Hay gente que tiene las cosas tan claras que a veces expresa los sentimientos de uno mucho mejor de lo que lo haríamos nosotros mismos.
Conocí a Tomás en 1996. Era mi primer año de secundaria, 13 años de pura inseguridad en una institución totalmente desconocida con compañeros que se conocían muy bien entre ellos; él era el director del colegio. Recuerdo que por alguna razón una tarde nos quedamos solos en el edificio unos 5 alumnos y él, y propuso hacernos una especie de «test psicológico». Me pidió que nombrara 3 animales y le dijera qué me gustaba de ellos. Creo que mis elegidos fueron el delfín, el caballo y el león. Acto seguido, hablé mínimo una hora en cuanto a lo mucho que me gustaban los delfines por lo listos que son y sus grandes esfuerzos para comunicarse con el resto de las especies. Pensándolo bien, no se requería de un genio para darse cuenta de lo identificada que me sentía con ellos.
Comunicación. De una u otra forma, toda mi vida gira alrededor de ella. Inconscientemente busqué dos carreras y dos trabajos que consistieran exactamente en eso: comunicar. Y no hay nada que valore más en otra persona que la voluntad de comunicarse. Por eso es que respeto tanto a Nat: coincidimos en muy pocas cosas, pero ella siempre tiene ganas de explicarme su punto y siempre tiene ganas de escuchar el mío, sin que ninguna de las dos intente convencer a la otra. Solo pretendemos comunicarnos, entendernos, para -llegado el caso- poder disentir tranquilamente.
Y esas son cosas que te da la adultez (y la madurez, sí, lo dije): aprender a no ser taxativo, a no juzgar tan abruptamente, a no ser tajante con respecto a las opiniones.
Básicamente, lo que ya dijo Marina, quien tiene las cosas tan claras que a veces expresa mis sentimientos mucho mejor de lo que lo haría yo misma.
I am he as you are he as you are me and we are all together


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