«¡Quereme, la puta madre!»
Pero no puedo ni terminar de escribirlo. El orgullo no me lo permite. Las cicatrices que apenas han cerrado me recuerdan que esto ya lo viví, y que no puedo forzar a nadie a que me quiera. Quereme, la puta madre, y ¿por qué no podés quererme? ¿Por qué nadie puede? ¿Por qué cometo el error de pensar que sí, que es posible? ¿Por qué, cuando es posible, solo basta un par de meses para que eso se esfume en la nada? ¿Por qué dura todo amor, excepto el que me tiene como objeto?
Ah, el error de creerle a las hormonas; no a las mías, las mías son más decididas, perduran. Las hormonas de los otros. Sí, eso también ya lo viví. Perder contra los miedos del otro: eso también. No ser suficiente: tachame la doble.

No hay comentarios:
Publicar un comentario