2011 fue demoledor. Fue El Amenazado, y El Poema de los Dones, y 1964, y varias líneas de Benedetti. Fue un fragmento de algún cuento de Cortázar, pero muy corto.
En 2011 aprendí que a veces no importa lo que uno siente, que sentir no garantiza nada, y que a veces todo depende del otro. Que a veces rendirse es lo correcto, y lo más lógico e inteligente, pero también lo más absurdo e imposible. Aprendí que a veces el corazón duele tanto, físicamente, que el dolor corre hasta los dedos de la mano izquierda. Que se puede amar a alguien que a veces no existe. Que a veces es mejor quedarse quieto, con el trago en la mano en un rincón. Que pelear por lo que se quiere a menudo no sirve para nada, que solo cuenta en el caso de las cosas que valen la pena, pero que la mayoría de las veces es imposible hacer otra cosa.
Que a veces la respuesta es dar un portazo e irse, porque lo anterior vale más y estar no cambia nada, porque no hay nada que entender. Que la culpa es de uno cuando no enamora y, por lo tanto, cuando enamora también; pero que uno permanece enamorado hasta que elige dejar de estarlo y empieza a sanar. Que cuando uno está desesperado hace cosas que normalmente no haría, y esas son las que más duelen.
Que un gato te puede salvar el corazón y el alma también, pero no a 160 km. de distancia.
Pero qué me importa haber tenido un 2011 horrible, peor al del resto del mundo, si tengo los mejores amigos de todos.

1 comentario:
¿Tan horrible fue tu 2011? Es triste leer eso.
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