(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
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lunes, 18 de marzo de 2013

Hay días en que, para esta hora, lo único que queda de mí es un manojo de miedos.

Probablemente sea eso lo que me viene oprimiendo el pecho hace ya una semana y hace que me duela la garganta.

Hay exorcismos que no son más que meras -breves- enunciaciones de la causa de la aflicción. Quizás sea hora de hablar.

Y ya dejar que se vaya. O que encarne y deje de ser una abstracción.

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