(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
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miércoles, 8 de enero de 2014

Pet (Redux)

Marina siempre fue un regalo. 

Lo fue a los 8, 9 años, en el colectivo donde nos vimos (y hablamos, qué sorpresa) por primera vez camino a no-sé-qué evento deportivo interescolar. Lo fue unos meses (¿años?) después, en la puerta del conservatorio donde yo estudiaba piano y guitarra -a dos cuadras de la casa de su madre- cuando me reconoció y frenó su bicicleta para saludarme.

(Años, yo tenía 11 años y estaba a punto de cambiarme a su escuela para empezar la secundaria).

Lo fue a los 12, en un colegio donde no conocía a nadie y todos hablaban un idioma que aun no entendía (literalmente; ella fue, informalmente, mi primera y más eficaz maestra de inglés).

Lo fue a los 15, cuando decidí cambiarme de secundaria un poco por capricho y otro poco por ser consciente de que mis padres ya no podían pagar la media beca que el colegio requería. Sé que eso le costó muchas lágrimas que no pudieron cambiar mi parecer, pero valieron el conocimiento de no ser completamente irrelevante en esta tierra.

(También fue, a esa edad, la primera persona fuera de mis padres que me dijo que me amaba -de un modo muy platónico, pero no por ello menos real-).

Lo fue a los 19, internadas un mes preparando Derecho Constitucional y Ciencias Políticas, la única materia que pude estudiar como si realmente quisiera hacerlo, tomando tés de sabores y orígenes extraños y usando resaltadores de colores brillantes en fotocopias prestadas.

Lo fue a los 25, cuando nació este blog. Lo fue a los 28, en una conversación con 10000 km de distancia, tratando de digerir demasiada información de una sola vez («es todo complicado, porque es una mina, y es más chica, y está re loca -no, no agarré la costumbre de salir con minas sin avisarte, cosas que pasan nomás-», «vos te das cuenta toda la info que hay en esa oraciòn, no???? nada que no pueda  manejar, pero bueno»).

Y lo es ahora, a la distancia, pero a diario.

M tiene muchas ganas de conocerla, y dice que es por cómo hablo de ella. Supongo que sí, hablo de un modo especial, porque mi relación con Marina es especial.

«... tengo un defecto y es que me creo demasiado que soy especial y que la gente conmigo tiene relaciones especiales... cuando era más chica me pasaba más... defecto o no, siempre tomé las relaciones de las personas conmigo como distintas a las que podían tener con el resto, entonces, lo que hiciste o dijiste conmigo, por más que no entrara en el estereotipo de amistad convencional, yo lo tomé como algo especial, como un reconocimiento hacia nuestra amistad ... después, me di cuenta que quizás para vos no era especial, sino la única forma de abrirte (que no lo hace menos especial, sino que es especial de otra forma)... vos tenías tu mundo, tu forma de ver todo, tu crianza, para mi super rara y que en muchos puntos, no compartíamos, pero me dejaste entrar (recuerdo con mucho cariño cada momento que pasé en tu casa, siempre me trataron como a uno más y posta, me marcó mucho), me lo mostraste sin la menor vergüenza (que no deberías tenerla, pero en cierto punto, en ese momento, creo que te debe haber resultado difícil siendo yo tan distinta) y eso es lo que importa...»

Es la única persona (bueno, una de las muy, muy pocas) que, siento, sabe exactamente lo que estoy pensando todo el tiempo y tiene siempre la palabra justa, lo cual contrasta espectacularmente con mi incapacidad de saber qué piensa la mayoría del tiempo. También es una de esas personas que puede poner en palabras claras pensamientos y sentimientos muy complejos que a menudo también son míos.

A decir verdad, no tengo idea de qué es lo que ella «obtiene» de nuestra relación, pero tampoco me interesa demasiado averiguarlo. Solamente sé que es. Es un regalo. Y quizás sea eso, al fin y al cabo, de lo que se trata la amistad.
That two men may be real friends, they must have opposite opinions, similar principles and different loves and hatreds.

François Rene de Chateubriand -

viernes, 13 de septiembre de 2013

Cupcake, pt. X

Dos horas antes, hablo con Flor. Le cuento que no tengo ganas, que estoy cansada, que ya no siento que cada encuentro me sea tan beneficioso. Me dice que tenga paciencia, porque es Flor, y porque a veces se ocupa de recordarme las cosas que ya sé que tengo que hacer.

-Me pasó algo. De una u otra forma, encontré un borrador de un mail que le escribí a Lu hace como diez meses, justo antes de conocer a M. ¿Te acordás que te conté que la última vez que la vi en plan de amistad la acompañé a la guardia porque estaba enferma, y después resultó que se había agarrado sinusitis por-...?
-Sí, sí.
-Bueno, después de eso, le escribí un mail que nunca llegué a mandarle, porque antes me enteré de todo lo otro... Las mentiras, los cuernos, todo. Pero ese mail, aunque ya le decía que no quería estar con ella, lo escribí con amor... con preocupación. Le puse un montón de cosas, ahí. Y el otro día lo encontré de casualidad, y lo leí.
-¿Y...?
-Y... fue un alivio. Me hizo bien. Porque me di cuenta que ya no siento nada de eso, y es liberador. O sea, pensá que nunca más me la volví a cruzar. Y a pesar de que cuando le dije que no la quería ver más lo dije en serio, de que todo lo que me enteré después me desdibujó totalmente quién era, y de que ya no estaba enganchada con ella porque si no no hubiera podido, no me hubiera metido con nadie más, siempre me quedó esa duda. Ese miedo a que la experiencia con ella me arruinara la vida, me marcara tanto que me arruinara la manera de relacionarme con otras personas, eso que vos me marcaste una de las primeras veces que vine. Miedo de no poder estar bien con M., de dejar que eso influyera. Miedo de ver a Lu y que se me cayera el mundo. Me la crucé, una vez. La vi de lejos un sábado en la facu y, aunque no me movió nada, preferí no cruzármela. Creo que ella también, que me vió y se fue de donde estaba para no tener que saludarnos. Por la razón que sea. Y yo me hice la tonta, también, por precaución. Es que durante tanto tiempo la amé tanto... Verla ese mediodía, aunque fuera de lejos, fue bueno. Sirvió para darme cuenta. Y leer el mail ese, darme cuenta de que ya no siento todo eso... o sea, por supuesto que aun mantengo muchas de las cosas que escribí... sigo pensando que una persona en esa situación necesita ayuda y siempre estoy dispuesta a dar una mano, pero ahora puedo darme cuenta y sentir que eso no tiene nada que ver conmigo... que no es mi lugar y tampoco lo deseo. Porque no es el tipo de ámbito, de gente, con el que quiero involucrarme, siquiera estar en contacto. Entonces me hizo bien.
-Porque necesitabas hacer un cierre. Porque ustedes tampoco nunca tuvieron una conversación...
-Claro. Es que no hubiera sido posible, y tampoco... no sé. Siento que nunca estuvimos en el mismo plano. Ahora, sabiendo todo lo que sé (que tampoco fue fácil de digerir), siento que el único tiempo en que las dos vivimos la misma realidad fueron esos dos, tres meses, desde que nos conocimos hasta que empezamos a estar... una, dos semanas después de eso. Y listo. Entonces, ¿cierre de qué? Si pasó tanto tiempo, y para las dos fue todo tan distinto. Creo que este fue un cierre de mí, conmigo misma. 
-Bueno, bien. Yo te iba a decir... ¿qué te parece si le damos un cierre también a este espacio? Nos vemos una vez más, en dos semanas, a modo de cierre. Porque creo que si bien uno siempre tiene cosas en las que trabajar, tenés las herramientas como para resolverlas bien.
-Creo que justo hoy le dije exactamente lo mismo a una de mis amigas. 

miércoles, 2 de enero de 2013

Anew

Este año empecé sin crédito en el celular, sin que eso importara porque el servicio de Movistar estaba caído e igualmente la única persona con quien querría comunicarme dormía al lado. Empezó en casa ajena, con familia ajena y un yeti de 2 metros que me declaró parte de los suyos. Empezó con música y banderas en mi corazón, y dos estrofas de Wish You Were Here que ahora son bastante mentirosas (aunque siempre queda gente que uno desearía tener más cerca, como Cami o Marina -gente que en realidad siempre está cerca igual-). Empezó con esa lluvia que amo tanto. Empezó con un poco de la inconsciencia que de a poco me vuelve a caracterizar; en este caso, la inconsciencia de olvidar si el año que pasó tuvo momentos malos (sí que los tuvo, y malos de verdad, pero no puedo -ni quiero, lo cual es quizás más importante- evocar el sentimiento). La inconsciencia de animarse a pensar que este año será mucho mejor.

Hola, 2013. 


Wouldn't wanna waste a thing

martes, 25 de septiembre de 2012

Locket

Mi trabajo requiere que colabore con muchas personas, algunas a quienes veo solo una vez en la vida. Aun a aquellas con quienes trabajo regularmente no las veo demasiado seguido y se ubican en oficinas alejadas, lo suficiente como para que la posibilidad de establecer un vínculo que vaya más allá de saludarnos cuando nos cruzamos sea un poco utópico.
Sin embargo, acaba de entrar Marcela, una de las supervisoras del Departamento de Enfermería, alguien a quien respeto profundamente por muchas razones. Entró para darme «una pavadita, un recuerdo de mi viaje; para vos, que sos una copada». Solo para eso. Entró y se fue, y me dejó apretando entre las manos este relicario de Estambul que también es una uña de dragón o un pelo de unicornio.

Y yo recuerdo mi último pensamiento de anoche: cómo me gustaría poder verme con los ojos de Malena. De Aldy, de Espe, de L quizás; de Karu, de Vico, de María. De Marce, ahora.  

sábado, 30 de junio de 2012

The Lamplighter


No solo me diste la vida, sino también la esperanza; me enseñaste que nadie tiene por qué conformarse con su propia mediocridad o miseria, que sin importar cuán grande la debilidad siempre se puede cambiar. Que yo elijo quién soy. Me enseñaste a valerme por mí misma y a no cometer los mismos errores que vos. De verte aprendí que la inteligencia y la cultura no tienen que ver con la instrucción formal. Aprendí la cultura del trabajo honrado, la responsabilidad, el honor y la misericordia. Aprendí a abrir la puerta de mi casa a quien lo necesite, para lo que lo necesite. Aprendí que siempre hay comida para uno más y una cama extra, empezando por la propia. Aprendí que soy una persona valiosa en mi individualidad, pero que también soy una en cinco y cinco en una, y los hermanos sean unidos. Que la honestidad es siempre la mejor política, pero que las cosas deben decirse a quien corresponde, en el momento que corresponde, en el lugar que corresponde. Y también aprendí, por tus ojos y tu ejemplo, cómo amar a una mujer de la forma más pura y generosa; cómo dejar que ese amor te salve y te redima.
Así que a pesar de todas las peleas, aunque todavía no te puedas dormir cada vez que salgo con el auto (por el auto, no por mí) y jamás puedas leer esto sin un sabor amargo (por lo cual nunca vas a leerlo): gracias, papi. Feliz cumpleaños. 

lunes, 21 de mayo de 2012

El golpe que no duele aunque lastima

Puede que la noche del sábado haya soñado que iba a ver a Flopa Minimal (a quienes vi el 2 de diciembre, y me cambiaron la vida) y terminaba estando con Florencia Lestani. Después de tamaña confesión, diré que estoy esperando con ansias que vengan a presentar La piedra en el aire (debo haber estado entre las diez primeras personas en contestar para participar del concierto vaquero), disco que se puede bajar legalmente acá. Solo porque son unos genios.  

(Todas las canciones son geniales, aunque por alguna razón yo siempre termino enganchada, enroscada, con todo lo que tiene que ver con Manza Esaín -Feriado, en este caso, pero también Dejadez y No más-)

Y ya que estamos en tema, felicidad es eso que se siente mientras vas por la RN 226, esquivando autos a toda velocidad (pero de modo muy seguro, eh) y escuchando / cantando a voz de cuello Todo lo que ya no sirve.

La yapa, un chicle que de chicle no tiene nada...


...hacé el lugar que haga falta
en vez de armarte una valija de viajero
para llevar lo que vale menos que su peso...

miércoles, 2 de mayo de 2012

Tomo II

Vos estás para estar con alguien bien

A veces las cosas vienen de quien menos las esperamos. A veces las palabras más lindas, más dulces, más claras, vienen de alguien a quien recién conocés, que es un poco vos, pero no. A veces vienen de la persona que te acaba de preguntar –medio en broma, medio en serio- si te vas a llevar eso que le es más preciado que cualquier otra cosa. A veces quien se supone que debería resentirte te regala un poco de paz en una tarde de otoño. 

Entonces, me río un poquito más. Me creo que vivo en un terrón de azúcar de un café de la calle Medrano, o que me quedé en el volumen perdido de mi Whitman, que algún día conseguirá el dueño de ese puesto en la feria de libros usados de plaza Italia; tirito un poquito en una esquina de Neuquén o bostezo en un futón siete pisos arriba de la avenida Moreno. Y la luz es tan fuerte que no hay lugar para sombras, y sale el sol en plena noche porteña. 

Come, September.

 
So come, pick me up: I’ve landed.

viernes, 23 de marzo de 2012

Validation

Ayer, por cuestiones que no vienen al caso, pasé una horita trabajando sobre una entrevista en la que se hablaba de la búsqueda de la felicidad. El tema me complicó la concentración y finalmente se quedó conmigo toda la noche. L ya me lo había mencionado el viernes, pero yo tenía un día dialéctico y seguimos charlando de nuestra necesidad de tener estructuras flexibles que nos ayuden a ordenarnos.

El martes a la madrugada se me dijo unas 30 veces que tengo que empezar a pensar más en mí misma, ser más egoísta, y cada vez me sonreí y negué con la cabeza, sin decir mucho más. ¿Cómo explicárselo a la persona más contradictoria del mundo? Buscar la felicidad con un sesgo individualista nunca puede NO redundar en la tristeza y la miseria propias. Es imposible ser feliz mediante el egoísmo, porque trunca nuestras relaciones sociales y nos hace sentir peor en cuanto a nosotros mismos; porque nos centra en nosotros y nos termina haciendo sucumbir ante las infelicidades de nuestro carácter, las imperfecciones de nuestra persona. Por eso es que no se puede ayudar a nadie sin que, al mismo tiempo, no nos ayudemos a nosotros mismos (y es algo simultáneo, no lineal). Por eso es que nuestro bienestar es el bienestar de los demás. Por eso es que jugarse por el otro, aunque no haya agua en la pileta, va siempre a lastimar infinitamente menos que ponerse en posición huevito para enfrentar las adversidades del mundo, y cerrarse. Por eso es que el miedo es algo tan terrible, y el egoísmo lo hace insalvable. That's why you can't really love yourself until you love everybody else, because they're just the pieces of yourself that you said no to*.

Por eso es que cada vez que alguien me dice eso, sé que soy infinitamente más feliz que mi interlocutor. Y, si puedo, intento que nivelemos para arriba.

lunes, 9 de enero de 2012

True Story

Fun fact: las madres me aman. Siempre. 100% de efectividad. Todavía no sé muy bien por qué, pero es así.

Y no sé si está tan bueno =P

(Por otro lado, es lindo que te agradezcan por hacer feliz a alguien que, además, querés que sea feliz - y que te hace feliz a vos)

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Womanhood

Finalmente comprendí cómo funciona eso de sublimar tristezas al hacer compras...

Al menos en mi caso.

jueves, 20 de octubre de 2011

Ciclotimia

Yo no canto por vos,
te canta la zamba
y dice, al cantar,
"no te puedo olvidar"...

Yo no canto por vos,
te canta la zamba
y cantando así
canta para mí...

Zambita cantá,
no la esperes más;
tenés que pensar
que si no volvió
es porque ya te olvidó.

La tarde se ha puesto triste
y yo prefiero callar.
¿Para qué vamos a hablar
de cosas que ya no existen?
No sé para qué volviste,
ya ves que es mejor no hablar.

Qué pena me da saber que al final
de este amor ya no queda nada,
sólo una pobre canción
da vueltas por mi guitarra...

Mis manos ya son de barro,
tanto apretar al dolor,
y ahora que me falta el sol.
No sé que venís buscando,
llorando, mi amor, llorando...
También olvidame vos.

domingo, 8 de mayo de 2011

27 (Las viejas I)

Para aquellos que no han seguido muy de cerca el culebrón de segunda que es mi vida (hay algunos que lo han seguido demasiado de cerca; a ellas van las disculpas del caso), que al mes de mudarme a Mar del Plata comencé a trabajar como empleada administrativa para una compañía pesquera. Eran unas 56 horas por semana (repartidas de lunes a sábado) y algunas tardes tenía clase en la Universidad. Las tareas no eran muy diferentes a las que hacía en el estudio en Tandil, pero la oficina me quedaba bastante lejos del departamento donde habitaba (una hora y 15' caminando, mas o menos). Lo bueno es que entre mis compañeros de trabajo había un par de chicas que vivían en el centro, relativamente cerca de mi casa, así que durante un tiempo me pasaron a buscar todas las mañanas. Eso tenía TODAS las ventajas, ya que no sólo podía dormir un poquito más sino que además me ahorraba un pasaje de colectivo.

En fin. El jueves 19 de junio de 2008 me encontraba junto a las Srtas. Mercau, Mata y Errozarena en la casa de esta última (incluiría fotos y referencias personales para que todos se ubiquen con quién es quién, pero mis impulsos autodestructivos y suicidas todavía no se han desarrollado lo suficiente -- básteme decir que son tres de mis pobres amigas / compañeras / psicólogas / cheffs / mártires de la causa que se mudaron a Mardel al mismo tiempo y para lo mismo que yo) cuando recibo una llamada telefónica. Era una de las ya mencionadas compañeras de trabajo, Valeria, que me avisaba gentilmente que al día siguiente me iban a pasar a buscar veinte minutos antes (7.35) porque teníamos que abrir nosotras. La llamada pasó sin pena ni gloria (yo estaba demasiado preocupada quejándome del exámen que habíamos tenido quince minutos antes, y de la vida en general, como para darle demasiada importancia), cruzamos dos palabras y corté relativamente rápido.

El problema se presentó la mañana siguiente: lluvia. Mucha lluvia sobre el tinglado de mi balcón. Y viento. Me levanté con tiempo de sobra, me vestí tranquila y bajé al hall del edificio (vivo en el 9no. piso). No estaba ni el encargado del edificio del frío que hacía; afuera no se veía nada, aparentemente se había cortado la luz del alumbrado público. Si bien yo tenía que caminar solo unos veinte metros hasta la esquina por donde me pasan a buscar usualmente, decidí que lo más inteligente era esperar adentro y pedir mediante las maravillas de la tecnología de telecomunicación celular que las chicas me avisaran cuando estuvieran cerca con el auto, así no me mojaba ni tomaba frío. No había terminado de enviar el mensaje cuando me llamó Valeria, para avisarme que en cinco minutos estaban en mi esquina. Así que, fiel a mi plan original, intenté maximizar el refugio que me ofrecía el edificio y esperé adentro tres minutos más. Luego me aventuré a la intemperie. Ya eran las 7.35.

Sorprendentemente, no hacía tanto frío y apenas garuaba. Sin embargo, el cielo encapotado amenazaba con chaparrón y el alumbrado seguía cortado, así que (temiendo que se largara a llover del todo, el tránsito se enloqueciera y mis buenas compañeras tuvieran dificultades para ver dónde estaba) decidí guarescerme en la esquina más reparada e iluminada: la esquina de la Farmacia, enfrente a mi cuadra. Esperé un par de minutos tanteando el celular en el bolsillo de la campera de jean (si, esa que tengo desde los quince -- todos ustedes la han visto alguna vez) cuando algo llamó mi atención. Desde la cuadra de mi edificio una mujer de unos treinta y uno, treinta dos años (quizás menos, pero bien disimulados por el paso del tiempo que no la perdonó en nada) cruzó la calle rápidamente y se me acercó sin titubeos.

"Hola! Mucho gusto! Mi nombre es María Celeste, encantada!" me dijo con entusiasmo, mientras me encajaba un beso en la mejilla derecha. Yo, con mis habilidades sociales intactas (es decir, sin estrenar), tan corta como siempre y desconcertada por el exceso de confianza demostrado por la desconocida, solo atiné un "hola" desabrido, saqué la mano del bolsillo e inconscientemente apreté contra la cadera el bolso que llevaba colgado. Y es que después de tantas historias de celulares robados en colectivos, acosadores con buzo blanco y/o azul y menores armados con navajas que gustan de asaltar a estudiantes universitarias... uno nunca puede ser demasiado cuidadoso.

Mi primer pensamiento fue: "si esta mina (sic) saca un arma me va a robar todo lo que tengo", lo cual incluía la billetera (que no tenía dinero pero si los documentos, el carnet de conducir, la recomendación y las tarjetas para el colectivo), el teléfono celular, las llaves del departamento (me imagino lo que hubiera sido ir a buscar el otro juego de llaves...), el tupper con el almuerzo (mi guiso de lentejas! no!!) y ahora que lo pienso, el estuche con todos mis CDs de MP3s. Me preocupó pensar que mis compañeras de trabajo estaban por llegar y si la mujer sacaba un arma y después veia que me llegaba ayuda, se podía desesperar y lastimar a alguna de ellas (el auto es un Gol tres puertas. Valeria se tiene que bajar para dejarme pasar al asiento trasero). Quizás si en el momento me hubiera dado cuenta que los CDs estaban en peligro hubiera hecho algo estúpido como pegarle un puntinazo a la mujer y salir corriendo. Pero básicamente, no me dio tiempo. María Celeste me sonrió y sin más miramientos fue directo al punto.

"¿Estás trabajando?"

La miré. La miré y no terminé de entender nada de lo que implicaba la pregunta. O quizás sí lo entendí pero no pude creer que me lo estaba preguntando a mí, porque atiné a balbucear algo como "no... sí, no... estoy esperando que me pasen a buscar para trabajar... digo! para ir a trabajar!". Y debo haber puesto cara de algo (horror, desconcierto, descreimiento, elijan) porque ella enseguida se dio cuenta de que había cometido un error y se puso a dar las disculpas del caso.

"¡Ah! ¡No! ¡Disculpame! Lo que pasa es que como yo trabajo esta esquina, te vi parada y pensé: 'otra chica se vino a trabajar acá', ¡y vine a presentarme! ¡Disculpame! ¡Ay, qué vergüenza, que papelón! ¡Un gusto igual"

Y sin que yo pudiera articular otra cosa que "No, está bien..." cruzó la calle justo en el mismo momento que lo hacía el auto de mis compañeras. Valeria se bajó del auto y yo me zambullí en el asiento trasero sin siquiera un hola, largando la carcajada.

"No van a creer lo que me acaba de pasar..."

Así que bueno, por supuesto que eso fue lo unico de lo que se hablo en la oficina durante. Hasta decidieron que yo necesitaba un nombre de trabajo, en caso de que se me ocurriera hacer "horas extras"!

Hablando en serio, yo saco algunas conclusiones profundas de esta experiencia:

1) El gremio está venido a menos (no, en serio. ¡¡Yo tenía puestos mis jeans 3 talles más grandes que los últimos que me compré!! ¡La campera de jean!).
2) La cobertura oftalmológica de la Obra Social de Profesionales de la Calle y Afines es muy deficiente.
3) Esta es, evidentemente, una profesión muy sacrificada. ¿7.40 a.m.? Es algo como para que reflexionen todas aquellas que lo están considerando: no se pueden levantar a las 10 a.m....

En defensa de mi nueva amiga voy a decir que en alguna ocasión trasnochada, volviendo por Falucho, yo había visto que alguien paraba ahí. De hecho hay un par de paradas más por la misma calle, pero yo pensé que eran todos travestis. Quiero decir, hasta ese momento solo había visto travestis...

¡Y después dicen que es difícil conseguir trabajo!

lunes, 3 de enero de 2011

Parabéns

Sí, ya sé: el año nuevo pasó hace un par de días. Sin embargo, quería aprovechar la última oportunidad de «robar» con el tema e incluir el siguiente texto que, si bien es bastante Hallmark (hehe), no deja de dar en el clavo (después de todo, ¿qué mejor fecha para ser Hallmark-y que durante las fiestas?).
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Advice, like youth, probably just wasted on the young by Mary Schmich

Chicago Tribune - June 1, 1997

Inside every adult lurks a graduation speaker dying to get out, some world-weary pundit eager to pontificate on life to young people who'd rather be Rollerblading. Most of us, alas, will never be invited to sow our words of wisdom among an audience of caps and gowns, but there's no reason we can't entertain ourselves by composing a Guide to Life for Graduates.

I encourage anyone over 26 to try this and thank you for indulging my attempt. Ladies and gentlemen of the class of '97:

Wear sunscreen.

If I could offer you only one tip for the future, sunscreen would be it. The long-term benefits of sunscreen have been proved by scientists, whereas the rest of my advice has no basis more reliable than my own meandering experience. I will dispense this advice now.

Enjoy the power and beauty of your youth. Oh, never mind. You will not understand the power and beauty of your youth until they've faded. But trust me, in 20 years, you'll look back at photos of yourself and recall in a way you can't grasp now how much possibility lay before you and how fabulous you really looked. You are not as fat as you imagine.

Don't worry about the future. Or worry, but know that worrying is as effective as trying to solve an algebra equation by chewing bubble gum. The real troubles in your life are apt to be things that never crossed your worried mind, the kind that blindside you at 4 p.m. on some idle Tuesday.

Do one thing every day that scares you.

Sing.

Don't be reckless with other people's hearts. Don't put up with people who are reckless with yours.

Floss.

Don't waste your time on jealousy. Sometimes you're ahead, sometimes you're behind. The race is long and, in the end, it's only with yourself.

Remember compliments you receive. Forget the insults. If you succeed in doing this, tell me how.

Keep your old love letters. Throw away your old bank statements.

Stretch.

Don't feel guilty if you don't know what you want to do with your life. The most interesting people I know didn't know at 22 what they wanted to do with their lives. Some of the most interesting 40-year-olds I know still don't.

Get plenty of calcium. Be kind to your knees. You'll miss them when they're gone.

Maybe you'll marry, maybe you won't. Maybe you'll have children, maybe you won't. Maybe you'll divorce at 40, maybe you'll dance the funky chicken on your 75th wedding anniversary. Whatever you do, don't congratulate yourself too much, or berate yourself either. Your choices are half chance. So are everybody else's.

Enjoy your body. Use it every way you can. Don't be afraid of it or of what other people think of it. It's the greatest instrument you'll ever own.

Dance, even if you have nowhere to do it but your living room.

Read the directions, even if you don't follow them.

Do not read beauty magazines. They will only make you feel ugly.

Get to know your parents. You never know when they'll be gone for good. Be nice to your siblings. They're your best link to your past and the people most likely to stick with you in the future.

Understand that friends come and go, but with a precious few you should hold on. Work hard to bridge the gaps in geography and lifestyle, because the older you get, the more you need the people who knew you when you were young.

Live in New York City once, but leave before it makes you hard. Live in Northern California once, but leave before it makes you soft. Travel.

Accept certain inalienable truths: Prices will rise. Politicians will philander. You, too, will get old. And when you do, you'll fantasize that when you were young, prices were reasonable, politicians were noble and children respected their elders.

Respect your elders.

Don't expect anyone else to support you. Maybe you have a trust fund. Maybe you'll have a wealthy spouse. But you never know when either one might run out.

Don't mess too much with your hair or by the time you're 40 it will look 85.

Be careful whose advice you buy, but be patient with those who supply it. Advice is a form of nostalgia. Dispensing it is a way of fishing the past from the disposal, wiping it off, painting over the ugly parts and recycling it for more than it's worth.

But trust me on the sunscreen.

Bonus track: el video original de Baz Luhrmann.