Pero Dios te trajo a mi destino sin pensar que ya es muy tarde y no sabré cómo quererte. Déjame que llore como aquél que sufre en vida la tortura de llorar su propia muerte; pura como sos, habrías salvado mi esperanza con tu amor. Uno está tan solo en su dolor, uno está tan ciego en su penar... Pero un frío cruel, que es peor que el odio, punto muerto de las almas, tumba horrenda de mi amor, maldijo para siempre y se robó toda ilusión.
martes, 27 de diciembre de 2011
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