(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
.

lunes, 30 de abril de 2012

Go with the Flow

A veces pienso que de tanto escuchar eso de que uno tiene que salir a buscar las cosas, pelear por lo que quiere, terminamos forzando situaciones que nonono. Quizás sería bueno que las cosas vengan con fecha de vencimiento, un aviso de cuando bajar los brazos; evitaría un buen numero de noches sin dormir y varias toneladas de culpa implícita.

Quizás ya vienen con fecha puesta, uno lo siente, y simplemente no quiere admitirlo. Y la culpa es parte del proceso, o un problema aparte.

Evidentemente, pensar es perjudicial para la salud.

lunes, 23 de abril de 2012

Puede que sea infantil, pero hoy me voy a concentrar en el hecho de que estoy usando medias violetitas.

(Quizás mi cualidad redentora sea la capacidad de encontrar felicidad en cosas sencillas - simple and otherwise insignificant stuff)

domingo, 22 de abril de 2012

Forever

La serpiente que ciñe el mar y es el mar,
El repetido remo de Jasón, la joven espada de Sigurd.
Sólo perduran en el tiempo las cosas
Que no fueron del tiempo.

 - Eternidades, de Jorge Luis Borges.

Flux

La escuché listar todo lo que sabía de mí y fue entonces que me di cuenta que para ella no soy más que una caricatura bastante grotesca.

(Todos mis finales son tristes, aun hasta los de las historias que todavía no terminan. Aun hasta los de las que todavía no empiezan)

miércoles, 18 de abril de 2012

Sith

En momentos subversivos como este, siento (creo -sí, es lo mismo-) que todos estamos especulando demasiado con eso de que soy buena persona, y yo ya no estoy tan segura. Y me siento como ese personaje de Jeff Bridges en The Vanishing, ese que me persiguió tantas, tantas noches.
Sometimes, the devil is in the details. Now, once, when I was 15, it was an ordinary day with my ordinary home and my ordinary life. Something willed me to the edge of the balcony. I wondered if I had the courage to jump. I kept waiting for something to stop me. Anything. But nothing did. And so I jumped. Everybody has had that thought at one time, but I did it. Why?
I lead a very normal life. I work. I have a home. But then, one day, on vacation with my family in California [there was a little girl in the water, drowning]. I jumped in without thinking, just like when I was 15. Once again, nothing stopped me. I didn't want to save her. I wanted to be a hero for my daughter. In that moment, she thought I was a god. That would make most people feel great, but I panicked. Saving a life made me a hero, but did it make me a good person? I had to prove to myself beyond a doubt that I was as capable of evil as I was of heroism. Real evil. The worst thing. Or I wouldn't deserve my daughter's love.

Claro, después me doy cuenta que es solo la necesidad de saberme en control, saber que elijo, y me doy cuenta que no me miro más en ese espejo que, al fin y al cabo, ya no ocupa nada de mi habitación.

Credo

lunes, 16 de abril de 2012

ISI

Nunca es tarde, y nunca acaba la tarea de descubrirse a uno mismo.

Hace poco me di cuenta que soy tan marxista casi que ya no veo los conflictos como cuestiones ideológicas (qué costumbre tan argentina esa de asignarle a todo un sesgo de ese tenor) sino materiales, y de conflicto de clase. Yo no sé cuándo me hizo click la cabeza, e imagino a mis ex compañeros de universidad leyendo esto y me río de sus imaginarias muecas de escepticismo y horror (en realidad, la veo a Marina -marxista complicada por autodefinición- golpeándose la cabeza contra el teclado, diciendo no, nena, no).

Entonces no es de extrañar que mi mayor problema con este gobierno (o al menos el que puedo verbalizar de modo semi coherente) sea de tipo práctico: intentar imponer un modelo económico que ya falló, más de una vez, sin solucionar las causas de su insustentabilidad es simplemente tonto.

Todo un oxímoron, para aquellos que se llenaron la boca hablando de no tolerar el olvido.

(Pero bueno, ese es tema delicado, tanto que ni siquiera me atrevo a decir que para otro post)

Cupcake, pt. I

Sentarme a escribir siempre fue una actividad catártica, nunca hubo un destinatario puntual. Aun en aquellos días de cartas interminables intentando desenmarañar lo que pasaba y me pasaba, siempre fue más un acto de introspección que de comunicación. Nunca se me ocurrió que pudiera ser diferente; nunca se me ocurrieron demasiadas cosas.

Sin embargo. L me habla de sus cosas; charlamos de su vida, de lo que escribe, y cuando le digo que tiene que ponerse las pilas con eso, me contesta que solo escribe sobre cosas que valen la pena ser contadas. Y yo, que hace mucho tiempo me prometí ver la vida con ojos frescos y nunca perder la capacidad de asombro (y, además, no tengo término medio), pienso que todo vale la pena ser contado, si se mira desde el ángulo adecuado. Pero hay cosas que no solo valen la pena, sino que deben ser contadas, porque al fin y al cabo proceso por la palabra, y eso termina siendo parte clave y esencial de este exorcismo.

Así que esta es la única historia que considero imperativa contar, porque aunque todas las demás me toquen y me marquen, esta me define de una u otra forma y me pinta de cuerpo entero, supongo.

Lu y yo nos conocimos por mi trabajo. Me acuerdo clarito verla pasar por adelante mío, con rodete (bien de yegua, diría Marina casi un año después) y camisa a cuadros con vivos rojos (bien de torta, diría L). Se me acercó, al finalizar su primer día, con un elogio que nunca registré y una pregunta capciosa relacionada con mis tareas que ponía en tela de juicio mi honestidad. En su defensa, yo fui quien propuso la pregunta; sin embargo, ella nunca entendió que siempre digo la verdad.
Ese primer día ni siquiera le pregunté el nombre.

Faltó a nuestro segundo encuentro, y para cuando llegó al tercero -tarde-, yo ya pensaba que me había librado de la chica mala onda del rodete. Entró última y se sentó directamente enfrente mío. La noté inquieta y le pregunté el nombre; hice un par de chistes idiotas, como siempre, hasta que me di cuenta que quizás yo estaba contribuyendo a su incomodidad. Fue ahí que decidí hacer un esfuerzo extra por que ella se sintiera bien al estar cerca mío. No recuerdo haber hecho nada demasiado memorable, quizás la haya saludado por su nombre o sonreído alguna vez, pero claramente dio resultado pues a la semana me esperó, por primera vez, luego de que todos se hubieran marchado, y me pidió prestado The Importance of Being Ernest, de Wilde. Al día siguiente comenzamos a escribirnos por mail, lo cual hicimos toda la tarde. No pude traicionar mi naturaleza y la busqué en Facebook: perfil abierto, link a su blog. Me interesan: hombres y mujeres.

Ese día -viernes- me dio miedo, y dejé de escribirle. Para el lunes ya me había convencido de que era una tonta, que no pasaba nada, que estaba imaginando cosas. Nos escribimos ese día, y el siguiente, y para el miércoles o jueves comenzamos a chatear. Esa noche, creo, me sentí culpable de que se quedara esperándome (porque era obvio que eso era lo que hacía) y la acompañé caminando hasta la casa de su abuela, a pesar de yo vivir a dos cuadras del trabajo. Hablamos mucho, y cuando llegamos nos quedamos hablando incluso más. Me invitó a sentarme con ella en los escalones del edificio, pero la miré y supe que si me tenía cerca iba a intentar besarme. Algunos meses después, me lo confirmó. Al día siguiente le revelé que sabía de su sexualidad, y me preguntó si eso no me provocaba rechazo.

¿Por qué lo haría?

Quizás porque toda mi vida fui una buena chica religiosa, respetuosa de los preceptos que le habían sido inculcados, pero también con una profunda convicción propia. Y quizás esa sea una de las puntas de la madeja. No voy a mentir, las mujeres siempre me llamaron la atención; pero cuando uno no lo cuenta como opción y no está expuesta a determinadas experiencias, no es difícil dejar ciertas cosas de lado. Nunca antes se me había acercado una mujer, nunca nadie me había mirado como me miraba ella.

Si lo hubiera percibido como un peligro real, no sé si hubiera actuado diferente.

El lunes me pasó a buscar por primera vez. Fuimos a casa y ni siquiera recuerdo haberle cebado mate. Tomó mi peluche, le quitó la bufanda y le tapó los ojos; así permaneció hasta septiembre. Esa fue la primera vez que mencionó a Camila, la musa inspiradora de todos sus posts y también su ex novia -si es que así podía llamársele a la otra mitad de una relación abierta bastante patológica-. Me contó que vivía en Buenos Aires y la vería en Semana Santa. La escuché con bastante desaprobación, pero intenté no emitir juicio y, sobre todo, que mi actitud no fuera evidente: no quería que ella se confundiera. De uno u otro modo, se quedó toda la tarde.

Los siguientes días, meses, son una sucesión de hechos confusos y ambiguos. Hablé con Ale, quien luego de preguntarme si ella era linda me advirtió en cuanto a la situación. Intenté cortar el contacto con Lu, y su reacción no fue demasiado alegre. Pocas veces me he sentido tan miserable como aquella tarde. Duró poco más de un día, y volvió a hablarme como si nada. Me sentí tan feliz, que nunca volví a mencionar esa discusión anterior. Poco a poco comenzamos a pasar más tiempo juntas. Conocí a su abuela y fui a su casa. Un mediodía mencionó que tenía ganas de comer pollo al horno, y pasé todo el día limpiando mi casa y cocinando para que estuviera todo bien cuando viniera a cenar. Miramos una película, su favorita, y le aclaré que a pesar de todo, yo iba a tratarla como a un amigo varón: nunca iba a quedarse a dormir en casa, no me interesaba de esa manera. No importó, ella estaba feliz. Recuerdo que mi nombre empezó a aparecer cada vez más y más en sus notas de Facebook, como si fuera alguien importante, a pesar de que ni siquiera tenía mi teléfono. Traté de que nuestra amistad no fuera un secreto para nadie, pero ella se irritaba con la sola mención de los compañeros, y luego de un tiempo dejé de intentarlo.

Pasó Semana Santa, yo viajé y su ex volvió a la ciudad. No lo pensé mucho, pero en viernes santo se hizo el tiempo para charlar conmigo y me alegró la tarde. Prometí guardarle un huevo de pascua, y se lo di la semana siguiente: un jueves que se cortó la luz en toda la ciudad y subió 9 pisos para tomar mate conmigo un rato y escucharme tocar Blackbird torpemente, a la luz de una vela que alumbraba demasiado. Esa fue la primera vez que consideré que quizás fuera a pasar algo alguna vez, la primera vez que yo misma me di miedo. De todos los recuerdos, su sonrisa iluminada por el fuego es uno de los que más me duelen y más quisiera repetir.

domingo, 15 de abril de 2012

Journalista

Me gustan las personas curiosas. Me gusta la gente que es curiosa casi hasta el borde de la sociopatía; la que pregunta todo lo que tiene que preguntar, pero es suficientemente inteligente como para sacar la mayor cantidad de información posible de fuentes menos directas (y así quedar menos en evidencia).

Ayer mientras hablaba con L me di cuenta que nuestro diálogo era casi una entrevista. No me molestó, para nada (obviemos que nuestra primera conversación fue una especie de competencia a ver quién averiguaba más de la otra mediante internet), pero me pregunté cuántas de mis conversaciones quizás hayan sido igual sin que yo me diera cuenta. Y es que no pasa por no tener nada que ocultar, por sentirme cómoda con quien soy o decir cosas que pienso y creo; no es que me guste hablar de mí misma (para eso se tiene un blog -ups-). Simplemente, creo que en esos casos aprendo más de mi interlocutor por sus preguntas, su decisión, sus pausas, sus titubeos, que lo que aprendería de sus respuestas.

Y yo soy la más curiosa de las personas.

Madi

Amigas son las que, antes de preguntar el nombre siquiera, preguntan si la tienen que odiar.

sábado, 14 de abril de 2012

Newton

A veces pienso que si sigo presionando, aunque más no sea existiendo, lo único que voy a lograr es que se case con otra.

(Me asusta sentir que entiendo tanto, odio la impotencia que me genera)

Delusion

Me cruzo, se cruza por mi memoria una oración que me regaló casi con el último beso.
Duele querer así a alguien y saber que no existe futuro para nosotras porque el destino nos va a separar en septiembre.
Y me es imposible leerlo (así, con Thom Yorke en el fondo, casi amenazante: Slide your hand, jump off the end) y no sentir que quizás, quizás podríamos encontrarle una solución a todo esto. Que ya no me mire como pidiendo permiso (o perdón) para existir, que ya no detecte su ubicación exacta cada vez que entra dentro de un radio de diez cuadras alrededor mío, que no quiera teletransportarme al Tíbet cada vez que me toca pasar cerca de ella.
Tener permiso para dejar de ser la persona que no soy, para permitirme no estar tan enojada, ya no sentir que necesito defenderme de alguien a quien ni siquiera conozco, y cómo le podés permitir que me haga sentir así. Con todos los extras: que Gon deje de mirarme con lástima, que Karu esté menos enojada (consigo misma), que Flor me rete menos, que Pau este menos cansada, que Mati putée menos. Volver a tener eso que me gustaba más que cualquier otra cosa en el mundo, en el único lugar que sentía mío de toda esta ciudad (in)feliz, donde nos conocimos.

Hasta que recuerdo.

¿Qué futuro? ¿De qué futuro me estás hablando?

Entonces me doy cuenta de que mis preguntas no van a tener respuesta, nunca, y que pensar en soluciones es imposible, porque esa palabra significa algo diferente para cada una.

Creo que ya ni siquiera siento tanto. Es, simplemente, todo lo que me cuesta soltarme (como si eso fuera decir que no vale la pena, cuando sí lo vale, siempre lo vale, siempre lo va a valer, y decir lo contrario sería la peor traición a mí misma que puedo imaginar).

All dead all dead
All the dreams we had
And I wonder why I still live on

martes, 10 de abril de 2012

Burn

Que yo tenga momentos de redefinición existencial en conciertos y recitales no es ninguna novedad. Que los tenga cantando canciones cuyas letras no sé, pero -intuyo- son horriblemente apropiadas... tampoco.

You used to say I couldn't save you enough
so I've been savin' it up, I started savin' it up.

- Arlandria, de Foo Fighters.

lunes, 9 de abril de 2012

Inevitable

Este fin de semana pasado viajé a mi ciudad, y fue raro. Caminé por sus calles de la mano, abrazadas. Recorrimos, miramos, hicimos algunas compras. Si te gusta, te lo regalo y a tus viejos podemos comprarles esto, mejor. Elegimos anillos, recibí muchos besos (y un par de mordidas), comimos con mi familia, tomamos mate con mi abuela, saludamos a mis amigos, dormimos en la misma habitación y en la misma cama. Visitamos mi lugar favorito en todo el mundo. Reímos, hablamos mucho, lloramos un poco, apenas. Y pensé:

Qué fácil hubiera sido. Hacerlo en serio.

Claro, luego me encontré hablando con papá de cosas oscuras y antiguas, pero vigentes, y me di cuenta. Nunca podría romperles el corazón (más), no cuando hay tanto para perder y nada (nadie, escribió mi teclado, y tuvo razón) para ganar ni para justificar. Son ellos o yo (nunca nosotras), y al menos en ellos puedo rescatar un poquito de este mí que de todas formas está tan fracturado que no hubiera ganado nada en retobarse.

Así que me dejo de jugar a la autodeterminación de los pueblos. Disfracemos de elección propia esta eutanasia, que la resignación es un suicidio permanente, pero cuando las cosas no fluyen tampoco queda otra opción: pelear por nada es de quijotes, y mi posgrado en esa disciplina no me ha brindado ni una sola satisfacción.

(Sin embargo, qué lindo fue pretender, al menos esos minutos)

...tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;

sábado, 7 de abril de 2012

Small

Está bien que ciertas situaciones son imposibles, pero hay cosas que uno nunca se acostumbra a escuchar.

"You're just not worth it," she said.

martes, 3 de abril de 2012

Dyspnea

Quiero que alguien me diga qué se supone que haga con todo esto que siento y voy a seguir sintiendo. Cuándo termina. Cuánto falta. Cómo sigo, mientras tanto. Cuál es el medicamento o la bebida que puede quitarme este dolor a desgarro que me atraviesa el pecho, esa opresión que no se me va. Dónde me escondo hasta que todo pase. Quién sabe. Por qué.
Porque estoy cansada de pelearme con ella, cuando no estoy peleando con su fantasma; con su fantasma, cuando no estoy peleando con el resto del mundo; con el resto del mundo, cuando no estoy peleando conmigo misma; conmigo misma, cuando no estoy peleando por ella. Por ella, cuando no peleo con ella. Y es agotador, y no lo entiendo.
Y tampoco lo quiero.
Así que lo agrego a la lista de incoherencias que comenzamos hace un año, justo entre que intente convencerme de que valgo algo cuando actúa como si yo no valiera nada y su miedo a que yo la deje, y me lo prometo y se lo prometo.
Nunca más.


No más soñar, no más mirarte a los ojos, no más
No más confiar en nadie, no más pelear por nadie
No más, mi amor