Media docena de opciones: el genio, el bueno, el músico, el médico, el amigo del amigo, el desconocido.
Nada.
Tengo las manos llenas de nada; los dientes apretados, el pecho dolorido, la sonrisa fija, los ojos cansados. Lo que agota no es el viaje sino el no poder disfrutarlo.
Equivoco las señales del camino, el mapa se desdibuja. Las ideas claras escasean y las palabras claras golpean. La próxima vez quizás diga que no necesito que me expliquen, sólo que me entiendan. Aun así estaré mintiendo.
El sabor amargo en mi boca es familiar, no tiene que ver con él. Las caras son diferentes, pero es más de lo mismo. Nos ofrecemos a intercambiar lugares inutilmente; eso ya ha sucedido. Tu vida es la mía, ahora, mi deseo ha sido concedido: finalmente te comprendo.
Escapo.
martes, 4 de agosto de 2009
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