(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
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jueves, 8 de diciembre de 2011

Perfección

Kv es uno de esos personajes que terminan definiendo la vida de uno medio de casualidad y de costadete. Ya ni odio le tengo, solo lástima, por haber dejado escapar una mujer como Pía - que, claro está, siempre fue demasiado mujer para él. Sin embargo, este año he pensado mucho en él, en lo que significó en nuestras vidas y en las muchas lecciones que aprendimos de ese «experimento social fallido», como lo llamaría Meli.

Una de las ironías más grandes que encerraba la figura de Kv era su fanatismo por Ricardo Arjona, cantautor ampliamente rechazado (el adjetivo original era un poco más fuerte, pero bueno) por mí, por mis amigos y, particularmente, por Pía. Creo que, más allá de la broma ocasional, uno sólo puede comprender la seriedad de esta diferencia y el abismo que implica para seres tan estrechamente vinculados con la música como nosotros, cuando se encuentra con alguien tarareando sus melodías en la propia cama: sí, replanteo existencial obligado. En serio. Y, por oposición, sólo esta experiencia puede ayudar a disfrutar cabalmente la comunión que se alcanza al compartir la música que te llega al alma.


Eso fue lo que ocurrió el viernes 2 de diciembre. Tuvimos la oportunidad de disfrutar del dúo Flopa-Minimal en el Galpón de las Artes, un lugar chiquito, familiar, casi recluido. Y hablo en plural porque la experiencia fue compartida, y por eso también fue tan maravillosa.

No es secreto que, al menos, en mi caso, la música siempre llega en los momentos más indicados. Pasó con DLC, pasó con Peter Gabriel, y también pasó con Catupecu y P!ATD aunque yo no lo supiera en ese momento. Pasó con August and Everything After en el momento necesario y cómo explicar, si no, que este semestre me haya rehusado a escucharlo, como si hacerlo simbolizara la rendición incondicional del último bastión de algo que aun nadie dimensiona -- ni siquiera yo. Y me sucedió ese viernes, mientras se me escapaban las lágrimas a la mitad de «El Almaherida».

(No terminé de llorar nunca)

Después, ¿cómo explicar lo que sentí al cantar «soñando estrellas por la mañana y por las noches esperando al sol, y no hay calma, y mi alma no descansa nunca» o al escuchar «no quisiera tener que preguntar, pero son mis sueños los que vos te llevas a pasear»? No se puede, así que ni siquiera lo intentaré. Resultarán anecdóticas la cojera de Ariel y su reacción ante el pedido de «Compañera» («yo hoy la canto, pero vos en la semana te ponés las pilas»), que Flopa me haya tocado la pierna al pasar para ir al baño y mi reacción, digna de Minguito, al terminar el show («¡pará Pí, no sé cuanta plata tengo!» *saca mil papeles del bolsillo*). Y agradeceré infinitamente tener el video en línea aquí, para que nada se pierda, todo cobre nuevo significado una y otra vez, y yo pueda volver cada vez que necesite respirar.

Cosas que tenemos bien guardadas, archivadas, atesoradas...

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