Hoy tengo ganas de quedarme así, como estoy, para siempre: muda. Sin necesidad de entretener a nadie o contestar nada, sin estar cansada del sonido de mi propia voz. Escuchar, escuchar, escuchar, escuchar y nunca hablar, no por precaución o irrelevancia, ni por desinterés del otro. Porque no se puede, solamente por eso.
Entonces quizás recuerde que no sirve. Y quizás así deje de llenar los silencios, y las ausencias de información, y deje de imaginarme cosas (y cuando no las imagine, que nadie pueda culparme por no haberlo hecho).
Dale, que me lo tomo como una señal, y me callo.
jueves, 19 de mayo de 2011
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