fueron brazos y manos y piernas ajenas las que me llevaron, trajeron y sostuvieron, voy a elegir creer que es solo eso.
La sensación.
Pero como no puedo recordar episodio concreto alguno en que me haya sucedido esto, y sí, en cambio, tengo la viva imagen de esos meses -tan cercanos- de corazón roto, ojos tristes y mirada perdida en que fueron brazos y manos y piernas ajenas las que me llevaron, trajeron y sostuvieron, voy a elegir creer que es solo eso.
La sensación.
jueves, 21 de febrero de 2013
jueves, 20 de diciembre de 2012
Temperature
Al principio somos todos lindos. Lindos, simpáticos, buena onda; una versión mejorada de nosotros mismos. No es que no nos mostremos como somos: nos ganan las ganas y la ilusión y somos un poco perfectos por un rato, ¿cómo no serlo cuando hay alguien, alguien un poco perfecto, que piensa que somos bastante geniales?
El problema es cuando se baja un poco, cuando volvemos un poco a la rutina. Perdemos un poco el brillo. Quizás no se note, en términos generales, pero uno lo siente. Se siente más gris. Y ese es el punto exacto en el que se corre el riesgo de rendirse ante la impotencia de saberse tan imperfecto como antes y el miedo de no ser suficiente. No ser lo suficiente genial (no flashearte lo suficiente como para que creas que me querés un poquito). Porque las palabras se vuelven repetitivas y monótonas, y siempre es más difícil que se quiera a la persona con grietas y sombras que uno realmente es. Porque algunos vivimos compitiendo con nosotros mismos, perdiendo la mayoría de las veces, y si encima la competencia se amplía al resto del mundo es muy difícil no autosabotearse y darse por vencido desde el vamos (no porque no valga la pena, sino porque uno comienza a cuestionarse cuán acompañado realmente está). La otra persona lo nota y también retrocede un paso, y cuando menos se lo espera uno se encuentra inmerso en una carrera por bien quién huye más rápido.
Do I have to fight to keep you? 'Cause I'm not large with the butch.
Claro, después aparece ella con un termómetro nuevo en la mano y la mirás un poco como si fuera un fragmento de tu imaginación. Entonces la abrazás fuerte, para asegurarte de que esté ahí; no se esfuma.
Te permitís respirar un poco.
Un reflejo mágico ilumina sombras del alma,
donde brillar es despejar las dudas...
donde brillar es despejar las dudas...
martes, 27 de noviembre de 2012
Hopscotch
Karen cumplió años y se mudó conmigo. Temporariamente, fruto de la necesidad impuesta por una ciudad que rechaza a la gente que llega para quedarse como si fuera un órgano no compatible -uno rara vez deja de ser visitante, por acá-, pero se mudó y nos cambió la vida. Karen empezó a leer [más, ponele], se espabiló bastante, aprendió a vivir según las reglas de la Melecueva (y así pasamos varias noches durmiendo en el piso mientras nuestras camas eran ocupadas por gente que recién conocíamos). Yo empecé a ir a la playa, a hablar de mis cosas, a salir un poco [bastante] más. En el medio, mi cumpleaños. Y Karen aprendió a regalar libros.
-Me tenés que decir cuál querés.
-Hmm... Juan dijo que se iba a poner con Hesse, así que vos podés quedar a cargo de Rayuela.
Pero el libro nunca llegó, porque ante todo Karu es un cuelgue, y yo tenía ganas de leerlo, pero no tantas. Mentira. Las ganas no faltaban, nunca faltan, pero el miedo siempre fue mayor. Miedo a que un libro, un estúpido libro, terminara de romperme, de quebrar la frágil estabilidad que tanto había costado conseguir.
(Miedo a recordar que ella solo había leído a Cortázar y yo solo a Borges, y eso tendría que haberme dado la pauta)
Miedo a convertirme en un estereotipo, ¿o no es el libro de cabecera de toda torta que se precie?
(Y me acuerdo de Mai diciendo «Vos, como torta, la verdad...» y mi necesidad reprimida de aclararle «torta, lo que se dice torta...», y mi silencio porque lo que ella piense me importa demasiado -e instantáneamente recuerdo al Jefe de Mantenimiento, «¿Cómo que estás "aprobada"? Decime que la mandaste al carajo, vos no necesitás aprobación de nadie», y lo quiero aun más, como al hermano mayor que no tengo-, aunque en realidad me interese mucho más lo que piensa su hermana)
Entonces entramos en la librería un sábado por la tarde, un poco muertas de frío las tres, buscando «Guardapolvos» para Gonzalo porque hay demasiado tiempo entre pelis, y lo veo. No me doy cuenta, pero lo levanto buscando el precio. Sí, eso hago, y cuando reacciono lo dejo como si quemara, intentando disimular (No, nunca leí Rayuela, no me juzgues). La visita dura poco; no importa, me deja pensando.
Tengo que hablar con Karen. Creo que ya estoy lista para ese salto en particular.
lunes, 22 de octubre de 2012
Someday, One Day
(Porque cuando el mundo se te cae encima, lo único que queda es empujar hacia arriba)
Algún día voy a hacer un puente.
Algún día voy a hacer un puente.
viernes, 19 de octubre de 2012
Correspondence
17 de octubre de 2012.
(...)
Ando rara, creo que se nota. En las publicaciones, en lo corta que estoy. No sé, estoy introspectiva. Lo que pongo en esta entrada es real, todo real: tengo esa pregunta en la cabeza, y todavía la estoy digiriendo.
---------------
(...)
Leí esa entrada hace unos dias y me quede con la misma pregunta, mas que nada con la pregunta lo anterior a La pregunta: ¿Te das cuenta que cada vez que te pregunto sobre vos me hablás de otra persona? Aunque yo creo que eso tiene una explicacion. No se si es la mas errada o la mas acertada, pero es la unica que tengo (...) Me di cuenta que tengo un poquito de cada persona, literal totalmente literal. Yo creo que las personas somos papeles en blanco o libros en blanco, como mas quieras; que se van llenando, pintando de miles de formas distintas, con gestos, frases, con enseñanzas, con peleas, con momentos lindos. Y es estupido arrepentirse de haber conocido a alguien o haber pasado por tal y tal cosa.
(Y yo pienso en esta canción -if you're not sorry for who you are, why are you sorry for where you've been?- y digo «Quizás; quizás también funciona al revés»)
Quizas por eso algunas personas tenemos que recordar quienes fueron las personas que nos dejaron algo, antes de buscar quienes somos. Porque somos un collage, un collage sin fin. Asi como tambien somos parte del collage de otras personas. Es como un todo completo, pero dentro del todo uno cada uno por su lado, sin dejar de pertenecer a eso, no se si me entendes. Asi que a la pregunta, yo la vi asi, yo estoy aca, con vida pasada y por delante. Yo no quede en ningun lado, yo quede aca y quedo mañana, con un poco de todo y por lo que queda adelante. Para mí lo duro de los cambios queda atras y su esencia para siempre. Somos como los grillos que cambian su piel cada tanto, pero no del todo. Siempre queda algo. Y esa pregunta es incluso algo que a vos y tambien un poco a mi me deja pensando, pero para bien. Porque tu antigua vos quedo donde seguramente se tuvo que quedar, pero vos estas aca y eso es lo que importa. Una nueva o no tan nueva vos que merece darse una oportunidad.
---------------
18 de octubre de 2012.
(...)
Estoy de acuerdo con lo que escribís respecto a ser partes de otros, en alguna medida. Estaba buscando algo que pensé haber escrito al respecto, y encontré esto, que nada que ver pero es vuelta a lo mismo.
(Aunque, a decir verdad, encontrarla me brindó algo de alivio; sentirme yo, identificarme conmigo)
Y no quiero seguir siendo la misma persona para siempre; no esta, al menos. Más allá de eso, voy a mi punto inicial: claro que somos partes de otro, pero en algún momento tiene que surgir nuestra individualidad, porque si no vamos rebotando de una cosa a la otra, de una persona a la otra. ¿Viste la película Novia Fugitiva (Runaway Bride), con Julia Roberts? El personaje de ella es una mina de la que todos se enamoran, simplemente porque ella se acomoda al resto. Sus gustos siempre se acomodan a los del resto.
-Put this coat on. It's cold.
-Don't pretend to be a nice person.
-I was the only person in there defending you.
-You humiliated me!
-No, Maggie, I defended you. Humiliating you is what everyone else did in there. That is the theme of the party tonight.
-No. It was under control. Now they all feel sorry for me.
-They should. They're about to see you hang yourself again.
-What do you keep--
-Tell me something. Do you really care about Mount Everest?
-It's fun. It's high.
-Sexual practices of locusts?
-Every one of those times I was being supportive.
-Not supportive! You weren't being supportive! You were scared! You were scared then, you're scared now. You are the most lost woman--
-Lost?
-Yes, lost. You're so-- You're so lost, you don't even know what kind of eggs you like. Yes. Yes!
-What?
-That's right. With the priest, you wanted scrambled. With the Dead Head, it was fried. With the bug guy, it was poached. Now it's like, "Oh, egg whites only. Thank you very much."
-That is called changing your mind.
-No, that's called not having a mind of your own. Maggie, what are you doing?
Y puede que en la película funcione, pero en la vida real no, y a nadie le cae bien alguien así, te lo puedo asegurar. No es sano. En algún momento tiene que surgir la individualidad. Y creo que lo de la psicóloga me pegó tan mal porque odio pensar en haberme perdido yo. Porque yo me caía bien, ¿entendés? No tiene que ver con gustos y actividades, porque hay cosas que me gusta compartir y otras que tengo bien definidas... Creo que es más profundo. Me gusta ser una persona no conflictiva, pero también quiero ser yo misma (aunque no voy a cometer el error de pensar que ser caprichosa y mal llevada es reafirmar mi persona). Y es posible que la esencia se mantenga, pero si yo no sé cuál es la esencia, estoy en problemas, creo. Si no sé a dónde quiero ir, no importa qué camino tome. ¿No, Alicia?
-¿Y vos no le vas a comprar nada a tu mamá?
-Debería, aunque con mis hermanos ya le hicimos un regalo.
-¿Sí? Qué?
-Le pagamos a ella y a papá la entrada para el Cirque du Soleil.
-¡Qué copado!
-¡Sí! Igual mi viejo no pudo ir porque justo le remolcaron el auto diez minutos antes de tener que salir, y no llegaba.
-Qué mala pata, tu papá.
-Sí, pobre... mi viejo se gastó toda la suerte en casarse con mi mamá; la hizo re bien, la usó toda en eso. Pero desde entonces es Bad Luck Brian. En eso salí a él.
-Jajajaja, mal.
-Se, con la diferencia de que no estoy con nadie. Es como potenciado, lo mío...
(Ani y yo, sobre el día de la madre, la inteligencia de mi papá, la retribución kármica, y cómo algunos genes saltan una generación)
jueves, 18 de octubre de 2012
Por la ciudad
Hoy me levanté pensando en que el clima se acopla a mis planes, y me parece genial.
Me levanté pensando en la cara de Florcha, ayer; cara de qué ganas tenía de verte. En Vico, que no se cansa de decirme cosas buenas respecto a mí, pero más que nada no se cansa de intentar entender. En L, que no tiene miedo de que la haga quedar mal si me presenta a una amiga. En Gisi, que viene a cenar la noche antes de un parcial porque no quiere dejarnos en banda, y me propone que salgamos juntas como si yo fuera la persona más divertida del mundo. En Sofi, que camina cincuenta cuadras con viento marplatense de frente solo para que improvisemos una versión horrible de Linger. En Nako, que me sorprende: no importa que ya no tengas facebook, de alguna forma vamos a hablar. En Seba, que se ríe, pero no duda en comenzar a trazar planes de supervivencia en caso de apocalipsis -ni en incluirme en ellos-.
Me levanté pensando en Silvia, mi profesora de Introducción a las Relaciones Internacionales, que el primer día de clase se despachó con un «en toda relación siempre hay alguien que quiere más» (y en mi hermano y mi cuñada, que son la prueba viviente de que esa afirmación no es completamente verdadera, pero esa es otra historia).
Si toda cadena es tan fuerte como el más débil de sus eslabones, entonces toda relación vale tanto como lo crea la parte menos involucrada. Aunque la otra mitad se defina y redefina, mate, muera y se destroce en mil pedazos por ella.
(Quizás por eso es que no vale la pena que suceda ninguna de esas cosas; porque ninguna de ellas es necesaria para una relación que valga la pena)
martes, 16 de octubre de 2012
The Ego Has Landed
Magalí se recuesta contra las almohadas que forman el respaldar del sillón, y mira fijo un punto lejano por encima de mi hombro.
-...y también aceptar que hay amores que se quedan con uno.
-Es que yo creo que si es amor, en serio, puro, no desaparece. No puede, Maga. Muta a otra cosa, pero no desaparece.
-Exacto. Y en parte tiene que ver con lo que me dice mi psicóloga: «el tema con Ramiro es que con él vos eras vos misma, y eso es muy fuerte».
Asiento, solo puedo asentir. La miro y recuerdo que lo que llevo alrededor del cuello era de ella; la cadenita parece pesar mil kilos. Como un yugo compartido.
__________
-No te ando siguiendo. ¿Vos decís que no vaya a pensar que él está enganchado?
Sonrío, porque ella me mira como quien se niega siquiera a contemplar la posibilidad de ciertas realidades.
-No. El otro día que salimos, en un momento que estaba medio picado, me dijo «Vos estás para dar fe de que yo me porto bien».
-¿Como que yo me iba a perseguir porque hubieran salido con...?
-No, no. No tiene que ver con vos. Tiene que ver con él. Porque en mi experiencia, la gente acostumbrada a fantasmear, no habla de estas situaciones. O sea: si estás acostumbrado a fantasmear, no te molesta que te vean con alguien, porque es inevitable. Pero no vas por la vida teniendo grandes conversaciones al respecto, porque es lo que es. A lo sumo se contestará alguna pregunta o comentario al respecto de quién te agarraste, con una risa y sin demasiado detalle, pero no se habla del tema porque no es nada, no tiene importancia alguna. Entonces, para mí ese comentario descolgado tiene mucha más importancia, me es mucho más significativo, que ver que te saluda con un beso. Lo que yo digo es que si él pensara que esto es nada, si no fuera importante para él, ni siquiera mencionaría la situación.
La ficha nos cae a las dos.
Movió el vaso con brusquedad, mientras se reía sarcásticamente; un par de gotas de Gancia con Sprite cayeron sobre las sábanas violetas.
-Vos me decís eso, Eugenia, pero todo el mundo piensa lo contrario.
-No quieras correrme. ¿Qué «todo el mundo»? Si vos de nosotras no hablás con nadie.
__________
-¿Te das cuenta que cada vez que te pregunto sobre vos me hablás de otra persona? De ella, o de alguien más, no importa. Hablame de vos. ¿Dónde quedaste vos?
El tema, conmigo, es que siempre me esfuerzo por entender. No importa cuán difícil sea; puedo no saber qué contestar, pero siempre entiendo. Entonces, pienso, debo estar muy mal -muy fuera de foco, muy fuera de tema- que ni siquiera comprendo a qué se refiere.
La pregunta me da vueltas toda la semana.
miércoles, 10 de octubre de 2012
Buds and Stems
A veces todavía la leo y me pregunto.
Muchas cosas.
Nunca hubiera funcionado; hubiera sucedido lo mismo que con el resto. Y me hubiera dado vuelta como una media. Yo no habría podido estar a la altura de las circunstancias; solamente sé querer, y ni siquiera bien. Siempre a los tumbos, de oído, improvisando y mal. A la larga (y a la corta), ella tuvo razón.
Pero a veces todavía la leo. Y ella, tan efímera y casi desconocida, no deja de ser el mayor argumento a mi favor, y en mi contra.
martes, 9 de octubre de 2012
Take This Rock And Roll Refugee
A Sol le gustan las historias felices, o por lo menos las espera, y ni bien tuve un par de minutos para pensar en lo que me había sucedido me acordé de ella.
El viernes pasado fui a ver -por segunda vez- a Tan Biónica @ GAP. Aclaro que es por segunda vez porque la primera fue durante ese tiempo oscuro de mi vida que se dio a llamar verano de 2012, y sobre ese recital escribí en el otro blog. Básteme decir que ese recital terminó con Obsesionario en LA Mayor, Arruinarse, algunas lágrimas y una difonía de un par de días.
Esta vez, llegábamos con menos dramatismo. A la compañía habitual (Flore, la hermana de Paula, a quien aparentemente no puedo ser más diferente excepto cuando nos sentamos a hablar o cuando suena la música, o los sábados después de la una de la mañana) se sumó Orne, lo cual garantizaba un poco menos de frenesí, y veníamos con menos carga emotiva. Estaba anunciado para las 20, por lo que -contando con la experiencia del show anterior- fuimos alrededor de 20:30. Nos ubicamos, como siempre, sobre la derecha del escenario y nos dedicamos a hacer tiempo escuchando la lista de temas que alguien relacionado a la banda habría preparado para la ocasión (digo alguien relacionado a la banda porque era inequívocamente la misma lista de temas que en enero pasado).
Habríamos pasado 30 minutos (comiendo Macucas, quejándonos del poco ánimo que le ponía el «piberío biónico», siguiendo la telenovela de la parejita que teníamos cerca -aparentemente él le había dicho a ella «lo peor que podés decirle a una mujer», vaya uno a saber qué- y haciendo el pasito de Thom Yorke -el convulsivo, no el de Lotus Flower-) cuando la vi. Todavía no entiendo cómo pude reconocerla, pues mi capacidad para relacionar lo que veo en las fotos con la realidad es nula. Pero ahí estaba, hermosa (y cualquiera que me conozca o me lea sabrá que no uso ese adjetivo con ligereza). Ya la había visto en junio pasado, una noche que Ale decidió encontrarme novia por catálogo sin demasiado éxito, y me había parecido increíble que existiera una criatura tan etérea y tan real al mismo tiempo. Alejo se había quedado tan embobado como yo, mirando sus fotos de perfil hasta encontrar un par de comentarios de Supergirl. Ese fue el momento en que desistí sin siquiera haber comenzado nada; después de todo, contra Supergirl siempre me tocó perder (aunque el resto del mundo quizás piense lo contrario).
Sin embargo, la tenía ahí. Dio dos pasos entre la gente -lo suficiente como para que yo me volviera hacía mis amigas, sin creer mi suerte, las abrazara y les dijera «chicas, ahí viene el amor de mi vida»- y se detuvo justo detrás mío. La acompañaban dos amigas, pero no tuve reparo en darme vuelta para mirarla un poco mejor: rubia, ojos celestes, buena boca. Camisa negra, tatuaje en el brazo, una leyenda que no pude identificar. Recordaba haberle visto alguna foto con lentes de aviador y una guitarra, lo cual se condecía bastante con la actitud rocker que parecía exudar. Andrógina, muy, cosa que nunca me ha llamado la atención (si hubiera tenido el pelo corto a L le hubiera encantado), y sin embargo la tenía ahí y era hermosa y estaba justo atrás mío.
Pensé en mil maneras diferentes de hablarle, y dejé de prestarle atención a mis amigas. Tiempo, no había tiempo, no tenía tiempo. Pero el reino de la música es mágico y misterioso, y algunos artistas y algunas melodías lo potencian aun más; justo cuando comenzaba a resignarme, lo escuché: Take me out tonight, where there's music and there's people and they're young and alive. Reacción de fangirl, con gritito de sorpresa y todo, sonrisa irónica (¿justo esta canción?), y oración a Morrissey.
And if a double-decker bus crashes into us
To die by your side is such a heavenly way to die
And if a ten-ton truck kills the both of us
To die by your side... Well, the pleasure - the privilege is mine.
Entonces, lo impensado. Miré por el rabillo de mi ojo y la vi. Ella, ahí, hermosa, justo detrás mío, bailaba. Estaba bailando. También. También estaba bailando. Conmigo.
Abrí la boca para hacer algo más que sonreírle; quise preguntarle el nombre (que ya sabía, pero ¿cómo podía justificarlo?), el teléfono (que hubiera podido conseguir igualmente sin mucho esfuerzo), qué iba a hacer después del show, si quería casarse conmigo. Llené los pulmones de aire y justo cuando pasaba por mis cuerdas vocales, Tan Biónica comenzó a tocar. La miré nuevamente: el momento había pasado, y no solamente eso. Ella también había pasado, hacia el frente del escenario, empujada por la multitud.
Pasé el resto del recital intentando encontrarla de nuevo.
Cuando finalmente concluyó, quise quedarme un rato en el mismo lugar -mientras el resto de la gente salía- esperando encontrarla. No era la única: una de sus amigas martillaba furiosamente las teclas de su BlackBerry, obviamente intentando ubicarla. Después de varios minutos, decidí que todo era inútil. Me puse la campera y nos dirigimos hacia la salida, atiborrada de gente. La suerte seguía sin acompañarnos: afuera llovía como si fuera un segundo diluvio. Mis amigas y yo nos miramos y el plan fue claro: cruzar a la parada de colectivos, pero tomar un taxi si podíamos encontrar uno.
-Somos pobres, pero no tanto- recuerdo haber dicho, sin prestar demasiada atención.
Nos paramos en la esquina, a esperar con desánimo mientras nos caían las gotas frías e impiadosas. Lo último de mi esperanza se esfumó al ver que ya casi no quedaba gente en la salida. Giré sobre los talones y me dediqué a desear con más fuerza que viniera alguno de los colectivos que podía dejarnos bien.
-Cualquiera menos el 54- dijo Flore, y por supuesto que ese fue el primero en llegar.
Me di vuelta para comentar nuestra suerte tragicómica, y no pude creer lo que veían mis ojos.
-Chicas,- dije casi susurrando -ahí viene el amor de mi vida.
Casi como una visión, escoltada por sus amigas, cruzaba la calle. Hermosa.
Caminó hasta donde nos encontrábamos y se detuvo justo detrás mío. Hermosa.
Pensé en mil maneras diferentes de hablarle, y dejé de prestarle atención a mis amigas. Tiempo, no había tiempo, no tenía tiempo. Necesitaba una excusa, algo.
Pero. La mochila roja que ella llevaba estaba abierta.
martes, 2 de octubre de 2012
Insight
¿Sabés cuál es la sensación? Siento que me marchito, eso siento. Que con cada bajón después de ponerle ganas me marchito un poco más; me vuelvo menos atractiva, más triste, más miserable, más patética,más común, más devaluada, más indefensa, más impotente, más estúpida, más débil, más irrelevante.
Tengo el recuerdo clarito de su cabeza sobre mi hombro desnudo mientras me susurraba. Tenés que tenerte más confianza. Lo dijo con sinceridad y hasta dulzura; tanto que no me pareció oportuno arruinar el momento haciéndole saber que toda mi autoestima se había ido a la basura con cada uno de sus sistemáticos rechazos, negativas y desprecios, y que de eso nacía mi necesidad de escucharla decir cosas positivas sobre mí.
Ella me había quitado la fe en mí misma; necesitaba que fuera ella -pues yo sola no podía ser- quien sanara la herida.
(Eso nunca sucedió)
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