(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
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viernes, 30 de marzo de 2012

Raw, pt. II

Si en este momento tuviera que señalar la característica que mejor me define, diría que es el no tener filtro. Y no me refiero a decir las cosas haciendo gala de una honestidad brutal que horrorizaría al más alienado paciente diagnosticado con Asperger, sino a los sentimientos.

No filtro. Desconfío hasta de mi sombra, pero no me gusta jugar al ajedrez con mi vida (ni con la de los demás) y en cuanto puedo, me relajo. No me cuido. No puedo, no sé cómo, y no filtro.

Me encanta. Así son los líos en que me meto, también, pero creo que lo prefiero. Prefiero ser visceral y que eso no deje que el miedo, la pereza o la indiferencia me paralicen.

Prefiero sentir.

Morí sin morir, y me abracé al dolor.

Segunda

Supongo que siempre hay un momento, inevitable, en el que empieza a doler.

Va de nuevo.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Stumble and Break

Borges tiene días, lpm.
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?

Delphos

Cosas que uno aprende de sí mismo, volumen 358:
Invento palabras para escaparme por un rato de la conducta lingüísticamente obsesivo-compulsiva a que me induce mi trabajo, así no me satura y puedo seguir disfrutándolo. Es una forma de no tomarme las cosas tan en serio y poder reírme de mí misma, y me encanta.
Mirá vos.

viernes, 23 de marzo de 2012

Validation

Ayer, por cuestiones que no vienen al caso, pasé una horita trabajando sobre una entrevista en la que se hablaba de la búsqueda de la felicidad. El tema me complicó la concentración y finalmente se quedó conmigo toda la noche. L ya me lo había mencionado el viernes, pero yo tenía un día dialéctico y seguimos charlando de nuestra necesidad de tener estructuras flexibles que nos ayuden a ordenarnos.

El martes a la madrugada se me dijo unas 30 veces que tengo que empezar a pensar más en mí misma, ser más egoísta, y cada vez me sonreí y negué con la cabeza, sin decir mucho más. ¿Cómo explicárselo a la persona más contradictoria del mundo? Buscar la felicidad con un sesgo individualista nunca puede NO redundar en la tristeza y la miseria propias. Es imposible ser feliz mediante el egoísmo, porque trunca nuestras relaciones sociales y nos hace sentir peor en cuanto a nosotros mismos; porque nos centra en nosotros y nos termina haciendo sucumbir ante las infelicidades de nuestro carácter, las imperfecciones de nuestra persona. Por eso es que no se puede ayudar a nadie sin que, al mismo tiempo, no nos ayudemos a nosotros mismos (y es algo simultáneo, no lineal). Por eso es que nuestro bienestar es el bienestar de los demás. Por eso es que jugarse por el otro, aunque no haya agua en la pileta, va siempre a lastimar infinitamente menos que ponerse en posición huevito para enfrentar las adversidades del mundo, y cerrarse. Por eso es que el miedo es algo tan terrible, y el egoísmo lo hace insalvable. That's why you can't really love yourself until you love everybody else, because they're just the pieces of yourself that you said no to*.

Por eso es que cada vez que alguien me dice eso, sé que soy infinitamente más feliz que mi interlocutor. Y, si puedo, intento que nivelemos para arriba.

lunes, 19 de marzo de 2012

Hunger

Qué ganas de aprender. A sacarme la mochila, o quizás a ponérmela y salir a patear. A ver el mundo, a verlo con colores brillantes, o quizás solo con luces y sombras; a iluminar la oscuridad. A crear lazos que aten, pero no duelan. A recorrer y recorrerme y recorrerte y que nada importe porque todo importa.


A que el tiempo no sea.


Enseñame.

viernes, 16 de marzo de 2012

Mañana

Fuiste la felicidad en medio del desconsuelo. ¡Con cuánto gusto me quedaré sin plata!

jueves, 15 de marzo de 2012

Summertime

Siento que estos casi dos meses son una vida, pero una en la que no ha pasado nada relevante. Sin embargo, cumplí años. Anduve por Mar del Sur, Villa Gesell, Tandil, Buenos Aires y Miramar. Operaron a mamá. Compré muchos libros y me regalaron un par más. Terminé (¡por fin!) La peste y Deshoras. Empecé Final del juego y The Hunger Games. Releí Ficciones, El Aleph, El hacedor, El oro de los tigres, El otro, el mismo. Utilicé zombies para fines académicos. Comencé a salir de madrugada a caminar por la costa. Volví a chatear (y al MSN propiamente dicho), y recordé por qué siempre es una mala idea. Me regalé un capodastro. Alojé en casa a ocho personas diferentes. Comí parrillada dos veces en una semana (todo un logro en la vida pseudo-estudiantil que llevo). Fui a la playa -por gusto-. Hice el pasaporte, que todavía no llega. Me puse al día con mis obligaciones financieras (es decir, por este mes no tengo un peso partido al medio). Le encontré la vuelta a Leonard Cohen (pero de modo inconsciente). Tomé mucho tereré y aprendí a comprar comida para celíacos. Jugué con una XBOX (¡y me gustó!). Dormí poco, muchas veces en el piso. Me peleé con mi jefe (y le tapé la boca). Aprendí a hacer chipá casero. Le puse punto final a conflictos inútiles. Desarrollé fobia a Bucay, Osho, Plaza Mitre, las bicicletas rojas y los bagres.




Tuve una conversación horrible, de esas que desgarran y marcan, por la que no derramé ni una sola lágrima.






Vamos, yo. A veces te tengo algo de fe.

martes, 13 de marzo de 2012

Match Point

Por alguna razón, estoy segura de que tenía 5 años (quizás porque era de mañana y estaba en casa; fui a la escuela de tarde hasta cuarto o quinto grado). Debe haber sido mayo también, porque Mamá planchaba, pero no hacía calor en la casa. Y porque la recuerdo deslizándose en el court: sobre polvo de ladrillo, o al menos eso sería lo lógico; Roland Garros, evidentemente. Me resulta raro que fuera la televisión, porque no recuerdo que hayamos tenido cable sino hasta mis 12. Por ahí Cristina todavía no inventó el «Tenis para todos y todas» porque ya lo había inventado el radicalismo alfonsinista.
Eso recuerdo: un amigo de la familia, Marcelo («¡qué hacés, San Lorenzo!») tomando mate mientras mamá planchaba, y ella en la tele, flaca casi escuálida y pelo rubio cortito, deslizándose raqueta en mano sin que los lentes se le movieran un milímetro. Alguien debe haber hecho algún comentario al respecto (peroquéincreíblemirávosquemaravilla), y la verdad es que para un ser tan antisocial como yo, siempre me gustó demasiado meterme en las conversaciones ajenas.
-Yo soy como ella.
Marce rió, mamá levantó la cabeza.
-¿Cómo?
-Soy como ella.
-No, no sos como ella- me dijo, amable, pero firme. Estaba a punto de insistir, cuando lo vi hacer un ademán de atención. Nunca tuvo problemas para decir las cosas claras y en el futuro me daría uno o dos consejos buenos, demasiado como para ser seguidos.
-No sos como ella- dijo -, porque a ella le gustan las mujeres.
Abrí la boca para decirle que claro, eso ya lo sabía y... Lo miré mejor. Sus ojos, los de mamá. La manera en que el mate cebado había quedado en el olvido, lo mismo que la plancha.
-Ah.- dije. Y nos entendimos todos.


Martina no volvió a ganar un Grand Slam hasta 1993.