(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
.

sábado, 7 de diciembre de 2019

Crack

Y un día se terminó el amor. O se transformó, si es posible justificar mediante esa transmutación la falta de... de casi todo.

Ale me plantea un juego de responsabilidades. «¿Qué papel tuviste en dejar que las cosas llegaran hasta donde llegaron?», me pregunta. Y la respuesta es una triste admisión de protagonismo envuelto en paciencia, tozudez, esperanza y hasta inocencia. ¿Lo vi venir? No. ¿Lo percibí? Seguro; desde hace años. Planteé lo que pude, como pude, y creí todas las respuestas, incluso cuando no se condecían con las actitudes.

Meli argumentó (ante mi «No puedo creer que no quieras arreglar esto») que simplemente lo habíamos intentado sin encontrarle la vuelta. Y la verdad es que no: no veo que lo hayamos intentado. No veo que ella lo haya intentado, ni desde la acción ni desde el discurso. Nunca me pidió nada. Quizás esto último se deba a que ni ella sabe qué pasó, o cuándo, o por qué. Intento no perderme en especulaciones vanas, pero me resulta imposible no ver un mapa en las mil y una formas de excluirme (intencional y decididamente) de su vida, paso a paso, poco a poco.

¿Qué papel tuve? Me hice chiquita. Me corrí. Me dejé humillar y dejé que me pusieran en una posición en la que nunca quise estar. Dejé que me devolvieran acá, sola, gastada, quemada, más maltrecha que antes y worse for wear, mil veces peor. Y si parece que me desligo por completo de la responsabilidad, es porque siento que la única responsabilidad que me cabe es la de Benedetti (La culpa es de uno cuando no enamora...); porque, por sobre todas las cosas, me siento humillada e impotente.

Hoy, por primera vez en la vida, me vi en la hoja de un cuchillo. Nunca pensé que me fuera a pasar. Pero bueno, tampoco nunca pensé que iba a volver a esta situación, o que estuviera condenada a pasar el resto de mi vida sin Meli en alguna medida. Creo que ella aún piensa que, no sé, vamos a ser amigas, pero... ¿cómo se vuelve del destrato? ¿En qué universo paralelo podría, como amiga, sentarme a compartir mesa con ese grupo de amigos al que nunca me quiso presentar? ¿Y cómo me saco la sensación de que esa renuencia, ese lugar quitado, se fundaba en vergüenza provocada por mí? ¿Cómo se construye una amistad desde esta asimetría?

No hay comentarios: