Hay veces que diez años son diez minutos.
Hay veces que diez años son diez años.
Y hay veces que diez años son diez mil años.
Hasta ahora, jamás me he encontrado a una mujer que no pretenda -directa o indirectamente, consciente o inconscientemente- ser como su madre. Sin importar cuánto la ame o la odie, la admire o la desprecie, cuán diferente piense que quiere ser.
(Y por lo general, quienes se parecen más son quienes no quieren ser como sus madres)
Si no, fijate si tus propias elecciones y decisiones -ahora y en términos de proyectos a futuro- no te llevan a eso.

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