(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
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miércoles, 30 de mayo de 2012

CBO

A lo largo del camino me he encontrado con muchos espejos, pero pocos tan exactos y tan acabados -aun antes de conocernos- como JD.

Hace exactamente una semana me pregunta cómo estoy, todo un ritual de solidaridad firmemente establecido en nuestra historia de identificación mutua. Lo sorprendo y me sorprendo contestando que estoy bien, y feliz, estoy feliz boludo; no lo puedo creer. Y a pesar de que en el transcurso de estos días las cosas cambian, la gente cambia, yo cambio, me doy cuenta que eso no cambia porque está arraigado en nada más que mi libertad -eso que a él todavía le falta-, en sentirme libre de la sombra del último año.
Sin embargo, no es suficiente. El lo sabe. Ana también, y no duda en repetírmelo. ¿No desconfiás de lo que llega sin dificultad y demasiado fácil? Perdón, pero deberías. Y ya aprendí, a la fuerza, a los golpes. Lo hago, lo expreso. A rogar que mi día siga tan bien como hasta ahora. Crucemos los dedos.
Pero JD sabe. Se ríe, amargo como nuestros mates, como la cerveza de aquel sábado extraño.
¡Sí, claro! Y todavía tenes esperanzas de que personas como nosotros tengamos un día ENTERO positivo... Jajaja, que ingenua... Y hasta me pide disculpas por ser realista, y me pide la fórmula para escapar de nosotros mismos, si es que en algún momento la encuentro, si algunos labios misericordiosos, alguna vez, quieren besarme la frente además de los labios (a kiss on the head wipes away misery, I kiss your head). 
Pero JD sabe. Y yo no puedo evitar acordarme de él en esta tarde tan oscura, con una noche tan larga por delante.
Mejor me voy a ahogar frustraciones atrasadas con la hamburguesa mas grande y grasosa que McDonalds pueda ofrecerme.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ah, bueno... (Y yo preocupada porque la señorita no comía...)