Es karma, me dijo ella.
¿Cómo resentir a una persona por las mismas razones por las que se la ama?
Hoy crecí. Mi argumento para quejarme (porque según mamá, siempre me tengo que estar quejando de algo) es que quizás podría haber crecido más. Podría haber volado. Podría haber dejado de ser yo, o quizás podría haber sido yo por completo. Nunca lo sabremos.
Vos tendrías que estar en mi lugar, y yo en el tuyo. Sería mejor, ¿no?... Hmm... No, ¿no? Es karma...
Pero no. El día que lo conocí, Dani me dijo que creía que todos tenemos menos de lo que nos merecemos, y fuimos amigos. ¿Cómo explicar esto, si no? De todas las personas que hubieran podido quedar en el medio de este accidente ferroviario que todos vieron venir desde el principio, a la única que hubiera eximido es a ella. Y no lo hice. Fui egoísta, porque hubiera sido fácil odiar a cualquier otra persona, pero yo no puedo darme el lujo de odiar. Fui egoísta, porque sabía que ella iba a estar, que nunca podría odiarla, y cerré los ojos y me odié por hacerlo. A mí misma, pero a nadie más.
¿Cómo resentir a alguien por hacer exactamente lo mismo que uno hubiera hecho en ese lugar? ¿Cómo no asentir cuando uno está de acuerdo, aun en detrimento de sí mismo?
Hoy crecí. Fui más allá de lo que me creía capaz. Me desafié a mí misma, perdí y gané. Tuve razón, como siempre en estas ocasiones, cuando hubiera preferido morir equivocada. Lloré de dolor, físico. Y después me reí, nos reímos juntas. Porque no se puede llorar demasiado cuando no hay culpables, ni víctimas, ni victimarios.
Somos, al fin, la conjunción de tantas personas, elementos y circunstancias... y es tan fácil preguntarse qué hubiera sucedido si tan sólo una de esas variables fuera diferente... A menudo pienso en todas las oportunidades de no estar aquí que se presentaron por el camino, pero es un ejercicio inútil. Somos, estamos. Y cuando pienso en la remera que se descosió diez minutos antes de salir hacia el casamiento, y lo cerca que estuve de no ir a buscar el auto, en la UCA y no CAECE, en Patricio, en los veranos sin sol, en la fotocopia de Análisis de Discurso, en los platos que hubo que secar, en el router del vecino, en la guía de la persiana... Haría las cosas de forma diferente; pero si es el precio que hay que pagar, lo pagaría una y otra vez.
Y no es porque entienda, porque no. No entiendo, de hecho. No entiendo por qué, ni por qué ahora, o así... No entiendo el juego, ni las reglas, ni los jugadores... ni siquiera mi rol. Las convenciones me escapan, la lógica me elude. Sin embargo, hoy estuve del lado de adentro. Y aunque hubiera preferido que todo fuera diferente, al menos jugué.
Hoy fui amiga, y es más de lo que jamás pensé poder ser.
lunes, 3 de agosto de 2009
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