Intento empezar y freno. Hace tiempo que no escribo, quizás no quiero. Extraño, te extraño, y escribo solamente porque sé que no vas a leer (o eso me digo para aplacar la culpa de ser tan débil - sos mala, en este momento estás siendo mala).
Hay un momento entre la oscuridad total del sueño y la conciencia plena del despertar en que recuerdo todo, y para cuando abro los ojos ya los tengo llenos de lágrimas. Siempre es difícil respirar a la mañana. Recuerdo haber estado peor muchas veces; haber llorado más, haberme enojado más, haberme sentido más desesperada. Esto es diferente, en verdad: me siento abatida, agotada, exhausta, golpeada. Golpeada hasta el cansancio, cansada hasta las lágrimas. Mi corazón no está roto -- eso sería un cliché, uno grande como una casa, y una mentira aun más gigantesca. Mi corazón no está roto, no puede estarlo. Si así fuera, habría pedazos, trozos con filo y punta que servirían, al menos, para lastimar. No es el caso. Está, simplemente, un poco desgarrado; lo suficiente como para no servir para absolutamente nada por ahora. Todo duele.
Y lo que más duele es no poder disfrutar de lo lindo, todo lo lindo que fue.
Porque fue lindo.
Fue hermoso.
Hermoso.
(Aun ahora, aun la forma en que me acomodaste el pelo el domingo, cómo me mirabas mientras me acariciabas la mejilla esa última noche - ouch
Pensar que con o sin razón te preocupás por que a mí no me duela, que me lastime menos - ouch ouch ouch)
Creo que la única cosa que aplaca un poco el dolor, es saber que vos también lo sentís así.
Esos son los únicos momentos de paz completa, cuando te abrís conmigo aunque sea un poquito. Y es difícil pensar que a vos te hace tan mal, que yo te hago tan mal, queriéndote tanto (me cuesta, soy terca, me cuesta, sigo pensando que-). Es lo único que me contiene, que hace que no te escriba, que no te llame, que dude en verte. Darme cuenta que soy yo. Bah, no soy yo, no es personal. Pero yo no ayudo. Entonces, por vos, me la banco. Aunque te extrañe tantotantotantotanto...
(También es miedo, siempre es miedo, de que finalmente nome quieras verme nunca más -- y qué idiota decir eso, cuando fui yo quien tiró la primera piedra, con el corazón estrujado y la garganta hecha un nudo)
Tengo que pensar que si quiero que alguna vez confíes en mí (¿lo hiciste alguna vez? yo creía que sí), entonces yo tengo que confiar en vos. Confiar en que al menos te vas a dar cuenta de que podés apoyarte en mí. Y yo, dejar de presionar.
Qué difícil saber qué es lo correcto con vos. Siempre fue más fácil besarte, como si eso te sanara de la misma forma que a mí.
Hay un momento entre la oscuridad total del sueño y la conciencia plena del despertar en que recuerdo todo, y para cuando abro los ojos ya los tengo llenos de lágrimas. Siempre es difícil respirar a la mañana. Recuerdo haber estado peor muchas veces; haber llorado más, haberme enojado más, haberme sentido más desesperada. Esto es diferente, en verdad: me siento abatida, agotada, exhausta, golpeada. Golpeada hasta el cansancio, cansada hasta las lágrimas. Mi corazón no está roto -- eso sería un cliché, uno grande como una casa, y una mentira aun más gigantesca. Mi corazón no está roto, no puede estarlo. Si así fuera, habría pedazos, trozos con filo y punta que servirían, al menos, para lastimar. No es el caso. Está, simplemente, un poco desgarrado; lo suficiente como para no servir para absolutamente nada por ahora. Todo duele.
Y lo que más duele es no poder disfrutar de lo lindo, todo lo lindo que fue.
Porque fue lindo.
Fue hermoso.
Hermoso.
(Aun ahora, aun la forma en que me acomodaste el pelo el domingo, cómo me mirabas mientras me acariciabas la mejilla esa última noche - ouch
Pensar que con o sin razón te preocupás por que a mí no me duela, que me lastime menos - ouch ouch ouch)
Creo que la única cosa que aplaca un poco el dolor, es saber que vos también lo sentís así.
Esos son los únicos momentos de paz completa, cuando te abrís conmigo aunque sea un poquito. Y es difícil pensar que a vos te hace tan mal, que yo te hago tan mal, queriéndote tanto (me cuesta, soy terca, me cuesta, sigo pensando que-). Es lo único que me contiene, que hace que no te escriba, que no te llame, que dude en verte. Darme cuenta que soy yo. Bah, no soy yo, no es personal. Pero yo no ayudo. Entonces, por vos, me la banco. Aunque te extrañe tantotantotantotanto...
(También es miedo, siempre es miedo, de que finalmente no
Tengo que pensar que si quiero que alguna vez confíes en mí (¿lo hiciste alguna vez? yo creía que sí), entonces yo tengo que confiar en vos. Confiar en que al menos te vas a dar cuenta de que podés apoyarte en mí. Y yo, dejar de presionar.
Qué difícil saber qué es lo correcto con vos. Siempre fue más fácil besarte, como si eso te sanara de la misma forma que a mí.
Y me hacés hablar / A veces es mejor quedarse quieto / con el trago en la mano en un rincón.

No hay comentarios:
Publicar un comentario