Dos horas antes, hablo con Flor. Le cuento que no tengo ganas, que estoy cansada, que ya no siento que cada encuentro me sea tan beneficioso. Me dice que tenga paciencia, porque es Flor, y porque a veces se ocupa de recordarme las cosas que ya sé que tengo que hacer.
-Me pasó algo. De una u otra forma, encontré un borrador de un mail que le escribí a Lu hace como diez meses, justo antes de conocer a M. ¿Te acordás que te conté que la última vez que la vi en plan de amistad la acompañé a la guardia porque estaba enferma, y después resultó que se había agarrado sinusitis por-...?
-Sí, sí.
-Bueno, después de eso, le escribí un mail que nunca llegué a mandarle, porque antes me enteré de todo lo otro... Las mentiras, los cuernos, todo. Pero ese mail, aunque ya le decía que no quería estar con ella, lo escribí con amor... con preocupación. Le puse un montón de cosas, ahí. Y el otro día lo encontré de casualidad, y lo leí.
-¿Y...?
-Y... fue un alivio. Me hizo bien. Porque me di cuenta que ya no siento nada de eso, y es liberador. O sea, pensá que nunca más me la volví a cruzar. Y a pesar de que cuando le dije que no la quería ver más lo dije en serio, de que todo lo que me enteré después me desdibujó totalmente quién era, y de que ya no estaba enganchada con ella porque si no no hubiera podido, no me hubiera metido con nadie más, siempre me quedó esa duda. Ese miedo a que la experiencia con ella me arruinara la vida, me marcara tanto que me arruinara la manera de relacionarme con otras personas, eso que vos me marcaste una de las primeras veces que vine. Miedo de no poder estar bien con M., de dejar que eso influyera. Miedo de ver a Lu y que se me cayera el mundo. Me la crucé, una vez. La vi de lejos un sábado en la facu y, aunque no me movió nada, preferí no cruzármela. Creo que ella también, que me vió y se fue de donde estaba para no tener que saludarnos. Por la razón que sea. Y yo me hice la tonta, también, por precaución. Es que durante tanto tiempo la amé tanto... Verla ese mediodía, aunque fuera de lejos, fue bueno. Sirvió para darme cuenta. Y leer el mail ese, darme cuenta de que ya no siento todo eso... o sea, por supuesto que aun mantengo muchas de las cosas que escribí... sigo pensando que una persona en esa situación necesita ayuda y siempre estoy dispuesta a dar una mano, pero ahora puedo darme cuenta y sentir que eso no tiene nada que ver conmigo... que no es mi lugar y tampoco lo deseo. Porque no es el tipo de ámbito, de gente, con el que quiero involucrarme, siquiera estar en contacto. Entonces me hizo bien.
-Porque necesitabas hacer un cierre. Porque ustedes tampoco nunca tuvieron una conversación...
-Claro. Es que no hubiera sido posible, y tampoco... no sé. Siento que nunca estuvimos en el mismo plano. Ahora, sabiendo todo lo que sé (que tampoco fue fácil de digerir), siento que el único tiempo en que las dos vivimos la misma realidad fueron esos dos, tres meses, desde que nos conocimos hasta que empezamos a estar... una, dos semanas después de eso. Y listo. Entonces, ¿cierre de qué? Si pasó tanto tiempo, y para las dos fue todo tan distinto. Creo que este fue un cierre de mí, conmigo misma.
-Bueno, bien. Yo te iba a decir... ¿qué te parece si le damos un cierre también a este espacio? Nos vemos una vez más, en dos semanas, a modo de cierre. Porque creo que si bien uno siempre tiene cosas en las que trabajar, tenés las herramientas como para resolverlas bien.
-Creo que justo hoy le dije exactamente lo mismo a una de mis amigas.


