Nadie rebaje a lágrima o reprochePaul Groussac fue un grande de las letras a quien, en 1885, se designó como director de la Biblioteca Nacional; mantuvo ese cargo hasta 1929, año en que falleció, a pesar de haber perdido la vista bastante antes. Y en este 2010, en el que todos forzamos la historia para encontrar coincidencias con el 1986 que nos vió campeones mundiales, es interesante ver el paralelo que el mismo Borges marca. Después de todo, también la ceguera empañó su tan ansiada designación, que llegó recién en 1955.
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.
De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden
las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.
De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.
Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.
Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.
Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.
Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.
¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?
Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.
No fueron los únicos: José Mármol también puede sumarse a esta ilustre lista, y da para pensar. Quizás el tema no es que Dios le da pan al que no tiene dientes. Quizás, para tener el pan, hay que esperar a haber perdido los dientes, y he allí la prueba. Quizás el tema es ver si, mientras tanto, hemos mantenido la fe lo suficiente como para comprar una Minipimer.

1 comentario:
(:
me encantan estos poemas de Borges que colgas :D
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