(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
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miércoles, 23 de diciembre de 2009

Una celebración que se convierte en una fiesta improvisada.
El sol en la cara que me despierta.
Galletitas de jengibre y un arbolito de Navidad blanco.
Un abrazo inesperado (y quizás algún día sepamos por qué éstos sólo vienen con el cansancio, y por qué me gustan tanto cuando otros me provocan rechazo).
Llegar a casa.
El agua caliente contra la piel.
El olor a rosas del jabón.

Me siento en el sillón la cama de Flor a leer poesía mediocre e inédita del siglo XXI (lo que nunca), y me doy cuenta. Me falta el gato, siempre hay cosas que podrían ser mejores.
(Vos podrías estar durmiendo en la otra cama. Yo podría ser capaz de individualizarte)
Pero en este momento, no tengo tiempos. No hay preocupaciones, no hay obligaciones. No hay fechas límites con las que cumplir, ni exámenes que dar. Soy feliz.

Recuerdo a mi abuela: necesito conseguir un hombre que me mantenga =P

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