(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
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martes, 5 de junio de 2012

Mirror

El jefe de mantenimiento y yo nos conocimos el mismo día que entró a trabajar en la empresa, unos veinte días después que yo. Nuestro [ex] jefe y él entraron a mi oficina, un sucucho oscuro y mal ventilado que voy a extrañar, le echaron un vistazo a mi escritorio extra e inmediatamente se fueron. El segundo encuentro fue ya en plan de invasión: Hola reyna, me instalo por acá y ¿Cocinás? Hace mucho que no tengo a nadie que me cocine, mucho menos que se quede a dormir en casa. Acción evasiva, comencé a hablar de fútbol, ¿hacemos unos mates? y fuimos amigos.

El jefe de mantenimiento es machista, misógino y autoritario. Me habla de mujeres, me da detalles tan explícitos como innecesarios, me pide opinión sobre la estética femenina, me da consejos al respecto («que no sirven porque las tortas son un caso aparte», según L). Me trata como si yo fuera su hermano menor, y aunque me encanta ser mujer entiendo que para él es, en cierta forma, un halago. Me recuerda a Pablo, cuyo mayor elogio fue decirme que tengo cerebro de hombre. El jefe de mantenimiento también piensa lo mismo. Yo pienso que el cerebro se me desconecta demasiado seguido como para poder sacarle provecho alguno; el resto es irrelevante.

El jefe de mantenimiento ha creado su propia variedad del idioma español. No tiene problemas para expresarse; lo que le falta de terminología le sobra en confianza, pero él prefiere -como todos- sentirse cómodo. Así es como sus empleados son los «monos», cariñosamente: él también es uno de ellos. La moto, su «vehículo», es «el cañón» y nuestra oficina rápidamente se convirtió en «su cueva»; nunca llama a una mujer por su nombre («reyna», «bonita»), para evitar el peligro de confundirse.

El jefe de mantenimiento tiene una frase para cada ocasión. «El golpe es el primer paso del arreglo», «no sos de azúcar, un poco de lluvia no te va a hacer mal», «tener horas de telo no es lo mismo que tener kilómetros de calle», «si vas a rebotar, que sea con Scarlett Johanson». Algunas son más decorosas que otras, pero generalmente -aunque cueste admitirlo- tiene razón.

El jefe de mantenimiento ha descendido a lo más bajo de la (in?)moralidad: ha estado con más de 300 mujeres; no creo que recuerde el nombre de más de 30. Tiene un par de denuncias por desfiguración de rostro, una del esposo de su hermana, hombre a quien fajó luego de que este golpeara hasta mandar al hospital a su sobrinito de meses. Tiene una puñalada en la espalda; nunca supo qué fue de quien se la propinó («creo que lo abrí como a un pollo» me dijo alguna vez sin orgullo y sin emoción). Tiene contactos peligrosos en lugares oscuros. Lo que no tiene es sentido del olfato: ha desempeñado muchos oficios, pero su primer trabajo tuvo que ver con la droga, y de algún modo supo salir.

El jefe de mantenimiento es exactamente la clase de persona a la que no me gustaría que se me asocie, pero también la clase de persona que puede sorprender, y lo hace.

El jefe de mantenimiento tiene 42 años y supo estar enamorado de la única mujer que lo dejó, la única a la que probablemente le dio todo lo que tenía para dar. Cuando habla de su separación, habla de división de bienes, de los dólares que le salió y de su casa, la que construyó con sus propias manos y va a defender hasta las últimas consecuencias. Sin embargo, los días que uno parece no estar prestando atención, deja deslizar alguna gota de dolor por entre las pocas rajaduras de su armadura tan cuidada.

El jefe de mantenimiento no se pelea por nadie, pero cuando me compré la Minigut y vino fallada, me obligó a dejarlo que me acompañara para «acelerar los trámites». Cuando necesité transporte para ir al casamiento más lindo de la historia, me prestó su auto sin ninguna condición («¡y no vas a hacer monadas como llenarle el tanque, eh!). Cuando se me rompió el calefactor, al día siguiente de cortar con Lu -en el más frío de los septiembres, porque en invierno hay que dormir de a dos y yo además tenía frío en el alma-, me acompañó bajo la lluvia un sábado de descanso a conseguir el repuesto y hacer la reparación. Cuando cumplí años, me ofreció su casa, y cuando se fue de viaje, su cama («nomás cambiale las sábanas»).

El jefe de mantenimiento piensa que soy una buena chica, una chica seria, y lo soy. Mucha gente lo sabe; la diferencia es que él lo ve como algo deseable en una pareja. A veces pienso que es el único.

El jefe de mantenimiento no sabe nada, pero de seguro lo intuye. «Te mira con deseo carnal», me dijo después de mi primer cruce con la chica que hace los trámites, torta alfa si las hay. He considerado contárselo, muchas veces, pero siempre hay algo que me detiene. No lo sabe, pero ha estado presente cada vez que una mujer me ha roto el corazón.

El jefe de mantenimiento y yo nos conocimos mientras él salía con «la rubia». Movido por mis comentarios punzantes (a veces salen sin querer), intentó serle fiel. Lo vi sufrir por diez días completos; ese fue su récord. Allí fue cuando empezó a estar con «la morocha», quien se enamoró de él -y de quien él se enamoró, luego- mientras aun mantenía el noviazgo anterior.

Ahora, mucho tiempo después, la veo a ella: enamorada, feliz por vivir con él, pero también temerosa, dudosa de su amor y su fidelidad. Lo veo a él: cansado, desganado, resentido por errores del pasado, por las veces que ella lo consideró una mera diversión. Y pienso: es una pena que los dos hayan estado tan enganchados en momentos tan diferentes. Y pienso: quizás si hubieran estado los dos en el mismo lugar y la misma situación al momento de empezar, podrían confiar el uno en el otro. Y pienso: lo que mal empieza, mal acaba. 

E intento cuidar mis pasos.

(Porque como alguien dijo por ahí, los otros somos nosotros).

6 comentarios:

flor dijo...

Excelente Euge, un ralato corto, descriptivo, impecable. Me encantó.

Eu dijo...

A la miércole, viene con nombre y todo. Ahora me siento especial...

flor dijo...

Sos especial, sos acuariana....ja!
Beso y nada de baja! ARRIBA!!

dsp dijo...

Me encanto este! Siempre te leo, pero este sobre todo lo leí con lujo de detalle. Mas que nada la ultima parte, creo que tiene mucha razón. Un beso :)

dsp dijo...

pd: yo tmb soy de acuario jaja

Eu dijo...

Jajaja, vamos a hacer una convención de acuarianas, ya somos muchas!
Gracias por el elogio Alice, ya sabés que acá sos bienvenida cuando quieras. Y cuando lo necesites, también.