Jugaba con el vaso, como si el líquido ámbar en el fondo contuviera todas las respuestas; respuestas que no estaba segura de querer. Lo escuchó llegar, más que verlo, y sintió la mano que le acariciaba el pelo, al pasar.
-¡Pequeña!- la saludó alegremente, al sentarse frente a la barra.
Levantó la cabeza y lo miró: el aire superado, las ojeras, la estampa orgullosa.
-Doblete.- le aclaró él, inmediatamente, mientras se le escapaba una carcajada satisfecha y burlona. Ella no pudo evitar una media sonrisa, fría y dura, que acompañara el suspiro.
-A veces no sé si las mujeres con las que salís son demasiado fáciles o demasiado idiotas.
El comentario le ganó un empujón, más molesto que violento.
-¡Epa! Tampoco seas así conmigo, algo debo tener.
Lo miró de nuevo y, mientras encogía los hombros, le sonrió sincera en un acto más de camaradería que de consenso.
-Es verdad, lo tengo que reconocer: sos un ganador.
Pausa.
-No, no te equivoques. Si fuera un ganador todavía estaría con mi ex, la única mujer a quien amé.
Ella le pasó la bebida, aun intacta, sin que mediara palabra.
Veo lo que creo ver y no veo más / de lo que pueda contar no recuerdo nada
no hay necesidad de hablarlo más

No hay comentarios:
Publicar un comentario