That two men may be real friends, they must have opposite opinions, similar principles and different loves and hatreds.
François Rene de Chateubriand -
miércoles, 8 de enero de 2014
Pet (Redux)
viernes, 13 de septiembre de 2013
Cupcake, pt. X
miércoles, 2 de enero de 2013
Anew
Wouldn't wanna waste a thing
martes, 25 de septiembre de 2012
Locket
sábado, 30 de junio de 2012
The Lamplighter
lunes, 21 de mayo de 2012
El golpe que no duele aunque lastima
...hacé el lugar que haga falta
en vez de armarte una valija de viajero
para llevar lo que vale menos que su peso...
miércoles, 2 de mayo de 2012
Tomo II
domingo, 15 de abril de 2012
viernes, 23 de marzo de 2012
Validation
El martes a la madrugada se me dijo unas 30 veces que tengo que empezar a pensar más en mí misma, ser más egoísta, y cada vez me sonreí y negué con la cabeza, sin decir mucho más. ¿Cómo explicárselo a la persona más contradictoria del mundo? Buscar la felicidad con un sesgo individualista nunca puede NO redundar en la tristeza y la miseria propias. Es imposible ser feliz mediante el egoísmo, porque trunca nuestras relaciones sociales y nos hace sentir peor en cuanto a nosotros mismos; porque nos centra en nosotros y nos termina haciendo sucumbir ante las infelicidades de nuestro carácter, las imperfecciones de nuestra persona. Por eso es que no se puede ayudar a nadie sin que, al mismo tiempo, no nos ayudemos a nosotros mismos (y es algo simultáneo, no lineal). Por eso es que nuestro bienestar es el bienestar de los demás. Por eso es que jugarse por el otro, aunque no haya agua en la pileta, va siempre a lastimar infinitamente menos que ponerse en posición huevito para enfrentar las adversidades del mundo, y cerrarse. Por eso es que el miedo es algo tan terrible, y el egoísmo lo hace insalvable. That's why you can't really love yourself until you love everybody else, because they're just the pieces of yourself that you said no to*.
Por eso es que cada vez que alguien me dice eso, sé que soy infinitamente más feliz que mi interlocutor. Y, si puedo, intento que nivelemos para arriba.
lunes, 9 de enero de 2012
True Story
Y no sé si está tan bueno =P
(Por otro lado, es lindo que te agradezcan por hacer feliz a alguien que, además, querés que sea feliz - y que te hace feliz a vos)
miércoles, 28 de diciembre de 2011
Womanhood
Al menos en mi caso.
jueves, 20 de octubre de 2011
Ciclotimia
te canta la zamba
y dice, al cantar,
"no te puedo olvidar"...
Yo no canto por vos,
te canta la zamba
y cantando así
canta para mí...
Zambita cantá,
no la esperes más;
tenés que pensar
que si no volvió
es porque ya te olvidó.
y yo prefiero callar.
¿Para qué vamos a hablar
de cosas que ya no existen?
No sé para qué volviste,
ya ves que es mejor no hablar.
Qué pena me da saber que al final
de este amor ya no queda nada,
sólo una pobre canción
da vueltas por mi guitarra...
Mis manos ya son de barro,
tanto apretar al dolor,
y ahora que me falta el sol.
No sé que venís buscando,
llorando, mi amor, llorando...
También olvidame vos.
domingo, 8 de mayo de 2011
27 (Las viejas I)
En fin. El jueves 19 de junio de 2008 me encontraba junto a las Srtas. Mercau, Mata y Errozarena en la casa de esta última (incluiría fotos y referencias personales para que todos se ubiquen con quién es quién, pero mis impulsos autodestructivos y suicidas todavía no se han desarrollado lo suficiente -- básteme decir que son tres de mis pobres amigas / compañeras / psicólogas / cheffs / mártires de la causa que se mudaron a Mardel al mismo tiempo y para lo mismo que yo) cuando recibo una llamada telefónica. Era una de las ya mencionadas compañeras de trabajo, Valeria, que me avisaba gentilmente que al día siguiente me iban a pasar a buscar veinte minutos antes (7.35) porque teníamos que abrir nosotras. La llamada pasó sin pena ni gloria (yo estaba demasiado preocupada quejándome del exámen que habíamos tenido quince minutos antes, y de la vida en general, como para darle demasiada importancia), cruzamos dos palabras y corté relativamente rápido.
El problema se presentó la mañana siguiente: lluvia. Mucha lluvia sobre el tinglado de mi balcón. Y viento. Me levanté con tiempo de sobra, me vestí tranquila y bajé al hall del edificio (vivo en el 9no. piso). No estaba ni el encargado del edificio del frío que hacía; afuera no se veía nada, aparentemente se había cortado la luz del alumbrado público. Si bien yo tenía que caminar solo unos veinte metros hasta la esquina por donde me pasan a buscar usualmente, decidí que lo más inteligente era esperar adentro y pedir mediante las maravillas de la tecnología de telecomunicación celular que las chicas me avisaran cuando estuvieran cerca con el auto, así no me mojaba ni tomaba frío. No había terminado de enviar el mensaje cuando me llamó Valeria, para avisarme que en cinco minutos estaban en mi esquina. Así que, fiel a mi plan original, intenté maximizar el refugio que me ofrecía el edificio y esperé adentro tres minutos más. Luego me aventuré a la intemperie. Ya eran las 7.35.
Sorprendentemente, no hacía tanto frío y apenas garuaba. Sin embargo, el cielo encapotado amenazaba con chaparrón y el alumbrado seguía cortado, así que (temiendo que se largara a llover del todo, el tránsito se enloqueciera y mis buenas compañeras tuvieran dificultades para ver dónde estaba) decidí guarescerme en la esquina más reparada e iluminada: la esquina de la Farmacia, enfrente a mi cuadra. Esperé un par de minutos tanteando el celular en el bolsillo de la campera de jean (si, esa que tengo desde los quince -- todos ustedes la han visto alguna vez) cuando algo llamó mi atención. Desde la cuadra de mi edificio una mujer de unos treinta y uno, treinta dos años (quizás menos, pero bien disimulados por el paso del tiempo que no la perdonó en nada) cruzó la calle rápidamente y se me acercó sin titubeos.
"Hola! Mucho gusto! Mi nombre es María Celeste, encantada!" me dijo con entusiasmo, mientras me encajaba un beso en la mejilla derecha. Yo, con mis habilidades sociales intactas (es decir, sin estrenar), tan corta como siempre y desconcertada por el exceso de confianza demostrado por la desconocida, solo atiné un "hola" desabrido, saqué la mano del bolsillo e inconscientemente apreté contra la cadera el bolso que llevaba colgado. Y es que después de tantas historias de celulares robados en colectivos, acosadores con buzo blanco y/o azul y menores armados con navajas que gustan de asaltar a estudiantes universitarias... uno nunca puede ser demasiado cuidadoso.
Mi primer pensamiento fue: "si esta mina (sic) saca un arma me va a robar todo lo que tengo", lo cual incluía la billetera (que no tenía dinero pero si los documentos, el carnet de conducir, la recomendación y las tarjetas para el colectivo), el teléfono celular, las llaves del departamento (me imagino lo que hubiera sido ir a buscar el otro juego de llaves...), el tupper con el almuerzo (mi guiso de lentejas! no!!) y ahora que lo pienso, el estuche con todos mis CDs de MP3s. Me preocupó pensar que mis compañeras de trabajo estaban por llegar y si la mujer sacaba un arma y después veia que me llegaba ayuda, se podía desesperar y lastimar a alguna de ellas (el auto es un Gol tres puertas. Valeria se tiene que bajar para dejarme pasar al asiento trasero). Quizás si en el momento me hubiera dado cuenta que los CDs estaban en peligro hubiera hecho algo estúpido como pegarle un puntinazo a la mujer y salir corriendo. Pero básicamente, no me dio tiempo. María Celeste me sonrió y sin más miramientos fue directo al punto.
"¿Estás trabajando?"
La miré. La miré y no terminé de entender nada de lo que implicaba la pregunta. O quizás sí lo entendí pero no pude creer que me lo estaba preguntando a mí, porque atiné a balbucear algo como "no... sí, no... estoy esperando que me pasen a buscar para trabajar... digo! para ir a trabajar!". Y debo haber puesto cara de algo (horror, desconcierto, descreimiento, elijan) porque ella enseguida se dio cuenta de que había cometido un error y se puso a dar las disculpas del caso.
"¡Ah! ¡No! ¡Disculpame! Lo que pasa es que como yo trabajo esta esquina, te vi parada y pensé: 'otra chica se vino a trabajar acá', ¡y vine a presentarme! ¡Disculpame! ¡Ay, qué vergüenza, que papelón! ¡Un gusto igual"
Y sin que yo pudiera articular otra cosa que "No, está bien..." cruzó la calle justo en el mismo momento que lo hacía el auto de mis compañeras. Valeria se bajó del auto y yo me zambullí en el asiento trasero sin siquiera un hola, largando la carcajada.
"No van a creer lo que me acaba de pasar..."
Así que bueno, por supuesto que eso fue lo unico de lo que se hablo en la oficina durante. Hasta decidieron que yo necesitaba un nombre de trabajo, en caso de que se me ocurriera hacer "horas extras"!
Hablando en serio, yo saco algunas conclusiones profundas de esta experiencia:
1) El gremio está venido a menos (no, en serio. ¡¡Yo tenía puestos mis jeans 3 talles más grandes que los últimos que me compré!! ¡La campera de jean!).
2) La cobertura oftalmológica de la Obra Social de Profesionales de la Calle y Afines es muy deficiente.
3) Esta es, evidentemente, una profesión muy sacrificada. ¿7.40 a.m.? Es algo como para que reflexionen todas aquellas que lo están considerando: no se pueden levantar a las 10 a.m....
En defensa de mi nueva amiga voy a decir que en alguna ocasión trasnochada, volviendo por Falucho, yo había visto que alguien paraba ahí. De hecho hay un par de paradas más por la misma calle, pero yo pensé que eran todos travestis. Quiero decir, hasta ese momento solo había visto travestis...
¡Y después dicen que es difícil conseguir trabajo!
lunes, 3 de enero de 2011
Parabéns
__________________________________________________________________
Advice, like youth, probably just wasted on the young by Mary SchmichChicago Tribune - June 1, 1997
Inside every adult lurks a graduation speaker dying to get out, some world-weary pundit eager to pontificate on life to young people who'd rather be Rollerblading. Most of us, alas, will never be invited to sow our words of wisdom among an audience of caps and gowns, but there's no reason we can't entertain ourselves by composing a Guide to Life for Graduates.
I encourage anyone over 26 to try this and thank you for indulging my attempt. Ladies and gentlemen of the class of '97:
Wear sunscreen.
If I could offer you only one tip for the future, sunscreen would be it. The long-term benefits of sunscreen have been proved by scientists, whereas the rest of my advice has no basis more reliable than my own meandering experience. I will dispense this advice now.
Enjoy the power and beauty of your youth. Oh, never mind. You will not understand the power and beauty of your youth until they've faded. But trust me, in 20 years, you'll look back at photos of yourself and recall in a way you can't grasp now how much possibility lay before you and how fabulous you really looked. You are not as fat as you imagine.
Don't worry about the future. Or worry, but know that worrying is as effective as trying to solve an algebra equation by chewing bubble gum. The real troubles in your life are apt to be things that never crossed your worried mind, the kind that blindside you at 4 p.m. on some idle Tuesday.
Do one thing every day that scares you.
Sing.
Don't be reckless with other people's hearts. Don't put up with people who are reckless with yours.
Floss.
Don't waste your time on jealousy. Sometimes you're ahead, sometimes you're behind. The race is long and, in the end, it's only with yourself.
Remember compliments you receive. Forget the insults. If you succeed in doing this, tell me how.
Keep your old love letters. Throw away your old bank statements.
Stretch.
Don't feel guilty if you don't know what you want to do with your life. The most interesting people I know didn't know at 22 what they wanted to do with their lives. Some of the most interesting 40-year-olds I know still don't.
Get plenty of calcium. Be kind to your knees. You'll miss them when they're gone.
Maybe you'll marry, maybe you won't. Maybe you'll have children, maybe you won't. Maybe you'll divorce at 40, maybe you'll dance the funky chicken on your 75th wedding anniversary. Whatever you do, don't congratulate yourself too much, or berate yourself either. Your choices are half chance. So are everybody else's.
Enjoy your body. Use it every way you can. Don't be afraid of it or of what other people think of it. It's the greatest instrument you'll ever own.
Dance, even if you have nowhere to do it but your living room.
Read the directions, even if you don't follow them.
Do not read beauty magazines. They will only make you feel ugly.
Get to know your parents. You never know when they'll be gone for good. Be nice to your siblings. They're your best link to your past and the people most likely to stick with you in the future.
Understand that friends come and go, but with a precious few you should hold on. Work hard to bridge the gaps in geography and lifestyle, because the older you get, the more you need the people who knew you when you were young.
Live in New York City once, but leave before it makes you hard. Live in Northern California once, but leave before it makes you soft. Travel.
Accept certain inalienable truths: Prices will rise. Politicians will philander. You, too, will get old. And when you do, you'll fantasize that when you were young, prices were reasonable, politicians were noble and children respected their elders.
Respect your elders.
Don't expect anyone else to support you. Maybe you have a trust fund. Maybe you'll have a wealthy spouse. But you never know when either one might run out.
Don't mess too much with your hair or by the time you're 40 it will look 85.
Be careful whose advice you buy, but be patient with those who supply it. Advice is a form of nostalgia. Dispensing it is a way of fishing the past from the disposal, wiping it off, painting over the ugly parts and recycling it for more than it's worth.
But trust me on the sunscreen.
Bonus track: el video original de Baz Luhrmann.
