(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
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martes, 25 de septiembre de 2012

Feriado

LAS COSAS ME LLEGAN EN MOMENTOS Y SITUACIONES BIZARRAS, capítulo XXIV

Varias veces ya he cantado loas al Jefe de Mantenimiento y su generosidad y buena onda conmigo. Es oportuno recordar que más de una vez me ofreció su casa y hasta su cama, y la realidad es que eso me puso a trabajar la cabeza desde el primer momento. Porque sí, a veces todo está perdido y a veces lo que está perdido es todo, o casi, pero la esperanza es terca en morir. 
Su casa está alejada del centro de la ciudad, en un barrio privado de calles de tierra y muchos árboles. El terreno (¿cincuenta metros cuadrados? Quizás) es amplio, lo suficiente como para hacer un buen asado mientras se juega con los perros (tiene cuatro, hermosos) y se toma una cerveza. El sillón es cómodo y la cama es amplia, y frente a cada uno de ellos hay sendos televisores de plasma de 50 pulgadas donde se puede ver alguna de las muchas películas que tiene (no hay cable, por lo que la colección se va renovando casi a diario; sí hay wifi). La verdad es que no hace falta conocerme mucho para saber que lo primero que pensé fue en usarlo como escapada algún fin de semana que él se fuera de viaje con la morocha y yo quedara a cargo de todo. Y tampoco hace falta conocer mucho de mi vida para imaginarse que ese fin de semana fue este último, el fin de semana en que un par de amigas vinieron de Buenos Aires a quedarse en casa. 
Que tu idea de retiro se convierta en una actividad grupal es un bajón. 
Pero, ¿que a la mitad de la noche te despiertes sobresaltada porque le tocaste los pies a la persona con quien estás durmiendo y te des cuenta de que no es la persona que vos querías (con quien te peleaste esa misma tarde y que probablemente esté muy de fiesta sin dedicarte un segundo de su memoria)?
Eso es triste. Tristísimo.
Bad Luck Brian es, definitivamente, el meme que mejor me representa.

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