Mi modus operandi es este:
No me enojo.
Pero cuando me enojo, me enojo. Y no importa los esfuerzos que la otra persona haga porque yo no esté enojada, necesito decir absolutamente todo lo que pienso, con diversos grados de tacto -o no-.
Después de eso, se me pasa rapidísimo Y el resto de mi día transcurre mientras pienso en cuánto me debe odiar la otra persona y cuántas ganas tengo de verla.
Cuando por lo general, la otra persona está pensando en cuánto debo odiarla yo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario