(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
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miércoles, 24 de agosto de 2011

A Love Letter to Myself

Hasta acá llegamos. Con este blog.

Por ahora, al menos. Pero la idea original, que era que fuera un espacio para expresarme libremente, está completamente frustrada. Más que nada porque en este momento no tengo nada positivo para decir(te). No puedo darme ese lujo. Porque mañana tengo que ir a trabajar, e ir a la colación, y ver a mi vieja a los ojos, y poner mi mejor cara de "la vida no me cambió en dos o tres segundos de dos o tres meses", para lo cual necesito mantenerme enojada. Necesito despotricar y exagerar, y ponerme en drama queen.
Entonces, no puedo decir nada positivo. Y si uno no tiene algo positivo para decir no debería decir nada.
Es una visión irreal de la situación, porque todavía mantengo todo lo que [te] dije. TODO. Quizás, algún día [te] escribiré la carta que debo [escribir]. Pero no puedo ponerme a pensar en eso. No puedo ponerme a recordar lo bueno; no en este momento.

Cada uno tiene sus mecanismos de defensa, este es el mío. Nadie más debería pagar por ello. Así que me voy por un rato.
1964, de Jorge Luis Borges

I

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,

cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente

para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.

II

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta

y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna

y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.

Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

martes, 23 de agosto de 2011

Antes de empezar a decir, diré
que suenan desde ayer
los sonajeros que dejaste colgando
de mi celda en este cuerpo
y no he dormido desde entonces
escuchando cascabeles o caballos
en remolino de risa alzada.

Sentir trepar por la nuca
el aliento suspendido en el aire

QUE YA NO ES, PORQUE HA SIDO...
QUE YA NO ES...

- Sonajeros, de Flopa Manza Minimal (discazo ese)

La Ciudad de la Furia

Por alguna razón, la gente todavía no entiende que lo único que funciona conmigo es la psicología inversa.
Posta, 28 años de carrera y todavía no lo superé entienden...

viernes, 19 de agosto de 2011

A Perfect Forest

Hoy, por primera vez en mucho tiempo, me puse a pensar en los cientos de veces que te (nos) preguntaste qué ibas a hacer cuando yo no estuviera. Y en cómo nunca sabremos la respuesta.


One more look at the ghost / before I'm gonna make it leave

sábado, 13 de agosto de 2011

Próxima misión: leer (conseguir) El Eternauta.

(Si no se escribe, es sólo un [buen / repentino / espontaneo / efímero] deseo)


ETA: Done aaaaaaaaaaaaaaaaand done!

viernes, 12 de agosto de 2011

Unsent

Para cuando sea el tiempo: ♪♫♪♫
Extraño andar en bicicleta. En bici, por la calle, con el viento y el sol en la cara. No sé por qué, pero de alguna forma eso me parece más importante que cualquier otra cosa que haya pensado escribir acá.

(Ayer fue un día raro. No paré un segundo hasta las... ¿22.30? ¿23? Y aunque eso no me gusta, y quizás no sea saludable, terminó siendo positivo. ¿Podría haber sido mejor? ¡Seguro! Pero la verdad es que le hubiera cambiado muy poco...)

miércoles, 10 de agosto de 2011

The Perfect Storm

El domingo volví a empezar a leer Sobre héroes y tumbas. Y a pesar de que toda la vida me han aburrido las descripciones extensas y la historia me marea, el lunes ya estaba al borde de las lágrimas, asintiendo con la cabeza e intentando deshacerme el nudo de la garganta y del estómago.

Y aún entonces, ya muerta Alejandra, y después de haber mantenido con ella una relación tan intensa, no alcanzaba a ver con claridad en aquel gran enigma; y se solía preguntar qué habría hecho en aquel segundo encuentro si hubiera adivinado que ella era lo que luego los acontecimientos revelaron. ¿Habría huido?
Bruno lo miró en silencio: “Sí, ¿qué habría hecho?” Martín lo miró a su vez con concentrada atención y después de unos segundos, dijo:
—Sufrí con ella tanto que muchas veces estuve al borde del suicidio.
“Y, no obstante, aun así, aun sabiendo de antemano todo lo que luego me sucedió, habría corrido a su lado.”
“Por supuesto”, pensó Bruno. “¿Y qué otro hombre, muchacho o adulto, tonto o sabio, no habría hecho lo mismo?” —Me fascinaba —agregó Martín— como un abismo tenebroso y si me desesperaba era precisamente porque la quería y la necesitaba. ¿Cómo ha de desesperarnos algo que nos resulta indiferente?


- Frag., capítulo II.


La “esperanza” de volver a verla (reflexionó Bruno con melancólica ironía). Y también se dijo: ¿no serán todas las esperanzas de los hombres tan grotescas como éstas? Ya que, dada la índole del mundo, tenemos esperanzas en acontecimientos que, de producirse sólo nos proporcionarían frustración y amargura; motivo por el cual los pesimistas se reclutan entre los ex esperanzados, puesto que para tener una visión negra del mundo hay que haber creído antes en él y en sus posibilidades. Y todavía resulta más curioso y paradojal que los pesimistas, una vez que resultaron desilusionados, no son constantes y sistemáticamente desesperanzados, sino que, en cierto modo, parecen dispuestos a renovar su esperanza a cada instante aunque lo disimulen debajo de su negra envoltura de amargados universales, en virtud de una suerte de pudor metafísico; como si el pesimismo, para mantenerse fuerte y siempre vigoroso, necesitase de vez en cuando un nuevo impulso producido por una nueva y brutal desilusión.


- Frag., capítulo V.


Y así (explicó Martín) empezó la terrible historia. Todo había sido inexplicable. Con ella nunca se sabía, se encontraban en lugares tan absurdos como el hall del Banco de la Provincia o el puente Avellaneda. Y a cualquier hora: a las dos de la mañana. Todo era imprevisto, nada se podía pronosticar ni explicar: ni sus momentos de broma, ni sus furias, ni esos días en que se encontraba con él y no abría la boca, hasta que terminaba por irse. Ni sus largas desapariciones. “Y sin embargo —agregaba— ha sido el período más maravilloso de mi vida.” Pero él sabía que no podía durar porque todo era frenético y era, ¿se lo había dicho ya?, como una sucesión de estallidos de nafta en una noche tormentosa. Aunque a veces, muy pocas veces, es cierto, parecía pasar momentos de descanso a su lado como si estuviera enferma y él fuera un sanatorio o un lugar con sol en las sierras donde ella se tirase al fin en silencio. O también aparecía atormentada y parecía como si él pudiese ofrecerle agua o algún remedio, algo que le era imprescindible, para volver una vez más a aquel territorio oscuro y salvaje en que parecía vivir.
Y en el que yo nunca pude entrar —concluyó, poniendo su mirada sobre los ojos de Bruno.


- Frag., capítulo VIII.


El destino esta vez era un negro grandote y feroz, un esclavo de mi tataratatarabuelo, un negro Benito. Porque el Destino no se manifiesta en abstracto sino que a veces es un cuchillo de un esclavo y otras veces es la sonrisa de una mujer soltera.


- Frag., capítulo XII.

Me besas, y me hundo y sé
que nadie en este mundo entendería...

(Ni siquiera vos y yo, la mayoría de las veces)

martes, 9 de agosto de 2011

Degausser

Hoy te escribí un mail súper largo que, me di cuenta, nunca vas a leer (nunca te voy a enviar).
Estaba lleno de obviedades. Como yo.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Raw

Tengo que dejar de ser tan insegura, sin importar (sin que nada importe).
Tengo que bajar un cambio.
Tengo que decidir qué hacer con mi tiempo, independientemente de lo que haga el resto del mundo.
Tengo que bajar un cambio.
Tengo que empezar a llamar más a mis viejos. Tengo que empezar a ahorrar más en comida y en transporte. Tengo que empezar a limpiar mi casa más seguido. Tengo que empezar a organizarme. Tengo que dejar de usar términos y frases vulgares. Tengo que empezar a leer más. Tengo que empezar a hacer los arreglos domésticos que hacen falta. Tengo que dejar de pasar tanto tiempo en casa. Tengo que empezar a bajar de peso. Tengo que conseguir internet en casa. Tengo que empezar a cocinar más. Tengo que depender menos.
Tengo que bajar un cambio.
Tengo que recordar qué quiero. Tengo que esperar menos. Tengo que dejar de esperar. Tengo que encontrar un término medio. Tengo que empezar a ser menos apática. Tengo que dejar de preocuparme por todo. Tengo que dejar de hacerme ilusiones. Tengo que dejar de tolerar cosas que me parecen intolerables. Tengo que empezar a decir «no». Tengo que animarme a decir basta. Tengo que aprender a admitir la derrota. Tengo que abrazar la soledad.
Tengo que querer filtrar y volver a ponerme la máscara. Tengo que volver a ser más yo.
Tengo que bajar un cambio.

lunes, 1 de agosto de 2011

Hunting Rabbits

Cuando un barco no sabe hacia dónde va, ningún viento le es favorable.

(Sí, ya sé que estoy antropomorfizando al barco, pero es una metáfora. Sue me ¬¬)