(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
.

miércoles, 28 de enero de 2009

Emo Elmo

Nótese la versión emo de sí misma sobre la esquina inferior derecha (en teoría haciendo click sobre la imagen, se ve bien grande). Andreíta es una grossa...

lunes, 26 de enero de 2009

Things We Lost In The Fire

Accomodation, meaning negotiation y todas esas cosas que uno ha estudiado a nivel lingüístico cuando de repente resulta que tienen una aplicación práctica y son – ¡oh, sorpresa! – útiles, de alguna forma. Todas esas cosas que entran en conflicto se quiera o no, cosas que me son tan extrañas como incipientes. La desconexión, la indolencia, la indiferencia, y la rebelión contra las tres que se presenta como una especie de versión bizarra del castigo a Prometeo.

Que el único hogar sentido sea el pasto del patio de atrás, o el asiento del acompañante (y dentro de poco no me quede ni eso). Amar Tandil, extrañar Mar del Plata, pero querer irme y nunca mirar hacia atrás (yo, que siempre sentí más la tierra que a las personas). Este no ser, nunca ser, y ser por demás. La necesidad de encontrar reciprocidad en aquellos que ni siquiera pueden percibirme, percibirse, una especie de “Alcoyana-Alcoyana, Capri-Capri” existencial que es totalmente utópica. La urgencia de llevar un cartel luminoso que diga “mirame, mirame, mirame, mirame”, soy esto y no esa imagen tan rara que tenés en la cabeza, ¿por qué no podés verme, a mí?, o mejor, ¿por qué no querés verme?

Conozco gente que vive con las puertas de su vida abiertas de par en par, esa gente a la que es imposible no amar. Algunos, esos que me duelen, me tocan timbre a veces pero nunca entran: me sacan y me arrastran (muchas veces voy sin chistar, admito, otras tantas yo misma me arrastro hasta allá esperando que las cosas sean diferentes), me sientan en su living y después pretenden ignorar todo lo que tienen a su alrededor (se sorprenden, a veces, cuando uno menciona cosas que ha visto adentro – y nunca ni un mate, je). A veces me tocan timbre y se quedan parados en la puerta; yo los invito a pasar (siempre invito), a veces les cuento qué hay adentro (pero hay cosas que sólo pueden verse, tocarse, no contarse), pero cuanto mucho se quedan en el umbral y miran desde afuera. ¿Pasar? ¿Para qué? Pero uno intenta una y otra vez que vean cuánto de su propio interior hace juego con el otro, y cuánto se complementan, sin aceptar que quizás el otro simplemente no está interesado.

Nunca leí El Quijote, no sé si alguna vez lo haré (quizás algún verano cultural, como ese que me atacó Calderón de la Barca y desde entonces la vida fue sueño), pero me gusta esa imagen de los molinos de viento. Por ahí la idea de las causas perdidas me atrae tanto porque precisamente no creo en ellas. Probablemente estoy destinada a chocarme una y otra vez contra las mismas paredes, la misma indiferencia disfrazada de premura a veces, de ocupación y preocupación otras tantas. No me asusta ni me preocupa eso, la mayor parte del tiempo puedo (sobre)vivir con y a pesar del desinterés de los demás, creando excusas por el otro (cuando duele demasiado) o simplemente haciendo la mía (lo cual es mucho mejor). Esa es la persona que elegí ser, y no es fácil pero sí es mejor que cualquier otra cosa que haya intentado ser. Pero sí me desvela el efecto contagio: descubrir que de a poco me traicioné convirtiéndome en uno más. Después de todo, según Tocqueville, los hombres amamos tanto la igualdad que preferimos ser iguales en la esclavitud que diferentes en libertad…

Pero ¿cuán libre se es cuando se vive con la profunda impresión de ser conocido de segunda mano en la vida de las demás personas, una especie de “franquero” que corre de un lado a otro tapando baches o ubicándose y reubicándose donde haya espacio que sobre, y que es apreciado sólo por las ausencias de otros y nunca por sí mismo? Tengo la necesidad imperiosa, profunda e inequívocamente egoísta de sentir como mío algo, a alguien (y ni siquiera en sentido romántico). Claro que muchas veces lo único que hace falta es paciencia – la mayoría de las veces somos nuestro propio y más grande molino de viento, quienes obstaculizamos el proceso de identificación y reciprocidad, que es más delicado todavía porque no todos encaramos las cosas “head first” y cada uno tiene su tiempo, valga la redundancia. Sin embargo a veces el vacío es tan grande, y el riesgo de insensibilizarnos como forma de autodefensa es tan real…

El sentimiento de vivir de las migajas que caen de platos ajenos es deshumanizante, pero quizás esta testarudez de encapricharse con aquellos que precisamente no pueden darnos lo que queremos sea lo más humano del mundo. Después de todo, la mayoría de nosotros vivimos por y para aquellos que peor nos tratan (sí, es un asco).

---
ETA: Esto resultó de una noche de Octubre, creo, en un momento particularmente raro del cuál me sacó una llamada telefónica bien puesta ("no entendiste nada", aunque en realidad yo había entendido técnicamente bien pero las cosas no eran tan sencillas). Quizás la reflexión sea esa misma: técnicamente cierto, pero las cosas no siempre son tan simples. Después de todo, el post que le siguió fue Eso...

viernes, 23 de enero de 2009

La Paradoja Stockdale

Vice Admiral James Bond Stockdale died in 2005. He served on the Ticonderoga in the Gulf of Tonkin, and was shot down over Viet Nam in 1965. He was the highest-ranking naval officer to be held as a POW (prisoner of war), and was Ross Perot's VP (vice president) candidate in 1992. Interesting guy. Afraid they'd videotape him and show the world a well-treated and valued prisoner, he beat himself with a stool. He cut himself with a razor; he did what had to be done. He limped for the rest of his life.

In the camp, he invented new ways for his men to resist torture, sent coded messages to his wife, invented new ways to break through isolation and communicate with each other. New ways to stay alive. The men cleaning the courtyard, during a period of enforced silence, swept the ground in the syncopated rhythm he'd taught them, silently and defiantly spelling out to him inside the walls: "We love you. We love you. We love you."

James C. Collins is a business management writer who's written several management books, including Built To Last and Good To Great. Prepping to interview him, Collins read the Vice Admiral's own record of his time at the Hanoi Hilton:

As I moved through the book, I found myself getting depressed. It just seemed so bleak -- the uncertainty of his fate, the brutality of his captors, and so forth. And then, it dawned on me: "Here I am sitting in my warm and comfortable office, looking out over the beautiful Stanford campus on a beautiful Saturday afternoon. I'm getting depressed reading this, and I know the end of the story! I know that he gets out, reunites with his family, becomes a national hero, and gets to spend the later years of his life studying philosophy on this same beautiful campus. If it feels depressing for me, how on earth did he deal with it when he was actually there and did not know the end of the story?"

"I never lost faith in the end of the story," was Stockdale's answer. "I never doubted not only that I would get out, but also that I would prevail in the end and turn the experience into the defining event of my life, which, in retrospect, I would not trade."
Collins asked him, "Who didn't make it out?" and Stockdale replied immediately: "Oh, that's easy. The optimists... They were the ones who said, 'We're going to be out by Christmas.' And Christmas would come, and Christmas would go. Then they'd say, 'We're going to be out by Easter.' And Easter would come, and Easter would go. And then Thanksgiving, and then it would be Christmas again. And they died of a broken heart."

"This is a very important lesson. You must never confuse faith that you will prevail in the end -- which you can never afford to lose -- with the discipline to confront the most brutal facts of your current reality, whatever they might be."

That's the Stockdale Paradox: How do you hope just enough to stay alive, without wanting so much that your heart breaks when you hit the rough patches? When you realize rough patches are all we ever have? How can you keep yourself from taking your heart and putting it somewhere safe, in the gauzy soft tissue-ad future, wishing and hoping and praying that the pain will end, and life will go back to being mere survival and contentment? How to take the localized hope that you'll realize your goal, and pull it so wide across the rest of time that you can hope beyond the dashing of your hope? How do you do that without ripping it?

How can you possibly have enough strength to hold onto your faith in the face of evidence that your faith is meaningless and always was? How do you hate just enough to stay alive, but love just enough to be human in the end? How to walk the edge of the razor without becoming one; to burn off your loss without burning off your soul in the process? When they take away even the idea of completion, commencement, the lie of meaning, the black stone and the white; when you're looking at the negative space where the future used to be, how do you remember how to stay alive? What do you do when you can't get out?

Source: Jacob @ TWoP
ETA: BSG es, probablemente, la mejor serie de TV en la historia. Es una pena que tenga que luchar contra los prejuicios que vienen por ser una serie de ciencia ficción.

miércoles, 14 de enero de 2009

La Venda

Mi memoria y yo somos una pareja dispareja -- o quizás la más pareja de todas, je. No sé muy bien cuándo empecé, o por qué, o si fue una decisión consciente, pero un día me encontré hablando de cosas y mencionando detalles que sólo yo recordaba. Lo cual es completamente bizarro, porque mi memoria no es para nada buena... sin embargo a veces parece que o determinadas cosas sólo son recordadas por mí (es una idea extraña, en inglés sería más fácil expresarla quizás).

A veces es entendible, porque las cosas que recuerdo tienen que ver con gente y con sentimientos; los números vienen y van, y sólo se quedan cuando se me hacen personas. Y en ese sentido supongo que es parte de la persona que elegí ser, que presta atención a los detalles porque a veces ellos encierran las grandes verdades (y los grandes secretos) de nuestras vidas.

Esta primavera me di cuenta que había comenzado a olvidar cosas a las que me había aferrado hasta hacía muy poco. No sé qué hizo el quiebre, pero ese septiembre... octubre que decidí salir del medio (estar afuera por completo, si así tenían que ser las cosas) implicó resignar algunas ideas de cómo eran las cosas y cómo debían ser. Y por alguna razón, a pesar de que no pude dejar ir determinadas cosas (a pesar de que hoy posiblemente estoy más adentro que nunca, pero diferente -- muy diferente y mejor, espero) hubo recuerdos que se me fueron solos tan repentinamente como descubrí que los tenía. Despegarme de esas cosas me resultó una victoria sobre mí misma pero también un desarraigo sin precedentes, salir de aquello que hasta ese momento me había resultado reconfortante.

Anoche... anoche leyendo a Unamuno escuché algo que me hizo click. Hay dos características que resaltan en todas las personas no videntes: el aguzamiento de los otros cuatro sentidos es la más conocida. Pero la que me llamó la atención fue la segunda: la memoria.

Ojalá todo esto sólo sea un abrir de ojos. Aunque a veces no pueda ignorar que la mayoría de los ciegos ven mucho mejor que el resto de nosotros.

lunes, 5 de enero de 2009

Creation Or A Stain

Anoche charlaba con una amiga y pensaba un poco en el miedo, y los cambios, y el miedo a los cambios. Siempre pensé que cambiar es inevitable, pero a decir verdad hay cambios - los que tienen que ver con quiénes somos, qué somos, cómo somos - que sólo se dan cuando nosotros lo elegimos... nos damos cuenta que es necesario y aunque duela (y siempre duele, mucho o poco, porque va en contra de nuestra naturaleza) aceptamos lo nuevo (quizás no duela tanto cambiar sino 'eso' que dejamos atrás, pero ese es otro tema).

El problema es que normalmente ESOS cambios... esos son los que importan en serio, los que son indispensables para nuestro crecimiento, nuestro progreso. Y por eso mismo son también los que, cuando elegimos no cambiar, terminamos adoptando de forma bizarra forzados por las circunstancias y con resultados generalmente negativos. No sé si se entiende, pero la idea es ésta: nuestra actitud, nuestra elección, es lo que hace que una misma situación o experiencia sea positiva o negativa. Abrazar el cambio, adaptarnos (no a cualquier costo; me refiero a dejar atrás algunos miedos y caprichos), es al fin y al cabo "más entretenido y más barato" -- nos ahorra frustraciones, tiempo y dolor.

Staying exactly the same for as long as possible, standing perfectly still. It feels better somehow. And if you are suffering, at least the pain is familiar. Because if you took that leap of faith, went outside the box, did something unexpected... who knows what other pain might be waiting out there? Chances are it could be even worse.

So you maintain the status quo, choose the road already traveled, and it doesn't seem that bad, not as far as flaws go. You're not a drug addict, you're not killing anyone... except maybe yourself a little.

When we finally do change, I don't think it happens like an earthquake or an explosion, where all of a sudden we're like this different person. I think it's smaller than that. The kind of thing most people wouldn't even notice unless they looked really, really close. Which, thank God, they never do. But you notice it. Inside you, that change feels like a world of difference, and you hope that it is...

That this is the person you get to be forever. That you'll never have to change again

- Source: Everwood 2x04 + Winter 2008