(Toda una vida corriendo, como si hubiera dónde esconderse)
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viernes, 6 de julio de 2012

Sol

Estar con alguien -compartir el mismo espacio- cuando uno está de buen humor y las cosas salen perfectas, es fácil. Más cuando la persona con quien estás te gusta, cuando te quiere y la querés, cuando también está de buen humor. Ahora bien, si uno está de mal humor, el panorama cambia. Y si las dos tienen un día complicado, bueno...
Soy la primera en decir que soy una persona difícil. Es raro que me pelee con alguien porque odio el conflicto y por lo general todos los motivos de discordia que la otra parte me pueda plantear me parecen nimiedades. Claro, como me parecen nimiedades, largo alguna carcajada de alivio porque no se trata de un tema grave y eso lo convierte instantáneamente en un problema grave: sin querer, me estoy riendo de lo que al otro le parece un problema. Que mi primera respuesta a todo sea «ya sé», tampoco ayuda demasiado; ni hablar el ser terca, espantosamente terca. Por otro lado, soy terriblemente insegura y muy susceptible, lo cual quiere decir que me pongo triste muy rápido; cuando estoy cansada me convierto en una nena de dos años -sensible a todo-, no logro disimularlo y ando por la vida con cara de cachorro mojado. Además, cuando algo me fastidia mucho (como, por ejemplo, venir a trabajar un día en que preferiría quedarme durmiendo) y no puedo hacer nada al respecto, mi mecanismo de defensa es quejarme repetida y vehementemente por un periodo de tiempo prolongado (¿qué? ¡a mí me funciona!).
Es resumidas cuentas, soy insufrible.
A eso, sumémosle que soy completamente ignorante e inútil en la cocina (no tengo los elementos adecuados, compro las cosas equivocadas, nunca cuento con los condimentos necesarios, corto las papas todas diferentes, lloro con la cebolla aunque no la esté cortando y tardo mil años para absolutamente todo) y suena a receta para el desastre. Sin embargo, cuando la persona con la que estás en ese momento -a pesar de haber tenido un día tanto o más difícil que el tuyo y sentirse peor- minimiza tus defectos, se las arregla para que la comida esté deliciosa igual (a pesar de odiar cuando los ingredientes no son los que ella quiere) y soluciona todo con un «dale, abrí una cerveza»; te soporta las siguientes cuatro horas de estar insoportablemente cargosa y además te regala algunas de las sonrisas más lindas que viste en tu vida, bueno.

Con ella, todo es bastante más fácil.

(Y me parecería justo nombrarla, por linda, pero mejor pido autorización, no sea cosa)

(Dios, no se puede ser tan polleruda)

2 comentarios:

dsp dijo...

se llama sol?:| wow

Eu dijo...

Nope ;) Pero lo es...