(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
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martes, 31 de mayo de 2011

Hello Time Bomb

Ron: Well? How was it?
Harry: Wet. I mean, she was sort of crying.
Ron: That bad at it, are you?
Hermione: I’m sure Harry’s kissing was more than satisfactory. Cho spends half her time crying these days.
Ron: You’d think a bit of snogging would cheer her up.
Hermione: Don’t you understand how she must be feeling? Well, obviously she’s feeling sad about Cedric, and therefore confused about liking Harry, and guilty about kissing him. Conflicted because Umbridge is threatening to sack her mum from her job at the Ministry, and frightened about failing her O.W.L.s because she’s so busy worrying about everything else.
Ron: One person couldn’t feel all that, they’d explode!
Hermione: Just because you’ve got the emotional range of a teaspoon doesn´t mean we all have.
(Still, Ron's assessment of the situation isn't necessarily wrong...)

jueves, 19 de mayo de 2011

Silent Hill

Hoy tengo ganas de quedarme así, como estoy, para siempre: muda. Sin necesidad de entretener a nadie o contestar nada, sin estar cansada del sonido de mi propia voz. Escuchar, escuchar, escuchar, escuchar y nunca hablar, no por precaución o irrelevancia, ni por desinterés del otro. Porque no se puede, solamente por eso.
Entonces quizás recuerde que no sirve. Y quizás así deje de llenar los silencios, y las ausencias de información, y deje de imaginarme cosas (y cuando no las imagine, que nadie pueda culparme por no haberlo hecho).

Dale, que me lo tomo como una señal, y me callo.

domingo, 8 de mayo de 2011

27 (Las viejas I)

Para aquellos que no han seguido muy de cerca el culebrón de segunda que es mi vida (hay algunos que lo han seguido demasiado de cerca; a ellas van las disculpas del caso), que al mes de mudarme a Mar del Plata comencé a trabajar como empleada administrativa para una compañía pesquera. Eran unas 56 horas por semana (repartidas de lunes a sábado) y algunas tardes tenía clase en la Universidad. Las tareas no eran muy diferentes a las que hacía en el estudio en Tandil, pero la oficina me quedaba bastante lejos del departamento donde habitaba (una hora y 15' caminando, mas o menos). Lo bueno es que entre mis compañeros de trabajo había un par de chicas que vivían en el centro, relativamente cerca de mi casa, así que durante un tiempo me pasaron a buscar todas las mañanas. Eso tenía TODAS las ventajas, ya que no sólo podía dormir un poquito más sino que además me ahorraba un pasaje de colectivo.

En fin. El jueves 19 de junio de 2008 me encontraba junto a las Srtas. Mercau, Mata y Errozarena en la casa de esta última (incluiría fotos y referencias personales para que todos se ubiquen con quién es quién, pero mis impulsos autodestructivos y suicidas todavía no se han desarrollado lo suficiente -- básteme decir que son tres de mis pobres amigas / compañeras / psicólogas / cheffs / mártires de la causa que se mudaron a Mardel al mismo tiempo y para lo mismo que yo) cuando recibo una llamada telefónica. Era una de las ya mencionadas compañeras de trabajo, Valeria, que me avisaba gentilmente que al día siguiente me iban a pasar a buscar veinte minutos antes (7.35) porque teníamos que abrir nosotras. La llamada pasó sin pena ni gloria (yo estaba demasiado preocupada quejándome del exámen que habíamos tenido quince minutos antes, y de la vida en general, como para darle demasiada importancia), cruzamos dos palabras y corté relativamente rápido.

El problema se presentó la mañana siguiente: lluvia. Mucha lluvia sobre el tinglado de mi balcón. Y viento. Me levanté con tiempo de sobra, me vestí tranquila y bajé al hall del edificio (vivo en el 9no. piso). No estaba ni el encargado del edificio del frío que hacía; afuera no se veía nada, aparentemente se había cortado la luz del alumbrado público. Si bien yo tenía que caminar solo unos veinte metros hasta la esquina por donde me pasan a buscar usualmente, decidí que lo más inteligente era esperar adentro y pedir mediante las maravillas de la tecnología de telecomunicación celular que las chicas me avisaran cuando estuvieran cerca con el auto, así no me mojaba ni tomaba frío. No había terminado de enviar el mensaje cuando me llamó Valeria, para avisarme que en cinco minutos estaban en mi esquina. Así que, fiel a mi plan original, intenté maximizar el refugio que me ofrecía el edificio y esperé adentro tres minutos más. Luego me aventuré a la intemperie. Ya eran las 7.35.

Sorprendentemente, no hacía tanto frío y apenas garuaba. Sin embargo, el cielo encapotado amenazaba con chaparrón y el alumbrado seguía cortado, así que (temiendo que se largara a llover del todo, el tránsito se enloqueciera y mis buenas compañeras tuvieran dificultades para ver dónde estaba) decidí guarescerme en la esquina más reparada e iluminada: la esquina de la Farmacia, enfrente a mi cuadra. Esperé un par de minutos tanteando el celular en el bolsillo de la campera de jean (si, esa que tengo desde los quince -- todos ustedes la han visto alguna vez) cuando algo llamó mi atención. Desde la cuadra de mi edificio una mujer de unos treinta y uno, treinta dos años (quizás menos, pero bien disimulados por el paso del tiempo que no la perdonó en nada) cruzó la calle rápidamente y se me acercó sin titubeos.

"Hola! Mucho gusto! Mi nombre es María Celeste, encantada!" me dijo con entusiasmo, mientras me encajaba un beso en la mejilla derecha. Yo, con mis habilidades sociales intactas (es decir, sin estrenar), tan corta como siempre y desconcertada por el exceso de confianza demostrado por la desconocida, solo atiné un "hola" desabrido, saqué la mano del bolsillo e inconscientemente apreté contra la cadera el bolso que llevaba colgado. Y es que después de tantas historias de celulares robados en colectivos, acosadores con buzo blanco y/o azul y menores armados con navajas que gustan de asaltar a estudiantes universitarias... uno nunca puede ser demasiado cuidadoso.

Mi primer pensamiento fue: "si esta mina (sic) saca un arma me va a robar todo lo que tengo", lo cual incluía la billetera (que no tenía dinero pero si los documentos, el carnet de conducir, la recomendación y las tarjetas para el colectivo), el teléfono celular, las llaves del departamento (me imagino lo que hubiera sido ir a buscar el otro juego de llaves...), el tupper con el almuerzo (mi guiso de lentejas! no!!) y ahora que lo pienso, el estuche con todos mis CDs de MP3s. Me preocupó pensar que mis compañeras de trabajo estaban por llegar y si la mujer sacaba un arma y después veia que me llegaba ayuda, se podía desesperar y lastimar a alguna de ellas (el auto es un Gol tres puertas. Valeria se tiene que bajar para dejarme pasar al asiento trasero). Quizás si en el momento me hubiera dado cuenta que los CDs estaban en peligro hubiera hecho algo estúpido como pegarle un puntinazo a la mujer y salir corriendo. Pero básicamente, no me dio tiempo. María Celeste me sonrió y sin más miramientos fue directo al punto.

"¿Estás trabajando?"

La miré. La miré y no terminé de entender nada de lo que implicaba la pregunta. O quizás sí lo entendí pero no pude creer que me lo estaba preguntando a mí, porque atiné a balbucear algo como "no... sí, no... estoy esperando que me pasen a buscar para trabajar... digo! para ir a trabajar!". Y debo haber puesto cara de algo (horror, desconcierto, descreimiento, elijan) porque ella enseguida se dio cuenta de que había cometido un error y se puso a dar las disculpas del caso.

"¡Ah! ¡No! ¡Disculpame! Lo que pasa es que como yo trabajo esta esquina, te vi parada y pensé: 'otra chica se vino a trabajar acá', ¡y vine a presentarme! ¡Disculpame! ¡Ay, qué vergüenza, que papelón! ¡Un gusto igual"

Y sin que yo pudiera articular otra cosa que "No, está bien..." cruzó la calle justo en el mismo momento que lo hacía el auto de mis compañeras. Valeria se bajó del auto y yo me zambullí en el asiento trasero sin siquiera un hola, largando la carcajada.

"No van a creer lo que me acaba de pasar..."

Así que bueno, por supuesto que eso fue lo unico de lo que se hablo en la oficina durante. Hasta decidieron que yo necesitaba un nombre de trabajo, en caso de que se me ocurriera hacer "horas extras"!

Hablando en serio, yo saco algunas conclusiones profundas de esta experiencia:

1) El gremio está venido a menos (no, en serio. ¡¡Yo tenía puestos mis jeans 3 talles más grandes que los últimos que me compré!! ¡La campera de jean!).
2) La cobertura oftalmológica de la Obra Social de Profesionales de la Calle y Afines es muy deficiente.
3) Esta es, evidentemente, una profesión muy sacrificada. ¿7.40 a.m.? Es algo como para que reflexionen todas aquellas que lo están considerando: no se pueden levantar a las 10 a.m....

En defensa de mi nueva amiga voy a decir que en alguna ocasión trasnochada, volviendo por Falucho, yo había visto que alguien paraba ahí. De hecho hay un par de paradas más por la misma calle, pero yo pensé que eran todos travestis. Quiero decir, hasta ese momento solo había visto travestis...

¡Y después dicen que es difícil conseguir trabajo!

miércoles, 4 de mayo de 2011

Lo miró: los ojos rasgados, entreabiertos pero brillantes; la boca amplia, los dientes blancos... le pareció ver hoyuelos. Le sonrió mientras se mordía el labio, y no pudo evitar acordarse.

Cómo me gustás cuando estás en gracioso conmigo.

(«Las chicas buenas no se resisten a que las quieran bien.»)

Tako Tsubo

Tejía, sin importar que las manos (el cuerpo) se le hubieran rebelado mucho tiempo atrás.

-Cuando murió mi abuela- dijo, -mi abuelito comenzó a pasar más tiempo en su taller. Allí tenía un calendario, y el mismo día que falleció ella, comenzó a marcarlo. Una cruz por cada día que pasaba.

Levantó la vista del tejido, estiró la lana y me sonrió, como si supiera.

-Falleció un mes después, el día de Navidad, de tristeza y corazón roto.

Asentí, despacito. No me costó nada creer que compartíamos esos genes.