(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
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viernes, 13 de marzo de 2009

Bright Lights

Tengo cincuenta millones de mails sin contestar.

Es cierto, le debo una vela a cada santo. A decir verdad, hace mucho que no siento ganas de escribir nada... hoy actualizo porque me veo forzada. Soy caprichosa y orgullosa, y éste es el anochecer complicado de una semana difícil que todavía no termina. Creo que han sido muchas cosas juntas que ni siquiera registré, y en lo único que puedo pensar en éste momento es que la racha de buena suerte (increíble) que se viene prolongando desde hace un par de semanas sólo puede significar que este año va a ser el más duro de todos...

Hace unos... diez años, aposté por primera vez, y perdí. Plata, pero me consideré conforme porque me dió gusto que resultara así. Aclaro, no me gusta perder ni a la bolita, pero yo me las había arreglado para apostar en contra de aquello que quería que sí sucediera, y asegurarme un resultado positivo de cualquiera de las dos formas. Desde entonces esa fue mi política: apostar a perder. Y quizás ésta postura de esperar siempre lo peor (con una sonrisa, pero lo peor) quizás sea parte de eso: si todo sale bien, genial; pero si las cosas salen mal, al menos yo tenía razón y estaba psicológicamente preparada.

Sin embargo, ahí está el problema... ahí está la falacia. Hay veces que no importa cuanto se apueste, el corazón quiere lo que quiere y no hay pesimismo en el mundo que te prepare para la circunstancia adversa... porque uno en el fondo es el mismo idiota de siempre y espera, hoping against hope. "Every man who has ever lived holds tight to the belief that, for him alone, the laws of probability are cancelled out by love", escribió Steinbeck, y nos damos la cabeza contra la pared una y otra, y otra vez.

Y parece que yo siempre, siempre, tengo la razón.

(Ojo, creo firmemente que ser "el mismo idiota de siempre" es la única forma de vivir minimamente feliz, pero cómo duele a veces...)

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