(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
.

miércoles, 14 de enero de 2009

La Venda

Mi memoria y yo somos una pareja dispareja -- o quizás la más pareja de todas, je. No sé muy bien cuándo empecé, o por qué, o si fue una decisión consciente, pero un día me encontré hablando de cosas y mencionando detalles que sólo yo recordaba. Lo cual es completamente bizarro, porque mi memoria no es para nada buena... sin embargo a veces parece que o determinadas cosas sólo son recordadas por mí (es una idea extraña, en inglés sería más fácil expresarla quizás).

A veces es entendible, porque las cosas que recuerdo tienen que ver con gente y con sentimientos; los números vienen y van, y sólo se quedan cuando se me hacen personas. Y en ese sentido supongo que es parte de la persona que elegí ser, que presta atención a los detalles porque a veces ellos encierran las grandes verdades (y los grandes secretos) de nuestras vidas.

Esta primavera me di cuenta que había comenzado a olvidar cosas a las que me había aferrado hasta hacía muy poco. No sé qué hizo el quiebre, pero ese septiembre... octubre que decidí salir del medio (estar afuera por completo, si así tenían que ser las cosas) implicó resignar algunas ideas de cómo eran las cosas y cómo debían ser. Y por alguna razón, a pesar de que no pude dejar ir determinadas cosas (a pesar de que hoy posiblemente estoy más adentro que nunca, pero diferente -- muy diferente y mejor, espero) hubo recuerdos que se me fueron solos tan repentinamente como descubrí que los tenía. Despegarme de esas cosas me resultó una victoria sobre mí misma pero también un desarraigo sin precedentes, salir de aquello que hasta ese momento me había resultado reconfortante.

Anoche... anoche leyendo a Unamuno escuché algo que me hizo click. Hay dos características que resaltan en todas las personas no videntes: el aguzamiento de los otros cuatro sentidos es la más conocida. Pero la que me llamó la atención fue la segunda: la memoria.

Ojalá todo esto sólo sea un abrir de ojos. Aunque a veces no pueda ignorar que la mayoría de los ciegos ven mucho mejor que el resto de nosotros.

3 comentarios:

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

estar adentro, ya sabés cómo pienso, es bueno
significa que falta menos para salir.
dado que la felicidad (así como nada más) entera y eterna no existe, los detalles es donde reside la esperanza, el pequeño reducto que nos queda a los que peleamos a diario con nosotros mismos.
en el fondo, somos optimistas, porque siempre encontramos el pelo en el huevo, pero el pelo resulta ser de unicornio o de colores extraños y maravillosos y eso nos deja contentos, por un rato... y el recuerdo de ese pelo nos queda para siempre siempre, nadie puede sacarlo... ni un huevo horrible, podrido y gigante :P
(eliminé el otro, que decía lo mismo, porque esto te junta todo y queda sin sentido :P)
(por cierto, no entiendo tu blog)

Eu dijo...

Estar adentro... tenés razón, significa que falta menos para salir. Y aunque no lo había pensado así al momento de escribir esto es verdad, y es completamente bizarro, porque lo que hace la diferencia es saber que "salir" quizás no sea lo que yo asumía/suponía/pensaba/esperaba.
Y todo duele menos (o por menos tiempo), y es raro porque de alguna forma entrar (para pasar, para finalmente salir) requirió matar un poco la esperanza (esperanza de qué, todavía no sé).
Igualmente es muy cierto lo que decía de los detalles... Janis Joplin decía respecto a la heroína que "nada que se siente tan bien puede ser malo", y quizás sea lo mismo... a veces nos negamos a ver el huevo feo, podrido y gigante porque hubo una vez que le encontramos el pelo de unicornio (lo cual muchas veces resulta ser totalmente circunstancial, nada que ver) :P
Pero bueno, Janis se equivocó horrible... yo todavía creo que los pelos de unicornio go a long way :D
(qué no entendés de mi blog, exactamente? estoy re explicadora)