La primera vez que uno lo ve, es imposible no sentir una suerte de indefensión empática. Esa es la impresión que da Deivid en corto, en seco: un niño indefenso. Ese, quizás, que llegó un día a su casa para encontrar a su mamá muerta. Ese al que los mismos policías que fueron a constatar el suicidio le robaron todos los ahorros familiares, aprovechándose de que el padre estaba navegando en alta mar.
David inspira ternura porque es la ternura personificada, no por debilidad: también es el mismo a quien no le importó que las autoridades de la facultad le dijeran que su perfil skater no cuadraba con la carrera, y siguió yendo con las mismas camisas coloridas, los mismos pantalones holgados y el bigotito sin afeitar. No guarda rencores, pero sí agradecimientos: a esa profesora, que es también un poco madre -mía, también un poco mía y quizás eso nos una-, que se preocupó por su rendimiento académico desde lo humano y le (nos) cambió la vida. A ese amigo, que es también un poco hermano -mío, de los dos-, que a pesar del cuelgue acompañó largas horas. A esa amiga, hermana, mentora, que siempre escucha cuando la necesitamos.
David y yo compartimos familia.
Cursamos juntos un total de dos materias, el mismo cuatrimestre; si nos volvimos a ver fue en los pasillos. Ha estado en mi casa dos veces, siempre por motivos académicos; yo ni siquiera sé dónde vive. Sin embargo, más de una vez he recibido mensajes de él diciendo lo mucho que me quiere y siempre se deshace en elogios sinceros, no solo conmigo sino con todos aquellos que tienen la fortuna de cruzarse en su camino. Él me regaló, de la nada, Mutations de Beck, From a Basement on the Hill de Elliott Smith y -ayer mismo- Songs of Love and Hate de Leonard Cohen. Más de una vez, me cambió el día.
David es la excepción a la regla de Adolfo, quien una vez me dijo que si un hombre se acerca a una mujer es porque la desea, desea a su amiga o es gay. Quizás la clave esté en su profesión: es un fotógrafo maravilloso, porque el mundo es maravilloso a sus ojos y en sus manos.
Por suerte para el resto, él logra que esa visión sea contagiosa.


4 comentarios:
Uff... Que linda historia...
Me quedo escuchando "Songs of Love and Hate" de Leonard Cohen. Lo tenía abandonado, es un álbum maravilloso!
Cohen para mí fue un gusto adquirido... lo escuché por primera vez (como tantos otros) con Hallelujah y me gustó menos que muchos de sus covers. Me reencontré con él al escuchar Old Ideas, hace nada, y ahí caí en la cuenta de que Famous Blue Raincoat -una de mis canciones favoritas de siempre- era suya. Sí, definitivamente maravilloso.
Yo muero con "Who By Fire" Piel de pollo, nudo en la garganta, y se me caen los pantalones. Todo al mismo tiempo. Jajaja!
No sé si voy a volver a escuchar algo mejor que esto, en lo que me resta de vida.
http://www.youtube.com/watch?v=4SsprYXKL_M
Yo lo escuché por primera vez con "Everybody knows"... Pasan los años, y canta cada vez mejor...
http://www.youtube.com/watch?v=GUfS8LyeUyM
Es que con seguridad cada vez canta mejor! Asi son los genios.
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