(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
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jueves, 4 de octubre de 2012

Over and Done

Hagamos un juego. Juguemos a algo. Juguemos a la normalidad, esa que es tan elusiva, tan difusa, tan utópica, tan ficticia. Tan rechazada, a veces, como si existiera (pienso: quizás ese solo rechazo le da vida).
Juguemos a esa normalidad supuesta que es la paz; la ausencia de conflicto, también utópica. Como no se puede, la ausencia de conflictos graves. Juguemos a que el mayor de los problemas es que mañana también tengo que venir a trabajar. Juguemos a que nos comunicamos, nos entendemos, porque decimos lo que hay que decir y no damos nada por sabido. Y porque escuchamos. Juguemos a que sos un premio, y yo también, y lo reconocemos como la rara ocurrencia que es. Juguemos a no reprimir, pero en las cosas básicas: a decir lo que queramos decir, sentir lo que queramos sentir, hacer lo que queramos hacer. Juguemos a hacer que las cosas sean más simples entre nosotras. Juguemos a no tener miedo.
(Juguemos a que confiás en mí lo suficiente como para que pueda callar tus miedos; juguemos a que importo lo suficiente como para que quieras callar los míos)
Juguemos a que nos hacemos bien, y a hacernos bien. Juguemos a intentar explicarle al mundo por qué nos queremos, y a querernos. Juguemos a ser felices, y a querer serlo.
Juguemos a recordar, juguemos a olvidar, juguemos a empezar de una vez por todas.

Y si no, dejemos de jugar.

They call them rogues,
they travel fast and alone:
One hundred foot faces of
God's good ocean gone wrong.
What they call love is a risk,
'Cause you always get hit
out of nowhere by some wave
and end up on your own.

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