Lo miró: los ojos rasgados, entreabiertos pero brillantes; la boca amplia, los dientes blancos... le pareció ver hoyuelos. Le sonrió mientras se mordía el labio, y no pudo evitar acordarse.
Cómo me gustás cuando estás en gracioso conmigo.
(«Las chicas buenas no se resisten a que las quieran bien.»)

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