No sé muy bien qué hacer con la gente que necesita siempre salirse con la suya, porque mi sentido de la libertad y la justicia (y quién sabe qué más) es demasiado fuerte.
Si querés seguir jugando a que tenés algún tipo de papel (algún tipo de importancia) en mi vida, es problema tuyo; yo seguiré deseando que llegue el final del cuatrimestre para, en el mejor de los casos, no tener que verte nunca más. Lo que sí, apreciaría que se me trate un poco menos como un animal de circo (mirá, aquella es la idiota a la que enamoré); no disfruto tenerte (a vos, a tus amigos, a tu novia, a quien sea) respirándome en la nuca (mirando desde la esquina, desde la pantalla de tu celular, desde la computadora de tu casa, desde donde sea) todo el condenado tiempo.
(Condenado; sí, esa es la palabra).

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