Hace dos meses y medio, más o menos, la vida, el destino o el azar hicieron que Lu y yo volviéramos a encontrarnos. La felicidad duró aproximadamente un mes. Hoy, con la herida abierta, fresca y bien salada, escribo esto a modo de exorcismo. Me quedo con su mirada la noche que nos volvimos a ver, sus dedos en mi espalda la noche que la volví a besar y su mano en mi cara la noche que me volvió a besar ella; su ternura la primera vez que dormí en su cama y su respiración en mi oído la primera vez que durmió en la mía; su sonrisa y la familiaridad en el auto, con su mano en mi frente (¿sabrá cuánto la amé por ese gesto sencillo e irresponsable?), y un puñado de noches más. Me quedo con un par de mensajes que decían que era feliz y un par de fotos que lo muestran.
Sobre todo, supongo, me quedo con toda la frustración y la tristeza de entender que uno solo no puede contra la corriente, especialmente cuando la corriente es uno, y también el otro. Me quedo nuevamente con la duda de si fue el miedo o fui yo o las circunstancias o la vida. Me quedo, a pesar de todo, con la consciencia tranquila y ningún arrepentimiento, sin importar la horrible sensación de pérdida gradual e inevitable. Me quedo con el frío y el pesimismo calado en los huesos, y el dolor de no ser suficiente -de nuevo-. Me quedo con el consuelo de mi hermana, y también con las inevitables miradas llenas de lástima de quienes siempre supieron que iba a terminar así. Me quedo con un par de ideas para su cumpleaños, como la última vez, una bolsa con las pocas gomitas que nunca comimos y todos los planes que nunca vamos a llevar a cabo.
Me quedo en paz, porque di todo y no me quedé con nada. Y sin embargo, me quedo con demasiadas cosas para dar.
No hay nadie que no sepa que segundas partes nunca fueron buenas, pero todos conocemos la saga El Padrino y pensamos que también podremos convertirnos en una excepción a la regla.
(Me quedo con muchas, muchas lágrimas por llorar -ya habrá oportunidad-)
Lo que te di se vuelve hacia mí
Solo sentí perderte otra vez.

1 comentario:
La qué te tiro de las patas..., triste Eu, muy. Te quiero.
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