El colectivo de la medianoche debería tener al menos su propia serie televisiva.
Salí de lo de Jime en busca de la parada del 571, fundada en indicaciones vagas. Luego de 20 minutos de espera, finalmente llegó y subí con mi mejor sonrisa de "realmente no sé si ESA era la parada, pero gracias por frenar". El colectivo estaba bastante lleno a pesar de la hora, así que me ubiqué en el segundo asiento individual sin dejar de notar que la señora que se encontraba sentada detrás me miraba feo. Bastante. Decidí no prestarle atención, porque 1) ponerme a mirarla fijo con cara de pocos amigos, como ella estaba haciendo conmigo, me pareció de mala educación, y 2) en realidad no podía hacer otra cosa.
Diez minutos después, desde el ringtone de un celular, un muchacho de dudosa reputación me avisabe en un inglés sospechoso que sabía que yo lo deseaba. Me gusta esa canción, confieso haber buscado el video en YouTube, pero como ringtone... no. La cuestión hubiera quedado ahí, en una mera diferencia en apreciación musical, si la señora no se hubiera empeñado en mantener la conversación al lado de mi oído.
- ¿Te conozco? - Preguntó, y no pude evitar seguir escuchando. - ¿Vos me llamaste hace un rato? Voy un poco tarde, me estoy arreglando.
Pausa prudencial.
- Estoy yendo para ahí, esperame en la esquina de Tucumán y Gascón... - y más me interesó la conversación, porque la Baticueva 2008 se encontraba a sólo una cuadra de allí. Pensé en todo lo que había vivido en ese lugar, y el recuerdo de un personaje fugaz de una madrugada de junio comenzó a rondarme la cabeza. El colectivo dobló en Buenos Aires y aceleró. Rogué que la conversación terminara antes de que la mujer tuviera que bajarse; no faltaba mucho.
- Esperame ahí, - repitió - si querés hacer algo vamos a tu casa o sino a un hotel, más tranqui.
Sonreí, incrédula. Cuatro cuadras después, justo en la esquina del cotillón, se paró e hizo señas al chofer para que se detuviera. La miré: llevaba el mismo pantalón que yo, y zapatillas muy parecidas a las mías. Casi me dio pena verla irse.
Debería haberle mandado saludos a María Celeste.
miércoles, 23 de diciembre de 2009
Una celebración que se convierte en una fiesta improvisada.
El sol en la cara que me despierta.
Galletitas de jengibre y un arbolito de Navidad blanco.
Un abrazo inesperado (y quizás algún día sepamos por qué éstos sólo vienen con el cansancio, y por qué me gustan tanto cuando otros me provocan rechazo).
Llegar a casa.
El agua caliente contra la piel.
El olor a rosas del jabón.
Me siento enel sillón la cama de Flor a leer poesía mediocre e inédita del siglo XXI (lo que nunca), y me doy cuenta. Me falta el gato, siempre hay cosas que podrían ser mejores.
(Vos podrías estar durmiendo en la otra cama. Yo podría ser capaz de individualizarte)
Pero en este momento, no tengo tiempos. No hay preocupaciones, no hay obligaciones. No hay fechas límites con las que cumplir, ni exámenes que dar. Soy feliz.
Recuerdo a mi abuela: necesito conseguir un hombre que me mantenga =P
El sol en la cara que me despierta.
Galletitas de jengibre y un arbolito de Navidad blanco.
Un abrazo inesperado (y quizás algún día sepamos por qué éstos sólo vienen con el cansancio, y por qué me gustan tanto cuando otros me provocan rechazo).
Llegar a casa.
El agua caliente contra la piel.
El olor a rosas del jabón.
Me siento en
(Vos podrías estar durmiendo en la otra cama. Yo podría ser capaz de individualizarte)
Pero en este momento, no tengo tiempos. No hay preocupaciones, no hay obligaciones. No hay fechas límites con las que cumplir, ni exámenes que dar. Soy feliz.
Recuerdo a mi abuela: necesito conseguir un hombre que me mantenga =P
miércoles, 16 de diciembre de 2009
Last Flowers Till The Hospital
Entrada #7: Hace una semana que el sol se apagó. Extraño sentir su calor en la cara, y aun su presencia cuando me sentaba a la sombra. Extraño los sonidos de la mañana y la tranquilidad de la tarde. Extraño los atardeceres, y los amaneceres, y la anticipación con que los esperaba. Sigo esperando, por hábito, costumbre y una cierta tendencia masoquista que seguramente termine siendo mi ruina. Probablemente sea mi obstinación la que hace que, al intentar buscar recuerdos felices que me infundan ánimo, sólo vengan a mi mente aquellos que acontecieron bajo el sol, como si toda mi vida hubiera transcurrido pura y exclusivamente allí. Es tonto pensarlo, pero lo que más extraño es la forma en que me encandilaba cuando intentaba mirarlo directamente.Diciembre 2009.
Entrada #6: Hoy encontré una linterna que funcionaba. Tenerla entre mis manos me reconfortó, al menos de forma momentánea; no logró disipar las tinieblas ni siquiera un milímetro. La última vez que dormí me soñé en un campo de rosas blancas, de cara al sol que brillaba incandescente hasta quemarme, consumirme. No me importó.
Entrada #5: Siento como si hubiera recorrido una distancia inmensa, aunque no hay forma de saberlo. También el espacio se desdibuja en este estado. Hoy percibí el dulce olor de las flores del jardín en que solía pasar las tardes de verano. Me dió nauseas, no consuelo; sin el sol, están condenadas a una muerte segura. Ni siquiera puedo quedarme con ellas a esperar que eso pase: no sé dónde se encuentran, en realidad, y no puedo tocarlas; probablemente podría pasar el resto de mi vida buscándolas infructuosamente. Es difícil evitar pensar que eso, al menos, tendría algo de sentido.
Entrada #4: He empezado a considerar que mi situación puede ser más permanente de lo que pensaba, si no tomo cartas en el asunto. Pasé el día meditando el próximo paso y decidí que quizás este fenómeno sea algo local; mañana partiré con destino incierto. Intentaré guiar mis pasos por caminos conocidos, según lo que recuerdo, pero no hay forma de saber a dónde llegaré. Viajar así es peligroso, pero no creo que haya mucha opción.
Entrada #3: Todas las luces que encuentro parecen estar quemadas. Ya se hace difícil medir el tiempo; sólo hay una tenue claridad en lo que solía ser el día. De todas formas, ésto no puede durar mucho. Sigue haciendo calor, la temperatura no ha bajado ni una centésima. Traté de dormir... ¿Qué más se puede hacer mientras se espera en la oscuridad? Igualmente, no he tenido mucho éxito.
Entrada #2: Me desperté pensando que ésto seguramente es pasajero, y probablemente sea ajeno a mí. Me senté con el rostro hacia el cielo, y me tapé los ojos, esperando al menos claridad al descubrirlos. Quizás se requiera más tiempo.
Entrada #1: Hoy le disparé al sol que me encandilaba, que me abrasaba. Lo único que logré, fue quedarme ciega.
martes, 15 de diciembre de 2009
Cosas que duelen (aunque sólo por hoy):
- Las cartulinas verdes
- La esquina de Buenos Aires y Rivadavia
- La nieve
- Entender
- Esper*
Cosas que sanan:
- Las vacaciones ajenas
- Los mensajes en la bandeja de entrada de Facebook
- Las conversaciones por chat inesperadas
- Los mails que uno nunca esperó que llegaran
- Las cartulinas verdes
- La esquina de Buenos Aires y Rivadavia
- La nieve
- Entender
- Esper*
Cosas que sanan:
- Las vacaciones ajenas
- Los mensajes en la bandeja de entrada de Facebook
- Las conversaciones por chat inesperadas
- Los mails que uno nunca esperó que llegaran
jueves, 10 de diciembre de 2009
Ed è subito sera
Everyone stands alone at the heart of the world
pierced by a ray of sunlight,
and suddenly it is evening.
- Salvatore Quasimodo
pierced by a ray of sunlight,
and suddenly it is evening.
- Salvatore Quasimodo
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Someday we may / See each other and look the other way
But I'll love you just the same
And if you hate your life / Just remember there used to be a time
When we could not feel a thing
In my heart is a hunger / I will never give away
Just try and stop from going under / 'till the dawn of judgment day
Living at the speed of light / And burning your love on the way
(Burning your love away)
But I'll love you just the same
And if you hate your life / Just remember there used to be a time
When we could not feel a thing
In my heart is a hunger / I will never give away
Just try and stop from going under / 'till the dawn of judgment day
Living at the speed of light / And burning your love on the way
(Burning your love away)
Joseph Arthur, "Speed of Light".-
martes, 8 de diciembre de 2009
(500) Days of Summer + Cloverfield + Atonement
Hace 13 millones de años que no veo pelis en serio. Bajé "500 Days..." porque me quedé con ganas de verla en el Festival de Cine, y esa misma noche enganché dos más que hacía tiempo me causaban curiosidad. Estoy con las viñetas, así que los comentarios van en lista:
1) Atonement (Expiación, deseo y pecado): De esta lista, fue la última que ví, y a la que más ganas le tenía (cosa del alto perfil, vió?). Keira Knightley está linda, pero cada vez llama menos la atención, y la verdad no sé qué le ven a James McAvoy. Igual deben ser buenos actores, porque me compraron con la trama y hasta casi les creo como pareja. Me gustó mucho la idea del final, aunque la puesta en práctica me dejó medio descolocada (si Cinecanal hubiera tenido propagandas, hubiera dudado que seguía viendo la misma película). Bien, pero nada Oscar-worthy, aunque venimos premiando cada cosa...!
2) Cloverfield: La tercera vez que la ví finalmente la entendí y me gustó. Bien Manu por la recomendación, mal MeliCapalbo por bardearmela la primera vez que la vimos (que para ser honesta, no le estaba prestando ni cinco de atención). Mike Vogel me gusta =D (/comentario 100% superficial). No sé qué onda con el nombre, igual.
3) (500) Days of Summer: Bueno, a pesar de que Zooey Deschanel me parece bastante bastante desabrida como protagonista femenina (prefiero a Emily, aunque tampoco me resulta fascinante), debo admitir que esta peli ya me tenía ganada desde el vamos. Lo genial es que a medida que pasaron los minutos no me decepcionó =) He aquí los puntos a favor más importantes:
- Joseph-Gordon Levitt: Por alguna razón, me encantan las películas que hace este chico (pensar que me caía mal!! O.o). No sé muy bien por qué, porque cuando me pongo a pensar sólo puedo listar "Ten Things I Hate About You" (en la que definitivamente NO era mi personaje favorito) y "Brick" (que alquilé por él, así que), que son pocas para sentar un precedente. Sin embargo, me encanta. Acá IMDB me dice que también me gustó en "The Juror", con Demi Moore (era muuuuy chiquito) y un par de capítulos de series copadas (que no cuentan), así que igual. Por ahí son los hoyuelos. O que, de hecho, sabe actuar. Cualquiera de las dos razones.
- Cortina musical de Regina Spektor!: La primera sorpresa agradable, totalmente apropiada. "They'll name a city after us / and later say it's all our fault" canta a voz de cuello, y nunca con tanta razón. "Rumaging for answers in the paaaaageeeees..." (video ;D)
- Música de The Smiths: El avance de la peli lo anunciaba ya, pero bueno. No deja de ser lindo. La música los unió! (¿Sabía tu novia que escuchamos Morrissey?? Jejeje...).
- El formato de la narración: Y aunque a muchos les aburra, les confunda o simplemente no les guste, amo las películas que no siguen un orden cronológico. A lá "Memento", si quieren, cuanto más mezcla, mejor.
- El título <3: Sí, cárguenme todo lo que quieran, pero el título es el gancho, y este me encanta (claro, puede tener que ver con un par de historias cortas que me encantaron tituladas "Three Days of Rain" y "Seven Days in August").
- No es una historia de amor!!!: =D + IVA.com, sólo porque me encantan las pelis engañadoras (véase "The Village" <3).
Soy fácil de conformar, ya sé.
1) Atonement (Expiación, deseo y pecado): De esta lista, fue la última que ví, y a la que más ganas le tenía (cosa del alto perfil, vió?). Keira Knightley está linda, pero cada vez llama menos la atención, y la verdad no sé qué le ven a James McAvoy. Igual deben ser buenos actores, porque me compraron con la trama y hasta casi les creo como pareja. Me gustó mucho la idea del final, aunque la puesta en práctica me dejó medio descolocada (si Cinecanal hubiera tenido propagandas, hubiera dudado que seguía viendo la misma película). Bien, pero nada Oscar-worthy, aunque venimos premiando cada cosa...!
2) Cloverfield: La tercera vez que la ví finalmente la entendí y me gustó. Bien Manu por la recomendación, mal MeliCapalbo por bardearmela la primera vez que la vimos (que para ser honesta, no le estaba prestando ni cinco de atención). Mike Vogel me gusta =D (/comentario 100% superficial). No sé qué onda con el nombre, igual.
3) (500) Days of Summer: Bueno, a pesar de que Zooey Deschanel me parece bastante bastante desabrida como protagonista femenina (prefiero a Emily, aunque tampoco me resulta fascinante), debo admitir que esta peli ya me tenía ganada desde el vamos. Lo genial es que a medida que pasaron los minutos no me decepcionó =) He aquí los puntos a favor más importantes:
- Joseph-Gordon Levitt: Por alguna razón, me encantan las películas que hace este chico (pensar que me caía mal!! O.o). No sé muy bien por qué, porque cuando me pongo a pensar sólo puedo listar "Ten Things I Hate About You" (en la que definitivamente NO era mi personaje favorito) y "Brick" (que alquilé por él, así que), que son pocas para sentar un precedente. Sin embargo, me encanta. Acá IMDB me dice que también me gustó en "The Juror", con Demi Moore (era muuuuy chiquito) y un par de capítulos de series copadas (que no cuentan), así que igual. Por ahí son los hoyuelos. O que, de hecho, sabe actuar. Cualquiera de las dos razones.
- Cortina musical de Regina Spektor!: La primera sorpresa agradable, totalmente apropiada. "They'll name a city after us / and later say it's all our fault" canta a voz de cuello, y nunca con tanta razón. "Rumaging for answers in the paaaaageeeees..." (video ;D)
- Música de The Smiths: El avance de la peli lo anunciaba ya, pero bueno. No deja de ser lindo. La música los unió! (¿Sabía tu novia que escuchamos Morrissey?? Jejeje...).
- El formato de la narración: Y aunque a muchos les aburra, les confunda o simplemente no les guste, amo las películas que no siguen un orden cronológico. A lá "Memento", si quieren, cuanto más mezcla, mejor.
- El título <3: Sí, cárguenme todo lo que quieran, pero el título es el gancho, y este me encanta (claro, puede tener que ver con un par de historias cortas que me encantaron tituladas "Three Days of Rain" y "Seven Days in August").
- No es una historia de amor!!!: =D + IVA.com, sólo porque me encantan las pelis engañadoras (véase "The Village" <3).
Soy fácil de conformar, ya sé.
Tránsito Lento
1) Que los argentinos conducimos de forma bastante desordenada (por decir algo amable), no es novedad. Que el tránsito marplatense haya sido una de las cosas que me horrorizó hace casi dos años, no es una sorpresa. "Es porque está lleno de porteños", explicó Maga en aquel entonces, pero ya no estoy tan segura. Tampoco estoy tan segura que la pericia con que conducimos sea el problema.
Boulevard Marítimo y Belgrano. Me apuro para llegar a Rivadavia y así cruzar, porque voy llegando tarde a dar clase (o trabajar, o lo que sea que depare la mañana -- llego tarde a lo de La Señora *inserte música de Mirtha Legrand*) cuando escucho una explosión. Claro, le sigue una frenada y rápidamente me doy cuenta de que el ruido en realidad fue un golpe: VW Golf rojo vs. auto verde oscuro no identificado. El rojo sale marcha atrás por calle Buenos Aires y da una vuelta en U hasta estacionarse bien junto a la esquina.
El resto es historia, la misma de siempre. Conductor enardecido que se baja a patotear para sacarse el susto de encima, peatones que se acercan de todos los rincones, tránsito completamente detenido. Camino por delante de dos policías que observan atentamente. "Voy a llamar..." comienza a decir uno de ellos, hasta que su compañero (más grande, más experimentado) lo interrumpe. "¿A dónde vas a llamar?", se le ríe, incrédulo. Cruzo la calle porque no tengo otra opción, mientras la gente se agolpa. No parece haber nadie herido, al menos, pero dudo que la mujer que maneja el Golf tenga ganas de bajarse del auto; creo que está un poco mareada. Cuando llego a la otra vereda noto una parejita sentada en el Havanna (¿o es un Balcarce?) de la esquina: él señalando inequívocamente hacia el lugar de los hechos, mientras explica el desarrollo de los acontecimientos.
Me río y pienso que los argentinos somos opinólogos por naturaleza, justo a tiempo para escuchar la consabida. "¿Quién tuvo la culpa?" Ni me doy vuelta, sé que va dirigida a la máxima autoridad en estas cuestiones: el diariero.
2) Yo hago el esfuerzo, hago todo el esfuerzo, pero juro que todavía no sé para qué sirven las Ferias del Libro. Hoy, último día aquí en Mardel. El año pasado, en un acto de arrojo, fuimos con las chicas (sí, con las chicas, en una tarde que siempre recordaré porque después de varias idas y venidas terminé acarreando bolsas a lo de Errozarena tías) y no le ví nada de especial, pero 2009 venía con el auspicio de Mercau y García Losada, que compraron mucho la semana pasada.
El primer intento fue el oooootro domingo, cuando fuimos a ver (y nos quedamos con las ganas) Bang Bang You're Dead al Teatro Auditorium. Nada del otro mundo, pero a decir verdad yo estaba apurada por ir a lo de Pía, así que hoy decidí darle una oportunidad en serio. Fuí. Sola. Motu propio. Y me recorrí todo. ¿El veredicto? Libros buenos = pocos = precios altos = fuera de alcance = estrechez mental = pueblo dominado. Es decir, a la tercera mesa que vi colmada de libros de autoayuda a 2 x $10, casi muero de náuseas. Había cosas interesantes, sí, pero a precios ridículos, privativos. ¿La verdad? Me indigné.
La aritmética del diablo, diría Jane Yolen (y sí, tengo ganas de agregar algo como que cada dictador explota y extermina a su pueblo de la forma que puede y tiene a mano, pero bue...).
Boulevard Marítimo y Belgrano. Me apuro para llegar a Rivadavia y así cruzar, porque voy llegando tarde a dar clase (o trabajar, o lo que sea que depare la mañana -- llego tarde a lo de La Señora *inserte música de Mirtha Legrand*) cuando escucho una explosión. Claro, le sigue una frenada y rápidamente me doy cuenta de que el ruido en realidad fue un golpe: VW Golf rojo vs. auto verde oscuro no identificado. El rojo sale marcha atrás por calle Buenos Aires y da una vuelta en U hasta estacionarse bien junto a la esquina.
El resto es historia, la misma de siempre. Conductor enardecido que se baja a patotear para sacarse el susto de encima, peatones que se acercan de todos los rincones, tránsito completamente detenido. Camino por delante de dos policías que observan atentamente. "Voy a llamar..." comienza a decir uno de ellos, hasta que su compañero (más grande, más experimentado) lo interrumpe. "¿A dónde vas a llamar?", se le ríe, incrédulo. Cruzo la calle porque no tengo otra opción, mientras la gente se agolpa. No parece haber nadie herido, al menos, pero dudo que la mujer que maneja el Golf tenga ganas de bajarse del auto; creo que está un poco mareada. Cuando llego a la otra vereda noto una parejita sentada en el Havanna (¿o es un Balcarce?) de la esquina: él señalando inequívocamente hacia el lugar de los hechos, mientras explica el desarrollo de los acontecimientos.
Me río y pienso que los argentinos somos opinólogos por naturaleza, justo a tiempo para escuchar la consabida. "¿Quién tuvo la culpa?" Ni me doy vuelta, sé que va dirigida a la máxima autoridad en estas cuestiones: el diariero.
2) Yo hago el esfuerzo, hago todo el esfuerzo, pero juro que todavía no sé para qué sirven las Ferias del Libro. Hoy, último día aquí en Mardel. El año pasado, en un acto de arrojo, fuimos con las chicas (sí, con las chicas, en una tarde que siempre recordaré porque después de varias idas y venidas terminé acarreando bolsas a lo de Errozarena tías) y no le ví nada de especial, pero 2009 venía con el auspicio de Mercau y García Losada, que compraron mucho la semana pasada.
El primer intento fue el oooootro domingo, cuando fuimos a ver (y nos quedamos con las ganas) Bang Bang You're Dead al Teatro Auditorium. Nada del otro mundo, pero a decir verdad yo estaba apurada por ir a lo de Pía, así que hoy decidí darle una oportunidad en serio. Fuí. Sola. Motu propio. Y me recorrí todo. ¿El veredicto? Libros buenos = pocos = precios altos = fuera de alcance = estrechez mental = pueblo dominado. Es decir, a la tercera mesa que vi colmada de libros de autoayuda a 2 x $10, casi muero de náuseas. Había cosas interesantes, sí, pero a precios ridículos, privativos. ¿La verdad? Me indigné.
La aritmética del diablo, diría Jane Yolen (y sí, tengo ganas de agregar algo como que cada dictador explota y extermina a su pueblo de la forma que puede y tiene a mano, pero bue...).
viernes, 4 de diciembre de 2009
Modelo para armar
Amar.
Ya he repetido hasta el hartazgo que no soy una persona que extrañe a, bueno, personas. Nunca comprendí bien por qué, pero siempre me fue más fácil apegarme a lugares; quizás éstos se me hayan hecho más constantes, más fieles, más merecedores de mi nostalgia. Quizás uno comienza a extrañar a las personas cuando siente que ha logrado apartar un lugar para sí dentro del corazón de ellas. Uno extraña en función de aquello a lo que se arraiga. Quizás mi arraigo es en función de aquello que siento como propio. Mi lugar, mi querencia.
Y quizás este sentimiento particular tenga que ver con la pertenencia, y todo lo que ello implica. Al fin y al cabo, uno siente que pertenece en aquellos lugares donde está más a gusto. Quizás, entonces, uno no extrañe el lugar, ni la persona, sino el sentimiento que lo embarga en presencia de uno o de otro. Y si en verdad los sentimientos son parte de lo que nos conforma y caracteriza como seres particulares, entonces lo que extrañamos no es más que a nosotros mismos.
Partir.
Todo lo que dejamos, todo lo que se va, todos los que se van, se quedan con algo nuestro. Parte de nosotros, que se separa del resto y que por eso extrañamos. Sólo basta que medie la distancia, sea cual fuere su naturaleza, sea cual fuere su dimensión. Morir es, en resumidas cuentas, la exaltación de la distancia, pero no más que ello; la distancia, sin embargo, tampoco es menos. Cada despedida se lleva algo de nosotros, con cada despedida muere una parte nuestra, a la que extrañamos.
Con cada reencuentro, entonces, revivimos un poco. Y la idea del reencuentro, esa esperanza (consciente o no), esa idea, es la que alimenta la nostalgia, y se alimenta de ella. ¿Cómo si no arriesgarnos al abismo insoslayable que representaría abrir nuestros corazones? La distancia inminente es una de las pocas certezas con que contamos todos aquellos que osamos tener algo de lo que podemos ser separados.
Temer.
La esperanza, sin embargo, puede ser el más cruel de los sentimientos, puesto que aun si la reunión es tan ineludible como la distancia, la verdad es que nunca es completa. Todos cambiamos, inevitablemente. Somos rompecabezas dinámicos, esperando que al momento del reencuentro los bordes de la pieza que falta no hayan cambiado lo suficiente como para que ésta no quepa. A veces rehusamos la posibilidad que esto suceda, lo cual sólo hace peor el golpe de la realidad. A veces nos aferramos a lo poco o mucho que nos queda, esperando no tener que descubrir que nuestras piezas han quedado obsoletas, rogando que sigan siendo parte del todo que una vez fuimos. Solos, o junto a quienes ya no están.
A veces la consciencia de esta realidad nos paraliza. Y hay esquinas por las que no nos atrevemos a pasar, y hay máscaras que cambian pero son una sola, la única, y hasta intentamos minimizar el efecto cortando los bordes que coinciden con las piezas que se han ido, para así hacer lugar a nuevas piezas. Nos apuramos por llenar ese hueco con partes foráneas de bordes duros que a menudo lastiman en la fricción. Intentamos simplificarnos hasta quedar reducidos a un collage irreconocible de partes escogidas al azar, de procedencia dudosa y duración momentanea. Terminamos poniendo distancia entre nuestras propias partes, sin necesidad alguna. Huimos del resto, y de nosotros mismos.
Partir.
Sin embargo, existe quizás otra alternativa. No engañarnos, pero desafiarnos a nosotros mismos y a nuestros miedos. Exponerse. Lograr ese sentimiento. Nutrirlo. Ganar. Perder. Extrañar, esperar. Morir. Revivir. Y al descubrir que nuestros bordes ya no coinciden con los del otro, pulir. Ambos. Cambiar, pero juntos.
Amar. Temer. Partir. Amar, temer partir. Temer amar, partir. Temer, amar partir. Temer, partir, amar.
Ya he repetido hasta el hartazgo que no soy una persona que extrañe a, bueno, personas. Nunca comprendí bien por qué, pero siempre me fue más fácil apegarme a lugares; quizás éstos se me hayan hecho más constantes, más fieles, más merecedores de mi nostalgia. Quizás uno comienza a extrañar a las personas cuando siente que ha logrado apartar un lugar para sí dentro del corazón de ellas. Uno extraña en función de aquello a lo que se arraiga. Quizás mi arraigo es en función de aquello que siento como propio. Mi lugar, mi querencia.
Y quizás este sentimiento particular tenga que ver con la pertenencia, y todo lo que ello implica. Al fin y al cabo, uno siente que pertenece en aquellos lugares donde está más a gusto. Quizás, entonces, uno no extrañe el lugar, ni la persona, sino el sentimiento que lo embarga en presencia de uno o de otro. Y si en verdad los sentimientos son parte de lo que nos conforma y caracteriza como seres particulares, entonces lo que extrañamos no es más que a nosotros mismos.
Partir.
Todo lo que dejamos, todo lo que se va, todos los que se van, se quedan con algo nuestro. Parte de nosotros, que se separa del resto y que por eso extrañamos. Sólo basta que medie la distancia, sea cual fuere su naturaleza, sea cual fuere su dimensión. Morir es, en resumidas cuentas, la exaltación de la distancia, pero no más que ello; la distancia, sin embargo, tampoco es menos. Cada despedida se lleva algo de nosotros, con cada despedida muere una parte nuestra, a la que extrañamos.
Con cada reencuentro, entonces, revivimos un poco. Y la idea del reencuentro, esa esperanza (consciente o no), esa idea, es la que alimenta la nostalgia, y se alimenta de ella. ¿Cómo si no arriesgarnos al abismo insoslayable que representaría abrir nuestros corazones? La distancia inminente es una de las pocas certezas con que contamos todos aquellos que osamos tener algo de lo que podemos ser separados.
Temer.
La esperanza, sin embargo, puede ser el más cruel de los sentimientos, puesto que aun si la reunión es tan ineludible como la distancia, la verdad es que nunca es completa. Todos cambiamos, inevitablemente. Somos rompecabezas dinámicos, esperando que al momento del reencuentro los bordes de la pieza que falta no hayan cambiado lo suficiente como para que ésta no quepa. A veces rehusamos la posibilidad que esto suceda, lo cual sólo hace peor el golpe de la realidad. A veces nos aferramos a lo poco o mucho que nos queda, esperando no tener que descubrir que nuestras piezas han quedado obsoletas, rogando que sigan siendo parte del todo que una vez fuimos. Solos, o junto a quienes ya no están.
A veces la consciencia de esta realidad nos paraliza. Y hay esquinas por las que no nos atrevemos a pasar, y hay máscaras que cambian pero son una sola, la única, y hasta intentamos minimizar el efecto cortando los bordes que coinciden con las piezas que se han ido, para así hacer lugar a nuevas piezas. Nos apuramos por llenar ese hueco con partes foráneas de bordes duros que a menudo lastiman en la fricción. Intentamos simplificarnos hasta quedar reducidos a un collage irreconocible de partes escogidas al azar, de procedencia dudosa y duración momentanea. Terminamos poniendo distancia entre nuestras propias partes, sin necesidad alguna. Huimos del resto, y de nosotros mismos.
Partir.
Sin embargo, existe quizás otra alternativa. No engañarnos, pero desafiarnos a nosotros mismos y a nuestros miedos. Exponerse. Lograr ese sentimiento. Nutrirlo. Ganar. Perder. Extrañar, esperar. Morir. Revivir. Y al descubrir que nuestros bordes ya no coinciden con los del otro, pulir. Ambos. Cambiar, pero juntos.
Amar. Temer. Partir. Amar, temer partir. Temer amar, partir. Temer, amar partir. Temer, partir, amar.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
XXI - Le Petit Prince, Antoine de Saint-Exupéry
-¡Buenos días! -dijo el zorro.
-¡Buenos días! -respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vió nada.
-Estoy aquí, bajo el manzano -dijo la voz.
-¿Quién eres tú? -preguntó el principito-. ¡Qué bonito eres!
-Soy un zorro -dijo el zorro.
-Ven a jugar conmigo -le propuso el principito-, ¡estoy tan triste!
-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-, no estoy domesticado.
-¡Ah, perdón! -dijo el principito.
Pero después de una breve reflexión, añadió:
-¿Qué significa "domesticar"?
(...)
-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa "crear vínculos... "
-¿Crear vínculos?
-Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para tí único en el mundo (...) Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de tí. Y amaré el ruido del viento en el trigo.
El zorro se calló y miró un buen rato al principito:
-Por favor... domestícame -le dijo.
(...)
De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:
-¡Ah! -dijo el zorro-, lloraré.
-Tuya es la culpa -le dijo el principito-, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique...
-Ciertamente -dijo el zorro.
- Y vas a llorar!, -dijo el principito.
-¡Seguro!
-No ganas nada.
-Gano -dijo el zorro-. He ganado a causa del color del trigo.
(...)
-Adiós -le dijo [el principito].
-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos.
-Lo esencial es invisible para los ojos -repitió el principito para acordarse.
-Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.
-Es el tiempo que yo he perdido con ella... -repitió el principito para recordarlo.
-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado.

-¡Buenos días! -respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vió nada.
-Estoy aquí, bajo el manzano -dijo la voz.
-¿Quién eres tú? -preguntó el principito-. ¡Qué bonito eres!
-Soy un zorro -dijo el zorro.
-Ven a jugar conmigo -le propuso el principito-, ¡estoy tan triste!
-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-, no estoy domesticado.
-¡Ah, perdón! -dijo el principito.
Pero después de una breve reflexión, añadió:
-¿Qué significa "domesticar"?
(...)
-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa "crear vínculos... "
-¿Crear vínculos?
-Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para tí único en el mundo (...) Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de tí. Y amaré el ruido del viento en el trigo.
El zorro se calló y miró un buen rato al principito:
-Por favor... domestícame -le dijo.
(...)
De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:
-¡Ah! -dijo el zorro-, lloraré.
-Tuya es la culpa -le dijo el principito-, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique...
-Ciertamente -dijo el zorro.
- Y vas a llorar!, -dijo el principito.
-¡Seguro!
-No ganas nada.
-Gano -dijo el zorro-. He ganado a causa del color del trigo.
(...)
-Adiós -le dijo [el principito].
-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos.
-Lo esencial es invisible para los ojos -repitió el principito para acordarse.
-Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.
-Es el tiempo que yo he perdido con ella... -repitió el principito para recordarlo.
-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado.
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