(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
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martes, 15 de diciembre de 2015

13/2015

Qué tristeza habernos convertido en este país de facciones fanatizadas con cerebros de adorno, clones analfabetos completamente imposibilitados de hacer algo más que repetir información falsa y tendenciosa que otros ya han digerido (mal, con mala fe) por nosotros. Individuos irascibles con la bronca a flor de piel, sacando lo peor unos de otros con cada teléfono descompuesto, con cada chicana. Con más ganas de ver al otro humillado y hundido en la peor de las suertes que de que a uno le vaya bien (porque, claramente, el malestar del otro y el bienestar de uno son dos extremos irreconciliables).

No sirve buscar responsables. No importa quién empezó, como bien saben los buenos padres. Atrás quedaron los días de la legendaria solidaridad y sociabilidad argentina. Solo nos queda un grupo de individuos que ni siquiera es grupo; un conjunto de gente que no se cansa de considerar toda otredad como infradotada.

Qué tristeza ser parte de todo eso. Qué tristeza seguir siendo cuarenta millones de provincianos que no nos cansamos de comprar buzones. Qué tristeza relegar nuestras convicciones o, peor aún, permitir que nos manipulen en nombre de ellas. Qué tristeza tener tantas ganas de creer en algo que se termina creyendo en cualquier cosa. Qué tristeza la falta de autocrítica. Qué tristeza no zafar (o zafar solo ocasionalmente, cuando la adrenalina nos permite una pausa para ir a las fuentes). Qué tristeza todos los que alimentamos a la bestia en uno u otro momento.

Cuánta vergüenza, propia y ajena.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Sunburn

2011 y 2012 fueron años un poco de, por qué no decirlo, mierda. Sin embargo, no puedo evitar añorar recordar esta sensación de «bronceado metafísico» (sé que alguien -quizás yo misma- lo [d]escribió antes que yo), de sensibilidad ampliada; sentir (a una persona, un evento, la vida) en todo el cuerpo... de la misma manera en que uno siente en todos lados la ropa que roza la piel quemada.

Quería pasar la tarde en casa tranquila, trabajando, quizás escuchando algo de música. En cambio, YouTube me sugirió «Famous Blue Raincoat» y desde entonces lo único que hago es lagrimear un poco o desear cantar canciones de amor a voz de cuello. Todo muy bipolar, muy intenso, muy 2011.
No, no estoy en condiciones de analizar si vivir la vida de esa manera es particularmente saludable, pero no importa. Extraño un poco esa clase de pasión. Me gusta, me despierta, me motiva. Hace que todo valga la pena, o que las cosas triviales no la valgan.

Hay algunas cosas sobre las que vengo pensando, que tengo atragantadas. La más recurrente probablemente sea que quizás amar es no dejar nunca de extrañar a una persona, independientemente de cómo o en calidad de qué se la extrañe.

miércoles, 27 de mayo de 2015

A veces extraño mucho este blog.

La mayoría de las veces agradezco no tener demasiado que escribir.

(Y que las esporádicas ganas se pasen rapidísimo).