(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
.

lunes, 1 de octubre de 2012

Parallel

Hace un par de días María me alertó de que gracias a Outlook había encontrado una segunda cuenta de Twitter mía. Yo no recordaba haberla creado, pero una vez que ingresé reconocí su autoría, a pesar de que ninguno de los 20 tweets me resultaban familiares. Esforzándome un poco y viendo la fecha de publicación (25 de agosto de 2011) se me vino a la mente el vago recuerdo de haberla creado el día después de que Lu me cortara.
No voy a incluir un link, por la naturaleza de la cuenta: la hice porque sabía que no podía desahogarme por acá, porque ella podía leer todo y yo no quería... yo quería cuidarla. Más que nada en el mundo. Pero necesitaba desahogar, y no había nadie. Al recordar esa cuenta, recordé también el segundo blog que creé en octubre pasado, por la misma razón. Cincuenta y nueve entradas, las más amargas de mi vida. Las más patéticas. Las más crudas. Simplemente porque en un principio no había con quien hablar, porque todo había sido tan rápido, tan prohibido, tan distinto, tan sutil, tan real, tan estúpido, tan natural, tan oculto, tan discreto, tan alevoso, tan total, tan secreto, tan bonito... y yo no podía conmigo. 

(Y Dios, qué mal me hizo volver a leer eso)

A veces, no termino de entender cómo hice para sobrevivir esos meses. Sin exagerar ni un poco.


Hace un par de días que vengo pensando en ese Twitter, y ese blog, y este; todas las entradas dedicadas a ese rayo que me partió los huesos y me dejó estaqueada en la mitad del patio. Y en más de una ocasión me he preguntado por qué esta vuelta no escribo tanto, en este duelo que todavía no sé hacer. Quizás sea que la desilusión es mucho más grande, tanto que no puedo verbalizarla (el mundo es mucho más gris y todo mucho menos intenso). Quizás sea que ahora tengo más rincones en los que llorar, y al menos no estoy sola. Quizás sea que esta vez tengo más en claro lo que tengo que hacer, pero estoy mucho menos convencida de querer hacerlo.

Quizás no esté tan segura de haber cerrado nada.

Y todo, todo me sigue doliendo como el primer día. 

(Me cuesta pensar que hay gente que pasa por esto más de una vez en la vida; me horroriza pensar que hay quien elige este dolor por miedo a jugarse)

No hay comentarios: