Es difícil hacer cosas en las que uno no cree. Mejor dicho, es difícil hacer cosas en las que uno cree, de las que está convencido, pero que implican ir en contra de lo que le ha sido enseñado o, incluso, de lo que uno cree. Priorizar, digamos. Privilegiar. Males menores por bienes mayores. Y no es que crea que el fin justifica los medios; en muchos casos el medio es el fin. En muchos otros no, y a veces es necesario dejar de lado una ley, un imperativo menor, por uno mayor.
Como estar bien, vivir en paz, dejar el pasado en el pasado, cerrar historias de modo saludable. No mandar señales equivocadas a quien inadvertidamente te las manda a vos. Ni a nadie.
Aunque nada de eso sea gratis.
(PD: ¿Hay algo que sea gratis, en esta vida? Claro que no).
