De las cosas que me quedaron de ese verano 1999-2000 de quinta, sol e inconsciencia (de final del juego y comienzo del interludio que fue la universidad), los recuerdos más fuertes probablemente vengan con este álbum en vivo en el que Silvio y Aute cada día cantan mejor, presentado por una madre hacker que prometía cocinar para la guerrilla si volvían los militares, y un padre académico -futuro candidato a intendente- que solo un par de años más tarde escribiría papers sobre integración regional y me los pasaría para que los leyera, criticara y corrigiera, como si yo fuera alguien.
De esas canciones, la que aun canto verso por verso (yo, que para la música no tengo memoria) es «La belleza», quizás porque siento que es la que vivo, vivimos, todos los días.
Los cambios en la letra de esta versión y las armonías de Silvio son particularmente sublimes.
ya no somos tan iguales;
tanto vendes, tanto vales,
¡viva la revolución!
Reivindico el espejismo
de intentar ser uno mismo.
Ese viaje hacia la nada
que consiste en la certeza
de encontrar en tu mirada
la belleza…

No hay comentarios:
Publicar un comentario