Independiente acaba de perder el partido más importante de su historia, cuando lo veo. Desbloqueo el teléfono y pienso que es Sofí, agradeciéndome que sus primos futbolísticos hayan sido condenados al infierno por el club de mis amores. Pero no.
No te vayas más. Ya te extraño. Te amo.
No es muy fácil manejar todo lo que me pasa cuando lo leo, enfrente de mis viejos y mis hermanos, pero de alguna manera me las arreglo para contestar.
Te amo, linda. No me voy más sin vos.
Y lo escribo sin darme cuenta, pero con honestidad, en gran parte porque ya no disfruto viajar y la distancia que eso nos significa.
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Crisis nos recibe en la oscuridad, maullando lastimeramente. Lo saludo, le doy un beso, pero en seguida me doy vuelta y la abrazo.
Te extrañé un poquito.
Algo me choca la pierna y ella se agacha.
No te pongas mal, bichito. A vos también te extrañó.
Me río, porque la amo y lo amo y me encanta que se amen, también.
Eso, Crisis, a vos también te extrañé. No me voy más.
No me mira, simplemente lo levanta.
No le creas, Crisis, te está mintiendo.
Y estoy a punto de corregirla, de defenderme, cuando me doy cuenta.
Tiene razón.
Me queda un viaje sola, el más importante de todos. El de patear el tablero.
Que algo cambie, para no cambiar jamás.

