Gradualmente, en el transcurso de estos últimos doce meses, Florcha se ha convertido en mi brújula moral. Confío en su juicio tanto o más que en el mío, al menos en algunas cuestiones. Cuando tengo dudas en cuanto a cómo proceder o necesito que alguien reafirme (o tire abajo) lo que pienso, ella es la primera persona con quien me contacto. Cuando necesito algo, sé que es la primera persona a quien puedo recurrir. Este invierno que pasó fue quien me dijo que estaba siendo una tremenda idiota con Ana, y la primera (sino la única) en gritarme a la cara exactamente cuán en desacuerdo estaba con que me volviera a tratar con Lu. Con Ana terminé teniendo razón y lo de Lu fue un desastre ferroviario mucho menor de lo que nadie hubiera esperado (en parte gracias a Florcha), pero en ambos casos aunque sus opiniones no eran las más populares no tuvo duda alguna de hablar y -en el proceso- forzarme a pensar y replantearme todo.
Cuando en octubre decidí probar cerrar Facebook para desenchufarme un buen rato, Flor lo entendió -pero no dejó de hincharme para que de alguna forma no perdiéramos fluidez en el contacto, en medio de parciales y finales de cursada-.
(Cuando volví, en gran parte lo hice por ella)
(Cuando volví, en gran parte lo hice por ella)
Extraño vivir con Karen; extraño la familiaridad que desarrollamos y la ausencia de conflicto que nos une. El buen humor, las ganas de hacer algo bueno por la otra, los códigos de la Melecueva. Extraño las cenas con Vicky, la música, los momentos autistas; tener un refugio a donde la depresión no puede seguirte, para escapar del sentimiento de irrelevancia con que a veces oprime el mundo (aunque ya no haya depresión, aunque el mundo me sonría con ojos marrones, un par de bucles que se arman por tanto pelo hermoso y brazos que me abrazan tan fuerte como abrazo yo), una sala de ensayo, un restaurante de pastas. Extraño las charlas imposiblemente maduras con Vicki, el respeto mutuo, la admiración; las charlas increíblemente sentidas con Madi, las noches en Mc, las tardes jugando con Crisis. Pero a Florcha... a Florcha no puedo esperar para verla. Aunque más no sea para que me rete (excepto que esta vez le va a costar bastante encontrar excusa para hacerlo).


No hay comentarios:
Publicar un comentario