Me gustan las personas curiosas. Me gusta la gente que es curiosa casi hasta el borde de la sociopatía; la que pregunta todo lo que tiene que preguntar, pero es suficientemente inteligente como para sacar la mayor cantidad de información posible de fuentes menos directas (y así quedar menos en evidencia).
Ayer mientras hablaba con L me di cuenta que nuestro diálogo era casi una entrevista. No me molestó, para nada (obviemos que nuestra primera conversación fue una especie de competencia a ver quién averiguaba más de la otra mediante internet), pero me pregunté cuántas de mis conversaciones quizás hayan sido igual sin que yo me diera cuenta. Y es que no pasa por no tener nada que ocultar, por sentirme cómoda con quien soy o decir cosas que pienso y creo; no es que me guste hablar de mí misma (para eso se tiene un blog -ups-). Simplemente, creo que en esos casos aprendo más de mi interlocutor por sus preguntas, su decisión, sus pausas, sus titubeos, que lo que aprendería de sus respuestas.
Y yo soy la más curiosa de las personas.
Ayer mientras hablaba con L me di cuenta que nuestro diálogo era casi una entrevista. No me molestó, para nada (obviemos que nuestra primera conversación fue una especie de competencia a ver quién averiguaba más de la otra mediante internet), pero me pregunté cuántas de mis conversaciones quizás hayan sido igual sin que yo me diera cuenta. Y es que no pasa por no tener nada que ocultar, por sentirme cómoda con quien soy o decir cosas que pienso y creo; no es que me guste hablar de mí misma (para eso se tiene un blog -ups-). Simplemente, creo que en esos casos aprendo más de mi interlocutor por sus preguntas, su decisión, sus pausas, sus titubeos, que lo que aprendería de sus respuestas.
Y yo soy la más curiosa de las personas.

2 comentarios:
Ahora me quedé con las ganas de saber por qué pensás que la charla del otro día fue como una entrevista. Y, por supuesto, qué cosas aprendiste de mí por mis preguntas periodísticas.
Bien dicho, te quedaste con las ganas =P
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