Estaba revisando la horrible edición de Wuthering Heights en español que tengo (malísima la traducción, por eso la estaba revisando), cuando vi un papelito que asomaba del comienzo del capítulo IV: era un papel de almanaque, de esos que de un lado marcan el día y del otro siempre traen alguna cita. Señalaba un viernes 9 de febrero, vaya uno a saber de qué año. Del otro lado, lo siguiente:
Es prudente no fiarse por entero de quienes nos han engañado alguna vez.
Hace un par de días reapareció Lu, o reaparecí yo, o las circunstancias nos juntaron (y nuestra voluntad también, porque la verdad es que sin importar quién haya en el medio o del modo que sea, nunca dejamos de buscarnos). Ella no quiere nada y yo tampoco, pero decir eso en nuestro caso es lo mismo que no decir nada; la historia pesa demasiado. A mí me pesa y, con comentarios del tipo «esto se pone cada vez peor, no me preguntes por qué pero no puedo superar la relación que tuvimos», yo diría que a ella también.
Voy a ser justa: yo nunca dudé cuando me juró y recontra juró que no había habido terceros entre nosotras. Bah, quizás este último tiempo sí, porque comencé a dudar de que coincidamos en la definición de infidelidad, pero ya no importa. La realidad es que, más allá de eso, dimos tantas vueltas, cambió tanto el discurso tantas veces (nos apuramos, vos te apuraste, yo tuve miedo de ser feliz, sabía que te iba a lastimar) que sí, yo me sentí engañada, defraudada en mi confianza y mis sentimientos. Seguramente ella también; las dos tuvimos motivos.
Así que la advertencia nunca está de más.
What a crazy random happenstance!

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